México, 15 de agosto (Milenio Diario).- Mientras que el pueblo futbolero no deja de festejar el triunfo olímpico, y los políticos siguen enfrascados en una lucha estéril por la suerte de la elección presidencial, López Obrador insiste en impugnarla porque quiere ser presidente a como dé lugar, los generales enseñan el cobre al disputarse el camino hacia la titularidad de la Secretaría de la Defensa Nacional, y el Poder Judicial le mete zancadilla al fuero militar; la violencia es lo único real.
La situación nacional que nos regresa a la realidad del país, al incremento del precio de los combustibles que tanto afecta la economía de los que menos tienen, al hasta ahora problema más mediático que real de la lucha de los generales por ocupar la Secretaría de la Defensa Nacional; a la penetración del narco en las fuerzas armadas y en la Suprema Corte de Justicia de la Nación a la modificación del fuero de guerra; a la acumulación de denuncias que cada vez desgastan más al candidato presidencial que obtuvo el mayor número de votos; a la penetración del narco en el PRI ventilada en España con la detención de un personaje de medio pelo, integrante de un cártel, nada menos que de la famosa plaza de San Luis Río Colorado, Sonora; al correr del “proceso” contra los generales acusados de ligas con el narcotráfico; pero sobre todo, volvemos ahora al incremento de la violencia que parece mandar el mensaje al próximo gobierno de cómo va “la guerra” y qué es lo que le espera.
Los días más recientes aumentaron los hechos delictivos en Guerrero, Michoacán, Zacatecas, Guanajuato, San Luis Potosí, Coahuila y Nuevo León, complementados con Veracruz, Estado de México y el Distrito Federal, con ello se marca la ruta del narcotráfico y los lugares de mayor importancia para sus operaciones, que deben seguir siendo objeto de atención para mantener la confianza de la población en la capacidad que deben tener los tres niveles de gobierno en su grave responsabilidad de proporcionar las seguridades pública e interior.
En todos estos estados, que conforman la ruta del narcotráfico hacia el norte, se han producido enfrentamientos entre grupos delincuenciales antagónicos o contra fuerzas federales.
Ayer en Zacatecas, el Ejército repelió un ataque y mató a cuatro delincuentes.
Cómo se entiende entonces que el ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, José Ramón Cossío Díaz, asegure que la presencia de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública, como las que se vienen desarrollando desde hace más de cinco años, va contra lo que ordena la Constitución.
Al retomar el análisis de hasta dónde debe llegar el fuero militar, el ministro aseguró que en México no existe un escenario, como lo estipula la carta magna, para que el titular del Ejecutivo federal pueda disponer del Ejército o la Marina en tareas distintas a las propias de su naturaleza. “Si no encuentro yo una situación en la que hayamos declarado la guerra, en la que hayamos suspendido garantías o se haya hecho esta declaración expresa del Ejecutivo mexicano entiendo que no puede disponerse de las fuerzas armadas más allá de los espacios físicos a los que se refiere el artículo 129 constitucional”.
De acuerdo con el mencionado artículo, en tiempos de paz los militares no pueden realizar más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar y dentro de los espacios a que se refiere la segunda parte del artículo 129: Fuertes, cuarteles, comandancias y demás establecimientos que les permitan este asentamiento.
En todos estos días en los que la alta delincuencia se ha apoderado de las ciudades y más aún de la estabilidad de la sociedad, el Ejército ha tenido que salir a combatirlos, sin importar si el Poder Judicial pretende ponerle freno a su actuación. También el Poder Judicial se la pasa perdiendo el tiempo al revisar una y otra vez un caso ocurrido hace más de 30 años y el cual pretenden esgrimir para defenestrar a las fuerzas armadas.
Quizá los políticos aberrantes como López Obrador se puedan dar el lujo de perder el tiempo en hacer decálogos y exposiciones sobre supuestos malos manejos de recursos en la campaña del PRI, sobre todo, pero el Ejército no puede distraerse en luchas internas por alcanzar los altos mandos.
Incluso militares retirados entran a la contienda, como Roberto Miranda, quien fuera jefe de Estado Mayor Presidencial de Ernesto Zedillo. En dos apretadas página de la revista Siempre, Miranda lanza un “fuera caretas” y se promueve para ocupar el lugar que dejará el general Guillermo Galván Galván dentro de unos meses.
Me comenta un militar retirado: “Otra vez Miranda nos ilumina. Le dan dos páginas en Siempre, ¿de a cómo? Misterio. Sería ya una muestra de autoridad el darle un estate quieto, lo que no sucederá”.
De imaginaria
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Jorge Ibarrola
Fuerzas Armadas
Opinión
Milenio Diario
