México, 26 de febrero.- Cuando existe un problema de medios tan serio como el que atraviesa la Sedena lo que se hace, desde una empresa que fabrica tuercas hasta un gobierno, es reunirse en un “cuarto de guerra” para definir las estrategias pertinentes hacía un “control de daños”.
Esto es lo que ha venido faltando en la Sedena, no se diga en la oficina del general Cienfuegos.
Los militares parecen aconsejados por su peor enemigo. La idea de “soltar” información e imágenes sobre lo que “sucedió” la noche del 26 de septiembre del 2014 en Iguala es pésima desde cualquier ángulo.
Baste medir el rechazo que está provocando “enterarse” de que el Ejército sí se enteró, si estuvo en las calles, sí recibió la información de los estudiantes que sobrevivieron al ataque de los policías municipales.
Porque, pregunta inmediata que se hacen millones de mexicanos, si de acuerdo a las fotografías publicadas por Milenio el 25 de febrero del 2015, en primera página además, los soldados tomaron testimonio y fotografías de los estudiantes en los pasillos de los hospitales donde esperaban por sus compañeros, nada justifica que no hayan actuado.
Es decir, oficialmente, los mismos militares, están dando a conocer imágenes que demuestran que estuvieron enterados de lo que pasaba en Iguala la noche del 26 de septiembre A TIEMPO DE RESCATAR A LOS SECUESTRADOS QUE TODAVÍA ESTABAN CON VIDA.
Es obvio que los testimonios que recibieron, así lo muestran documentos y fotografías, partes internos que han dado a conocer a través de Milenio, fueron un grito de auxilio para que salvaran a los que estaban en manos de policías que ya habían disparado contra ellos. Nada justifica, frente a esta realidad, su omisión.
¿Qué esperaban, Cienfuegos y su alto mando, dando a conocer esto?
La estrategia de comunicación es, otra vez, la más errónea a imaginar. Por eso tienen que aguantar el sapo inmenso de que en supuestos reconocimientos, como hicieron los empresarios la semana pasada, les digan que “actúan contra las leyes y la Constitución”.
De igual forma dar a conocer que admitieron al ministerio público en el Cuartel del 27 Batallón de Infantería es más que contraproducente. Supuestamente los familiares de los estudiantes desaparecidos iban con las autoridades locales, pero los dejaron en el patio. Con lo que se aumenta el “sospechosísmo” de que había algo que debía permanecer oculto.
Y no se diga el ridículo, ver el diario Milenio del 26 de febrero del 2014, de que el ministerio público dio fe legal de que en un baño, con sellos de papel, se guarda en cubetas la droga que se confisca… ¿Qué sentido tiene exhibir esta vulnerabilidad?
Ni cuarto de guerra ni asesores ni sentido común…
Isabel Arvide
@isabelarvide
Estado Mayor
