Fragata

México, 3 de abril.- En abril de 2007, un estudio de la Cámara de Diputados sobre la participación, de México en Operaciones de Mantenimiento de la Paz advertía que en la nueva etapa de dichas misiones, la imposición de la paz era inadmisible para los lineamientos de la política exterior mexicana.

“Actualmente México no ha mostrado mayor interés por seguir apoyando a las

OMPs, debido, como ya se mencionó, a la tendencia de las mismas a imponer la paz en los Estados”, señalaba.

El envío de tropas mexicanas (soldados y marinos) al exterior para cumplir misiones de mantenimiento de la paz (no de imposición de la paz) en escenarios conflictivos, es un asunto que tardará años en darse. No ocurrirá en el corto o el mediano plazo. Ni siquiera en este sexenio.

La integración plena a este tipo de misiones internacionales tomará varios años, el tiempo necesario para preparar a decenas de oficiales y a personal policiaco y civil, además de reconstruir y fortalecer la quebradiza diplomacia mexicana, lo que obligará a redefinir la naturaleza de eventuales despliegues militares nacionales en otros puntos del planeta.

Hoy, México cuenta con cuatro oficiales habilitados para asistir como observadores en dos misiones definidas por la ONU. La primera es la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH, iniciada en abril de 2004), a la que asistirán un Capitán de Corbeta especializado en telecomunicaciones, y un Mayor de Infantería.

Esto dos oficiales partirán de México a finales de abril de este año. La segunda es la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO, iniciada en abril de 1991), a la que acudirán el septiembre un Capitán de Corbeta y un Capitán Primero de Infantería,  “quienes han sido capacitados para desarrollar funciones de observación mediante cursos certificados por la Organización de las Naciones Unidas, así como para desarrollar tareas de índole humanitaria”, indicó la Marina en un comunicado.

Los cuatro oficiales, que van como observadores y por ello lo harán como Boinas Azules,  permanecerán en sus misiones durante un año.

El tema es muy delicado porque no solo incluye aspectos de alta diplomacia; se requiere también de contactos y de intercambio de experiencias e información, de apertura y revisión periódica, transparente, sobre lo que se hace en México en materia de derechos humanos, de promoción a la cultura del respeto de las garantías individuales y de la aceptación a las críticas y llamados de atención cuando la actuación del Estado mexicano exceda límites y caiga en el abuso.

Esto último es algo que el Estado Mexicano bajo la conducción de priismo, no está dispuesto a hacer (como no lo estuvo tampoco el Estado en la era panista).

Del lastre del aislamiento diplomático de México y su consecuente atraso en este terreno estaban conscientes los integrantes de la LX Legislatura, que en abril de 2007 ordenaron al Servicio de Investigación y Análisis Centro del Documentación, Información y Análisis de la Cámara de Diputados elaborar el informe México y las Operaciones para el Mantenimiento de la Paz de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El texto señala que nuestro país ha sido defensor del mantenimiento de la paz en el mundo y ha dejado clara su postura por medio de la promoción de celebración de tratados internacionales con respecto del desarme, la paz y la seguridad”.

No obstante, los analistas reconocían que “a pesar de estos esfuerzos, México está siendo objeto de diversas críticas en el exterior debido a su escasa participación en las actuales operaciones de mantenimiento de la paz que implican la intervención legal, incluso en los conflictos internos que representan peligro para la sociedad mundial”.

Al mismo tiempo los integrantes de la Subdirección de Política Exterior encargados del estudio advertían que era necesario buscar las medidas apropiadas para que México no perdiera su participación en los órganos de las Naciones Unidas como el Consejo de Seguridad.

Por ello, indicaban, “es necesaria una evaluación de los costos y beneficios para México tanto interna como internacionalmente si se decidiera tomar parte activa de estas operaciones, así mismo se requiere determinar si es viable jurídica, política y económicamente formalizar su compromiso internacional en ellas o es mejor seguir manteniendo la posición que hasta la fecha se ha conservado”.

Los tiempos, la evolución de la diplomacia en países menos avanzados que el nuestro, como Honduras, Guatemala o El Salvador, y ahora la urgente necesidad de salir del aislamiento internacional y de mostrar al mismo tiempo que México no es la tierra de la tortura, la cuna de la impunidad o un incipiente estado fallido.

En el estudio de 2007, al abordar el tema de la participación de México en las Operaciones de Mantenimiento de la Paz (OMPs), la Cámara de Diputados explica que la doctrina de no intervención en los asuntos de otras naciones ha limitado la presencia de contingentes militares, policiales y civiles en ese tipo de misiones.

Aún más; al detallar que desde finales de los años noventa vivimos la Tercera Etapa de las OMPs, y que esta nueva era incluye misiones de imposición de la paz en las que la ONU avala el despliegue militar, policial y civil en naciones en conflicto aun sin contar con la anuencia de alguna de las partes involucradas, los analistas de la Cámara de Diputados revelaban que ésta era precisamente la razón por la cual México había dejado de apoyar las OMPs de este tipo.

“Ha participado en varias de las OMPs aunque es indispensable aclarar que con el surgimiento de la tercera generación, en donde se ha introducido el intervencionismo legal, nuestro país ha preferido seguir respetando el principio de no intervención lo que ha limitado su participación y apoyo en estas nuevas operaciones de imposición de la paz”.

México, agregaban los autores, “se ha pronunciado en contra de la intervención y no ha seguido apoyando a las OMPs que se realizan sin el consentimiento de las partes en controversia”.

Apoyar este tipo de intervenciones termina por avalar una de las formas más sencillas en las que las potencias mundiales alcanzan sus fines y pueden hacer que un conflicto limitado escale a otros niveles, añadía el texto.

El camino es largo y requiere un entramado complejo que permita la presencia de tropas y oficiales mexicanos en alguna de las 16 Misiones de Mantenimiento de la Paz desplegadas sobre todo en África, en Oriente Medio y en Europa Oriental.

Pasarán varios años para que tropas mexicanas se sumen a los más de 104 mil 900 efectivos militares, policiales y civiles (12,532 policías, 90,575 militares y 1,821 expertos) de 111 países que hoy integran los contingentes de las Fuerzas de Paz de la ONU.

La doctrina en materia de política exterior de México limitará la presencia de tropas nacionales, en una primera etapa, a cumplir con misiones de observación, monitoreo o interposición, que cuenten con el aval de los países involucrados en el conflicto, como lo señala la doctora María Cristina Rosas, internacionalista experta en el tema.

No obstante, el fogueo que de estas experiencias vayan adquiriendo militares y marinos deberá ser el inicio de un cambio de mentalidad y de una nueva modificación en cuestiones doctrinarias, de visualización y mayor profesionalización de las fuerzas armadas que se refleje en su actuación al interior del país.

En esta nueva etapa, el honor, el valor y la lealtad de marinos y militares está de nuevo en juego y no solo bajo el escrutinio local.

Jorge Medellín

@JorgeMedellin95

Estado Mayor

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