Discurso Presidente López Obrador por el Día del Ejército

Ciudad de México, 19 de febrero.- Este es el discurso integro del Presidente Andrés Manuel López Obrador en el acto por el Día del Ejército en el zócalo capitalino.

PRESIDENTE ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR:

Soldados y oficiales de las Fuerzas Armadas; secretario de la Defensa Nacional, general Luis Cresencio Sandoval González, secretario de Marina, almirante José Rafael Ojeda Durán; servidores públicos; amigas y amigos:

El Ejército Mexicano surgió en circunstancias históricas excepcionales que definieron desde entonces su apego a la legalidad, su civilismo y su lealtad al pueblo. Como sabemos, el actual Ejército se conformó específicamente para enfrentar a la oligarquía porfirista, a los militares defensores de ese régimen que, en complicidad con el embajador de Estados Unidos en México, cuyo nombre es preferible olvidar, habían consumado un golpe de Estado contra el gobierno legal y legítimamente constituido del presidente Francisco I. Madero.

Este hombre valiente y bueno, con el apoyo del pueblo, había derrotado a la dictadura porfirista y se propuso establecer en México un auténtico sistema política democrático. Además de inmaculado, como lo consideraban sus más fieles partidarios, Madero fue un político singular. Es sin duda el único presidente demócrata en la historia de México, y conste que venero a Benito Juárez y a Lázaro Cárdenas.

El idealismo de Madero, sin embargo, sucumbió ante el atraso y frente a la ambición de quienes ignoraban o no les convenía aceptar que el poder dimana del pueblo y no del dinero o del predominio de la fuerza bruta.

La única posibilidad de éxito, del sueño democrático de Madero dependía de cumplir con prisa con las demandas sociales de la mayoría del pueblo de México, pero el presidente no pudo o no supo apoyarse en el pueblo.

Sus prédicas en favor de la libertad eran sublimes, pero olvidó, como él mismo lo había proclamado, utilizando una frase bíblica, que ‘el pueblo tenía hambre y sed de justicia’. Con la sinceridad que siempre lo caracterizó, el presidente Madero pensaba que entregar la tierra a los campesinos, como lo demandaba Zapata, no era una opción ni justa ni productiva, y por sostener este criterio y otros más, frutos de su auténtica convicción, se fue quedando solo, sin gente, como el que predica en el desierto, lo cual fue aprovechado por la pandilla de rufianes que fraguó su caída y su cobarde asesinato.

Un día como hoy, el 19 de febrero de 1913, cuando el presidente fue tomado prisionero en Palacio Nacional, y su hermano Gustavo había sido cruelmente ultimado en la Ciudadela.

El gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, promovió en el Congreso del estado el decreto mediante el cual desconoció al usurpador Victoriano Huerta y le concedió a Venustiano Carranza poderes plenos para crear un ejército que restituyera el orden constitucional. El decreto a la letra dice:

‘Artículo 1º. Se desconoce al general Victoriano Huerta, en su carácter de jefe del Poder Ejecutivo de la República que, dice él, le fue conferido por el Senado, y se desconocen también todos los actos y disposiciones que dicte con este carácter’.

‘Artículo 2º. Se conceden facultades extraordinarias al Ejecutivo del estado en todos los ramos de la administración pública para que suprima los que crea convenientes y proceda a armar fuerzas para coadyuvar al sostenimiento del orden constitucional en la República’.

Así nació el Ejército Mexicano.

No dejo de subrayar que el primero en revelarse contra el cuartelazo fue Carranza y lo secundó el gobernador de Sonora, José María Maytorena, porque la mayoría de los mandatarios estatales, incluidos muchos maderistas, optaron por el silencio y la traición.

En contraste al llamado de Carranza, acudieron revolucionarios de toda la República. Es célebre el encuentro del 26 de marzo de ese deshonroso año de 1913 en la hacienda de Guadalupe, cuando jefes y oficiales del nuevo ejército aprobaron el plan que lleva ese nombre para derrocar al tirano Victoriano Huerta y restablecer la legalidad democrática.

De modo que ese es el origen de la actual Ejército. Su historia, desde entonces, está llena de claroscuros. Es el Ejército que fundó Carranza, Francisco J. Múgica, Lucio Blanco y otros revolucionarios defensores, no sólo de la legalidad democrática, sino de causas justas. Es el Ejército del general Lázaro Cárdenas, del general Heriberto Jara, el Ejército del Escuadrón 201, pero también es el Ejército de Huitzilac, del 68 y de la fallida guerra contra el narcotráfico.

No obstante, en el juicio histórico que inexorablemente llega o llegará a cada institución o personaje público, el Ejército lleva las de ganar, con todos sus tropiezos, muchos de los cuales fueron originados por cumplir órdenes de sus comandantes supremos. El Ejército Mexicano sigue siendo una institución confiable y al servicio de la patria.

El Ejército Mexicano no es una corporación elitista, ha conservado su carácter popular, los oficiales de mayor rango no son millonarios, no forman parte de la oligarquía como sucede en otros países. Y qué decir de la tropa, el soldado es pueblo uniformado.

A lo largo de sus 107 años de existencia, la institución militar ha sabido consolidar su profesionalidad, su disciplina y han mantenido su credo nacionalista en la defensa de la soberanía nacional.

En los últimos tiempos, sus oficiales supieron vincular a la tropa aún más al pueblo, de donde provienen con los programas de auxilio a la población afectada por huracanes, terremotos y otras calamidades. Es gracias al Plan DN-III, más que a ninguna otra acción, que el pueblo respeta, quiere, admira al Ejército Mexicano.

Amigas y amigos:

En esta nueva etapa de la vida pública, el gobierno que represento y que está conduciendo la Cuarta Transformación del país ha recibido de los soldados de México entrega plena para acabar con el cáncer de la corrupción y hacer realidad la justicia que nos permita garantizar la paz y la tranquilidad de nuestro pueblo.

Por eso, en nombre del gobierno que represento, en nombre del gobierno de la República, manifiesto en este Zócalo, corazón político, económico, social, cultural de México, en esta principal plaza pública de México, doy gracias a los integrantes de la Guardia Nacional por su gran apoyo en las tareas de seguridad pública con absoluto respeto a los derechos humanos.

Doy gracias a los ingenieros militares por su invaluable colaboración en la construcción de cuarteles, en la creación de las sucursales del Banco de Bienestar y en la construcción del aeropuerto general Felipe Ángeles, que será desde el 21 de marzo del 2022 el más moderno aeropuerto de nuestro país.

Doy gracias a soldados y oficiales que hasta ahora han producido nueve millones de plantas en viveros para el programa Sembrando Vida.

Doy gracias a médicos militares, a enfermeros y voluntarios de la Secretaría de la Defensa.

Doy gracias a quienes hacen posible las representaciones artísticas, a los integrantes de las bandas de música, a los integrantes de las bandas de guerra.

Doy gracias a los integrantes de las Fuerzas Armadas, por no olvidar su origen revolucionario y defender la Constitución y la democracia.

Doy gracias a los soldados y marinos, por no escuchar el canto de las sirenas y dar la espalda a la traición y al golpismo.

Doy gracias por estar a favor de la Cuarta Transformación que significa, en esencia, lograr entre todos los mexicanos, desde abajo, una sociedad mejor, un México más libre, más justo, más democrático y más fraterno.

Doy gracias al general Luis Cresencio Sandoval González, por ser un auténtico soldado de la patria, leal e incorruptible.

¡Que viva el Ejército Mexicano!

¡Viva México!

¡Viva México!

¡Viva México!

Redacción / EstadoMayor.mx

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