Los laboratorios de la Policía Científica, mejores que las escenografías de “CSI”…

México, 9 de marzo (Redacción).- Sus amigos, quienes lo quieren, pocos, seguían apurados su lectura del discurso.  En parte deseando, como se cumplió, que no fuese a trastrabillar alguna palabra, y por otro con la gana de que no respondiese.  Porque lo que estaba en el aire, en esa atmósfera soleada, plena primavera, tan formal del patio de sus oficinas convertidas con doble motivo en un bunker de seguridad, era el caso de Florence Cassez.

Tanto que cuando vino a saludarme Luis Cárdenas Palomino, compañeros periodistas vinieron a preguntarme qué me había dicho.  Y nosotros hablábamos de DNA, de lo que significaba la inauguración de los laboratorios de la Policía Científica para quienes vieron nacer la policía federal en aquella oficina de Genaro García Luna nombrado director de la AFI hace ya varios años.

Y el titular de Seguridad Pública Federal simplemente reiteró que está, que ha estado, que seguirá estando al lado de las víctimas.
Suficiente.
La ceremonia de inauguración de las instalaciones de la Policía Científica estaba originalmente programada para el martes de esta misma semana, 6 de marzo pasado.  El cambio de fecha, por agenda presidencial, vino a darle mayor contenido político.
Mañana de triunfo si las hay.  De concreción de fantasías como dijese el Presidente Calderón.  Lo imposible era asentado, asombrosamente de una manera cálida, por el Secretario Guillermo Galván Galván en primera fila.  Porque, para bien de lo que corresponda, decía Felipe Calderón que esa transformación de la Policía Federal permitirá que las fuerzas armadas regresen a sus labores, o como tanto piden algunos grupos civiles, “a sus cuarteles”.
Genaro con el pelo cortado a ras, pleno de canas, con el traje arrugado, con los nervios escénicos que lo cubren frente a un micrófono.  Genaro que ya llegó a su meta, no solamente en el número de policías que pasaron de seis mil, mayoritariamente militares “prestados”, a principios de sexenio a casi treinta y siete mil.
Y también García Luna en segundo plano.  Porque en esto de la seguridad el más contento, el que habló en primera persona del singular, el orgulloso, el que relató paso a paso la importancia del cambio, fue el Presidente Felipe Calderón.
Pocas mujeres entre los invitados especiales.  Muchas en la primera fila, comenzando por la Comisionada de la Policía Federal, Maribel Cervantes, que también habló con su cara de niña buena detrás de sus lentes de alumna muy aplicada, frente a todos.  Y junto Marisela procuradora de justicia, con saco blanco, y Alejandra Sota, y unas policías federales uniformadas a quienes sorprendió que el primer mandatario saludase de beso.
Genaro agradeció el apoyo de las empresas de telefonía celular, léase Héctor Slim sentado junto al embajador de Estados Unidos que tomaba notas todo el tiempo.
Desde muy temprano el Estado Mayor Presidencial había cerrado los accesos, el patio principal, pensado para estos eventos justamente, estaba pintado de azul literalmente, todos uniformados menos los subsecretarios.  El general Javier del Real Magallanes de civil, su jefe fue uno de los pocos gobernadores que asistió.  Entre ellos, también de civil, el general Domiro García que en marzo vuelve a ser un nombre mencionado por el recuerdo del asesinato de Luis Donaldo.
El primer mandatario llegó en punto de las diez y media de la mañana, ya bajo un sol más que caliente.  Hizo la inauguración formal y recorrió con una bata blanca que tenía el logo “Policía Federal” instalaciones que harían palidecer a las escenografías de CSI, la serie de televisión norteamericana, en cualquiera de sus versiones.
Lo que también pensó el Presidente Calderón, y luego diría de manera poco más discreta en su intervención. Lo más importante es, definitivo, la preparación profesional de los 650 integrantes de esta división de la Policía Federal, que son universitarios, algunos con maestrías e incluso doctorados.
Baste la referencia del Laboratorio de DNA que permite tener resultados confiables en menos de una hora, para identificar tanto la identidad de personas muertas como la presunta participación de individuos en actividades criminales, la verdadera investigación de la “escena del crimen” será posible, tanto por los carísimos instrumentos científicos como por la preparación de los nuevos policías.
Y entre los pasillos, por las redes sociales, dos temas pretendían sin éxito distraer la atención.  Uno, obvio, Florence Cassez.  Y otro, que comienza a ser actual, la pregunta de quién será el sucesor de Genaro García Luna… O mejor dicho, en manos de quién se confiará la continuidad del esfuerza inconmensurable de cambio estructural en dicha institución.

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