Los mandos de ayer y hoy

México, 1 de agosto (Milenio Diario).- En 1994, el entonces secretario de la Defensa Nacional, Antonio Riviello Bazán, propuso la creación de la Comandancia del Ejército, ante la problemática que vislumbraba.

En dicha propuesta ponía especial atención en las elecciones federales, cambio del Poder Ejecutivo, la participación del Ejército y la Fuerza Aérea, las presiones internas y externas y el apoyo del exterior.

Apuntaba como indicadores inconformidades, actos violentos y como acciones a seguir concentración de medios en el área en conflicto, adiestramiento y actividades de restauración del orden.

En el cambio del Poder Ejecutivo, manifestaciones violentas, acciones armadas y rebeldía para lo que había que responder con actuación legal y certidumbre.

La propuesta de Riviello fue rechazada, seguramente impugnada por aquellos que no quieren ver un Ejército mejor organizado.

Sin embargo, el general Antonio Riviello Bazán, como secretario de la Defensa Nacional durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, cuidó extremadamente el prestigio de Ejército y Fuerza Aérea mexicanos, redujo en forma importante las prácticas del agio dentro de las fuerzas armadas y externamente impidió el involucramiento del personal militar en el narcotráfico.

Dentro de las medidas adoptadas, destacaron la prohibición de que personal militar llevara a cabo investigaciones, cateos, espionaje en cualquiera de sus modalidades, etcétera, sin perjuicio de mantener una estrecha colaboración con las autoridades legalmente responsables de llevar a cabo actividades investigativas.

En el siguiente sexenio, el del presidente Zedillo, el general Enrique Cervantes Aguirre, secretario de la Defensa Nacional, ordenó que personal militar seleccionado (gafes) fuera comisionado en las delegaciones de la PGR para desempeñarse como policías judiciales federales; dichos elementos conocieron a fondo las actividades de los grupos delictivos, las personas involucradas y los beneficios económicos que se obtienen, situación que trajo como consecuencia la separación del activo de un buen número de esos militares, entre los cuales se encuentran quienes formaron lo que ahora se conoce como el cártel de Los Zetas.

El siguiente sexenio, el del presidente Fox, con el general Gerardo Ricardo Clemente Vega García como secretario de la Defensa Nacional, designado sin respetar la regla no escrita del derecho generacional (la antigüedad ) y con un general como procurador general de la República, desde luego concentraron a los militares (gafes) a sus cuarteles, se regresó a la Policía Judicial Federal a las funciones que les corresponden, se regresó también a la rutina de siempre, la PGR se hizo “cargo” del combate al narcotráfico y el hecho más sobresaliente fue la fuga del conocido Chapo Guzmán.

El sexenio actual, con una guerra declarada pero no sostenida en estos términos, en contra de la delincuencia organizada, se resume en la situación de inseguridad que estamos viviendo, con muertos y desaparecidos en un número que jamás sabremos, con acusaciones serias de violaciones a los derechos humanos ante la autoridades nacionales como internacionales, cuyos resultados se sabrán seguramente después de la conclusión de este sexenio.

Un general de División retirado sostiene que a nadie debería extrañar la carencia de liderazgo del Mando Supremo, del Alto Mando, de los Altos Mandos y sus Órganos, de los Mandos Superiores Comandantes de Región y Zona Militares, aunado a los grandes intereses derivados de la corrupción galopante que existe dentro de las Fuerzas Armadas sea Ejército, Armada o Fuerza Aérea y del Servicio Público en general.

Por otra parte, militares retirados aseguran que “los militares nos mantenemos muy pendientes de la situación, actividades y conducta de nuestros generales, posibles designados para representar nuestro Alto Mando; rechazamos la intervención de los poderes fácticos en esta designación, así como la utilización de la guerra sucia que ya ha afectado a otras instituciones”.

El general en cuestión sostiene que no deben olvidar, (aunque no creo que sean tan inocentes) nuestro Comandante Supremo, nuestros Generales y nuestros Almirantes, que están siendo conducidos a un juego perverso de los estadunidenses, y estamos cayendo en el juego, estamos arribando ya, a aquel pronóstico de que terminaríamos siendo una mala policía uniformada de verde olivo, hoy de camuflaje, eso sí, de diferentes tipos y colores, acorde al terreno en donde se habite. Se deben recordar que la tendencia es, que del Río Bravo a la Patagonia, solo debe existir un Ejército, el de los Estados Unidos de América.

Por cierto, el dispuesto, designado y presentado general don Óscar Adolfo Naranjo Trujillo, general de la Policía colombiana, experto en administrar el negocio del narcotráfico para los Estados Unidos, general con cuatro estrellas, muy al estilo de los estadunidenses, en situación de retiro, en lugar de molestarnos, nos debería avergonzar, pudiera significar que hasta los corruptos políticos de nuestro sistema no confían ya en nosotros o, simplemente, ya no les somos útiles para sus fines. ¡Qué tristeza!

Javier Ibarrola

Fuerzas Armadas

Opinión

Milenio Diario

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