El ascenso de Enríquez Rojas, o cómo no matar al mensajero

Ciudad de México, 19 de noviembre.- El coronel Francisco Enríquez Rojas fue ascendido a general este 20 de noviembre, desde su escritorio como director de Comunicación Social en un sexenio, un gobierno, que privilegia la comunicación. En un tiempo en que la relación con los medios de comunicación tradicionales es infinitamente complicada, a la vez que proliferan los medios alternativos.

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A todo esto, que ya es bastante, agréguese el protagonismo militar en todos los ámbitos.

No es fácil ser jefe de prensa hoy, menos todavía llevar la complicada relación con periodistas que legítimamente exigen información, de cara a la estructura militar que poco a poco, con velocidad diferente, abre sus espacios.

Rojas ha sido el punto de encuentro, y obviamente de desencuentro, entre las razones del alto mando militar, institucionales y personales también, y aquellas de la sociedad civil en voz, en persona del periodista que cada día exige. Así, exige frente a una estructura donde la exigencia civil no había tenido el mínimo espacio.

Enríquez Rojas, como sus antecesores, no tiene formación profesional en comunicación, menos todavía en relaciones públicas. Y, como a sus antecesores, no le preguntaron si quería, si era de su preferencia, encabezar esa oficina.

Infante, paracaidista, pareciese capacitado para otro tipo de operaciones. Sin embargo, con dedicación, con una extrema paciencia, ha sabido encabezar un cambio en la relación con periodistas, con medios, con la sociedad. Un cambio que todavía está en proceso, pero donde ha habido avances inmensos, abismales si vemos hacía atrás, hacía la realidad de este ámbito en sexenios anteriores.

Hacerlo, estar en la cúspide de esta realidad, implica necesariamente lastimar vanidades. Y ser el mensajero, aquel que todos quieren matar. El que recibe, quién sabe si lleva, el mensaje para sus superiores. El que recibe, quién sabe si lleva, todo el enojo para sus superiores. El mensajero que dice que el discurso del general retirado es institucional con cara de poker. El mensajero que dice que no habrá reacciones oficiales a la detención que llena cada página de todos los diarios.

Ya Sófocles, en la antigua Grecia, afirmaba que ninguno ama al mensajero que trae malas noticias. En este tema, castrense, las malas noticias que suele comunicar el ahora general Enríquez Rojas, son la falta de noticias, de fotografías, de acceso, de comunicados de opiniones personales del alto mando.

Todos quieren saber hasta a qué hora se lava los dientes el general secretario. Y a todos, con paciencia infinita, les ha respondido Enríquez que no tiene o puede dar esa información.

En ese diario ejercicio, desgastante, surgen diferencias. Y enojos, grandes enojos, que deben sumar también a la posición de otras instancias de comunicación social oficial con sus propias reglas e intereses. Los que incluso llevan a limitar o impedir el acceso a la fuente militar a algunos eventos.

Con todo esto, con los inmensos egos de muchos, dentro y fuera de la secretaría de la defensa nacional, ha venido lidiando el hoy general Francisco Enríquez Rojas.

Esto sería ya suficiente.

Con pocas quejas, con pocas quejas que sean trascendentes.

A su favor, además, debe sumarse la apertura a otras instancias de comunicación como la soldada que hace parodias, lo que siendo eficiente choca con muchas estructuras de pensamiento, lo que colapsa los espejos en que quieren verse reflejados los militares alejados del lenguaje de los muy jóvenes. Se necesita valor, y a Rojas le ha sobrado.

Ha sido, también, mensajero del enojo de sus jefes. Lo que requiere de mucho tacto, de extremo cuidado. Lo que, siempre, gana enojos. Muchos enfados, algunos berrinches justificados, que han rebotado hasta él. Al mensajero de las malas noticias, hay que insistir, se le quiere matar como si al hacerlo se destruyesen la realidad. Y, hoy por hoy, la ausencia de información es también una “mala noticia”.

Desafortunadamente para muchos, sobre todo para los periodistas que cubren las actividades militares, para aquellos que buscan información cada mañana, y hurgan en las entrañas de la realidad, los puestos en la estructura militar no son eternos. Con el ascenso, tal vez, vendrán otras comisiones, otras prioridades para el general Enríquez Rojas. Y si así fuese, lo van, lo vamos a lamentar.

Tal como los chinos instauraron, hace cientos de años, se ha establecido una gracia, un perdón de vida, con el mensajero.

Por lo menos, que es mucho, por lo menos ya nos habíamos amansado mutuamente, en la medida de lo posible, ya sabíamos de que “lado masca la iguana”. Y en el balance, hay mucho positivo en la gestión del general Francisco Enríquez Rojas, y algo invaluable: su interés personal.

Redacción / EstadoMayor.mx

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