El General Gustavo Vallejo, a tragar polvo como si se fuese a acabar…

Ciudad de México, 10 de febrero.- Casi a las cuatro de la mañana, todavía de noche, entre nubes de polvo se fue a bañar a su “recamara”, la que ha sido su casa desde hace muchos meses, estilo castrense, de los generales de antes que desensillaban el caballo en el cuartel y ahí, literal, se echaban a dormir un rato. Una cobija medio deshilachada, todo muy pulcro, muy limpio, muy estirado, como si tuviese que “pasar revista”. Tipo H. Colegio Militar.

Anuncios

El general Gustavo Vallejo está acostumbrado a “malpasarse”, como han hecho todos los militares de su familia. Sin embargo, la construcción del aeropuerto General Felipe Ángeles, y de la base aérea de Santa Lucia, en los mismos terrenos, incluyendo la zona habitacional, ha sido una hazaña en todas las acepciones del diccionario. Su esposa, sus hijas, ya ni se quejan cuando, excepción, algún domingo regresa a casa, para ir a misa, para comerse un taco y revisar encerrado, sin llamadas, cientos de páginas.

A Vallejo le toca, además de todo lo relacionado con su profesión e ingeniero militar, luchar una cruenta batalla contra el tiempo. Que podría creerse imposible porque depende de cientos de factores ajenos, pandemia incluida.

Por eso el 25 de diciembre pasado fue una pesadilla, no porque tuviese que descansar un ratito, sino porque se paraba el ritmo de la construcción. Si por él fuera los civiles, los soldados, los constructores, los albañiles, todos los que trabajan en Santa Lucia, junto a los arqueólogos que cuidan huevos de dinosaurio en las excavaciones, testigos mudos, trabajarían 24 horas al día, sin parar para tomar agua. De ese tamaño es su compromiso.

Después de bañarse, y medio tomarse un café, sin pan porque la panza la tenía llena de corajes relacionados con la perfecta perfección de todo, otra vez a revisar. El Presidente venía a inaugurar las nuevas instalaciones de la base militar. Y también a desayunar, y también a revisar, y también a presionarlo. Como hace su jefe todos los días del año a todas horas.

Construir un aeropuerto en tan poco tiempo es el mayor reto por imaginar.

Que hoy, 9 de febrero, dos años después de que López Obrador anunciase en ese lugar que el nuevo aeropuerto llevaría el nombre del general Ángeles, ya se podía despegar y aterrizar en el aeropuerto militar.

Cuando habló con el Presidente, con el cubrebocas negro, frente a una maqueta quitaron el sonido en la transmisión oficial. El general Vallejo hace muchos meses que le quitó sonido, espacio, vida a su vida para terminar a tiempo, para quitar de todos los contratos pesos, centavos a favor del ahorro, para, simplemente, cumplir con su deber.

Después, apenas minutos después de haberse ido el primer mandatario, otra vez arriba del todoterreno destartalado a tragar polvo como si se fuese a acabar…

Isabel Arvide / @isabelarvide / EstadoMayor.mx

Anuncios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *