Disuadir a los cazas cubanos y guatemaltecos, la razón para comprar los F-5E/F

Agosto es mes de aniversario para los tigres del Escuadrón Aéreo 401 (EA-401) de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM). La primera quincena del mes marca la llegada al país, en 1982, de los 12 jets de pelea F-5E/F fabricados por Northrop Grumman para reforzar la defensa estratégica ante eventuales enfrentamientos con las fuerzas aéreas de Cuba y Guatemala.

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Para eso fueron comprados los tigres del 401 en la parte final de la guerra fría; para evitar ataques desde el aire en contra de la estructura petrolera de la Sonda de Campeche y contener la expansión de un eventual conflicto armado con Cuba y sobre todo con Guatemala.

La disuasión sí funcionó, la compra de los tigres sí sirvió, aseguraba en enero de 2009 el entonces teniente e instructor de la Fuerza Aérea Mexicana, Jorge Alejandro Huicochea Martínez, hoy con el grado de coronel y ex piloto de uno de los F-5E del EA-401.

Huicochea atendió durante unos minutos a los dos reporteros que lo encontraron afuera de una de las aulas de la Escuela Militar de Aviación (EMA) en Zapopan. Les explicó los fundamentos estratégicos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) para hacerse de su primer escuadrón de jets supersónicos.

Aunque el alto mando visualizaba como prioritaria la defensa del espacio aéreo ante una posible incursión de Migs cubanos, la verdad es que era más probable un choque con el ejército guatemalteco y con sus aeronaves A-37 Cessna Dragonfly que con los cazas de Fidel Castro, señalaba Huicochea Martínez.

Sí, los F-5 se compraron para resguardar el espacio aéreo en la zona petrolera de Campeche ante una posible incursión de jets cubanos, pero, bueno, lo que sucede es que los conflictos no se desarrollan de la noche a la mañana; históricamente, el problema siempre ha sido con Guatemala. A lo mejor los cubanos ahí tienen su presencia, pero en ese tiempo lo que había era una presión sobre las instalaciones petroleras, explicaba el piloto, quien en noviembre de 2018 fue ascendido al grado de coronel de la Fuerza Aérea Mexicana.

Huicochea platicó con la prensa en enero de 2009, durante la visita a las instalaciones de la EMA el día en que la subteniente Andrea Cruz Hernández hizo un vuelo en solitario, para convertirse después en la primera mujer piloto de la FAM.

La cuestión era que pudiéramos defender las instalaciones y que el conflicto no se viniera para acá. Para eso fue la compra de los F-5, para disuadir. Eso funcionó. Sirvió de disuasión. ¡Claro que disuade!, agregaba Huicochea en la conversación.

Adquiridos en 1982 para reforzar la defensa aérea del país y disuadir un probable ataque de Migs cubanos, los jets de pelea F-5F y F-5E del Escuadrón Aéreo 401 (EA-401) cumplen en este mes de agosto 37 años de su llegada a la estructura de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM).

La comandancia de la Fuerza Aérea reveló, en respuesta a una petición de datos oficiales hecha por este corresponsal, que de los 12 emblemáticos tigres del 401, solo quedan dos aeronaves operativas.

Sin embargo, la FAM ha decidido mantener a otras ocho unidades en la lista de “aeronaves permanentes” que tendrán cobertura de una compañía de seguros. La intención es recuperarlas paulatinamente ya que no hay planes ni presupuesto para comprar otra flota de cazas a reacción, según anunció en abril de este año el general Manuel de Jesús Hernández González, comandante de la Fuerza Aérea Mexicana.

Los tigres del EA-401 celebran 37 años de su llegada a México en un contexto complicado en el que destacan la incorporación de la primera mujer piloto de un F-5 –la Teniente Karina Velázquez–, el recorte presupuestal ordenado por el presidente y Comandante Supremo de las fuerzas armadas, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), la necesidad de reactivar a por lo menos la mitad del escuadrón y la creciente participación del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea en ejercicios militares internacionales y operaciones de mantenimiento de la paz.

Además, el aniversario de la llegada del EA-401 ocurre en el marco del inicio de las obras de construcción del Aeropuerto Internacional General Felipe Ángeles (AIGFA) en las inmediaciones de la Base Aérea Militar Número 1 (BAM-1) de Santa Lucía, considerada como la principal instalación estratégica de las fuerzas armadas mexicanas.

El AIGFA será un aeropuerto de uso civil-militar en el que se construirán dos pistas alternas para uso comercial y se dejará la pista original de la BAM-1 para uso militar. La BAM-1 es la base desde la que opera, desde 1982, el EA-401 de los F-5 Tiger II.

En el centenario de la creación de la FAM, la Cámara de Diputados publicó el documento Fuerza Aérea Mexicana. La aviación militar. Un siglo de historia (1915-2015), elaborado por varios especialistas en el tema y autorizado por la Comandancia General de la FAM.

El documento señala que en 1980, dos años antes de la llegada del primer tigre, la FAM creó el Grupo de Adiestramiento de Vuelo por Instrumentos (GAVI) como primer paso pea la renovación y modernización de la Fuerza Aérea, en la transición de los jets a los supersónicos F-5E y F-5F de la firma Northrop Grumman.

El texto señala que “el gran acontecimiento de la época lo constituyó la incorporación en 1982 de 12 aviones supersónicos de combate Northrop F-5 Tiger II, diez de ellos monoplazas (F-5E) y dos biplazas para entrenamiento (F-5F)”.

Esta aeronave es un caza birreactor supersónico apto para misiones de ataque, apoyo y defensa aérea. Tiene una velocidad máxima de 1.63 Mach, un alcance máximo de 2, 483 kilómetros, y una carga de 3, 175 kg, indicaba el texto.

“Están equipados con dos ametralladoras de 20 m/m y pueden portar una carga de 3 125 kg con diversas combinaciones de cohetes aire/aire y aire/tierra, incluyendo misiles Sidewinder. Estos aviones fueron fabricados en los Estados Unidos por la Northrop Aircraft Corporation de Glendale, California”.

El personal de vuelo y tierra que comenzó a operarlo recibió en­trenamiento en la Base Aérea Williams de Phoenix, Arizona, agrega el documento en el que se mencionan los nombres de los primeros oficiales que integraron el Escuadrón Aéreo 401.

Estos datos son relevantes toda vez que el documento mencionado fue autorizado por la Sedena y en él se citan los nombres de los primeros pilotos de los F-5F y F-5E, información que es sistemáticamente negada por la secretaría cuando se le solicita a través de la ley de acceso a la información.

Así, los primeros pilotos del EA-401 fueron “el mayor Julio A. Ponte Romero, comandante; capitán Humberto Chapa Casas, jefe de operaciones; capitán Alfredo Valenzue­la Mata, ayudante; y los capitanes José Bustillo Chivias, José León Ortiz González, José G. Vega Rive­ra, Ernesto Aburto Verduzco, Carlos Ignacio Velasco Wall y Julián C. Celis Barbosa y los tenientes Alfonso Perales Espino y Urbano Fernández Núñez. El coronel Ernesto Arcos Oropeza era comandan­te del 7º Grupo Aéreo del que formaba parte el Escuadrón”.

Un año después de su llegada a México ocurrió el primero de los dos accidentes que tiene registrados la Fuerza Aérea en el EA-401. El tigre -que entonces fue matriculado con el número 4002- se estrelló durante un bombardeo en Santa Gertrudis, Chihuahua.

El 16 de septiembre de 1995 el tigre 4003 se estrelló en el aire contra un T-33 Shooting Star y éste contra otros dos aparatos del mismo tipo que realizaban pases sobre la Ciudad de México durante el desfile militar por la celebración de la guerra de Independencia del país.

Seis pilotos fallecieron en el accidente, incluyendo al comandante de la parada aérea, el general Gonzalo Curiel, quien piloteaba el F-5 colapsado. Solo un teniente –Gerardo Ceballos– sobrevivió en la colisión. La flota se redujo a 10 aparatos. La comandancia de la FAM decidió no reponer el material perdido y el EA-401 quedó en 10 aparatos.

Datos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) entregados vía transparencia de la información, ha ido revelando detalles en torno a los F-5 que estaban injustificadamente vedados para la opinión pública y los medios de comunicación, tales como su costo y gasto operacional.

La información señala que cada uno de los F-5E (monoplazas) costó 5 millones, 822 mil dólares de 1982. Los diez aparatos fueron adquiridos en 58 millones, 220 mil dólares de aquella época.

En tanto, los dos aparatos F-5F (biplazas de entrenamiento) costaron 7 millones, 520 mil dólares cada uno, esto es 15 millones 040 mil dólares.

En total, los 12 jets F-5F y F-5E costaron 73 millones, 260 mil dólares de aquella época.

En noviembre de 2007, en el marco de la guerra contra el narcotráfico lanzada por el entonces presidente Felipe Calderón, su secretario de la Defensa, el general Guillermo Galván, pidió a los legisladores federales más recursos para enfrentar al narco y mostró cifras y documentos acera de la situación de atraso que vivían las fuerzas armadas.

En su explicación el general dijo que los F-5 fueron adquiridos todavía en el contexto de la guerra fría y en prevención de un probable choque armado con los Migs de la Fuerza Aérea de Cuba.

En octubre de 2018 la Teniente Karen Velázquez fue admitida oficialmente como nueva integrante del Escuadrón Aéreo 401, para convertirse en la primera mujer en pilotear uno de los míticos tigres de la Fuerza Aérea Mexicana.

Con ella suman 87 los pilotos que han formado parte del EA-401 y 13 los comandantes de ese escuadrón de pelea que el mando aéreo intentará restaurar ante la imposibilidad de adquirir nuevos aparatos a reacción.

El Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF 2019) que ejercerá este año la Sedena es de 93 mil 670 millones, 187 mil 410 pesos, de los cuales 3 mil 430 millones, 270 mil 101 pesos son para “conservar la capacidad operativa mediante la sustitución de aeronaves de ala fija que tienen una antigüedad mayor a 30 años”.

Sin embargo, este apartado del PEF no menciona la compra de ninguna aeronave, aunque muestra un gasto sostenido hasta el año 2022 y “en adelante”.

Jorge Medellín @JorgeMedellin95 EstadoMayor.Mx

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