México, 16 de febrero.- Todo iba a cambiar en seguridad. De la noche a la mañana porque, nos dijeron, todo lo que se había hecho era un error. De la coordinación subordinación de las instituciones iba a surgir, mágicamente, la paz. Bajo el mando de Miguel Osorio Chong.
Hoy sabemos que su renuncia no le fue aceptada por el Presidente, pero también, que esto no significa que haya resultados.
No hablemos de los estudiantes desaparecidos en Iguala para no caer en lugares comunes. Basta mirar hacía Tamaulipas. Para comenzar.
Gravísimo el fracaso de la Federación frente a un gobernador inepto y omiso que ha demostrado total desprecio para el tema de la seguridad. Suficiente recordar cómo su primer secretario de Seguridad Pública, el general Ubaldo Ayala Tinoco, compadre del actual titular de la Sedena, renunció a los dos meses porque nunca lo recibió.
El titular de Gobernación dice que todo va bien. Que todo ha mejorado, pero la realidad lo contradice.
Cuando el director de un diario local es golpeado y amenazado por publicar lo que está sucediendo, los enfrentamientos que parecían propios de una zona de guerra que sucedieron a principios de este febrero, y posteriormente toda la redacción renuncia, es que no hay mínimas garantías.
Lo grave, inmensamente desalentador para el país, es que desde mayo del año pasado, 2014, la entidad se dividió en cuatro zonas que estarían bajo total control del Ejército y la Marina.
Es decir, la Federación, las Fuerzas Armadas son las que no han podido parar la violencia.
No abundemos en los motivos, el hecho es que la violencia continúa. Y que lleva a bloqueos de carreteras que son una pérdida absoluta de garantías individuales, una total abdicación del Estado de Derecho.
Y los muertos. Durante la primera semana de Enero se aceptan, oficialmente, 30 muertos en enfrentamientos. Aunque se habla de que fueron muchos más.
Ni Reynosa ni Matamoros están más protegidos por la Constitución que garantiza el libre paso y la paz social. Esto con la presencia permanente, el mando total, de las fuerzas armadas.
Días después Miguel Osorio Chong declaró, frente a los gobernadores del sureste, que México está en el mejor lugar de seguridad de los últimos 10 años. Y no hubo mutis. Como si nombrar a algo fuese suficiente para convertirlo en una verdad.
Días antes en Cocula, Guerrero, hubo un secuestro de entre 10 y 18 trabajadores de una minera. Varios de ellos lograron ser rescatados con el apoyo de la policía comunitaria, que sigue en esa ambigüedad legal. A raíz de esto la minera canadiense Media Luna dio a conocer que mensualmente entregaba un millón de pesos al “Jefe de Plaza” de la Familia Michoacana, Uriel Vences Delgado, para que se permitiese el libre tránsito de los empleados.
¿Y la autoridad federal? ¿Y el control militar en Michoacán, especialmente en la zona colindante con Guerrero?
¿Cómo podemos estar mejor que hace diez años si esto puede estar sucediendo con total impunidad?
Osorio Chong, por lo visto, no se entera de lo que ha provocado una justa alerta del Gobierno de Estados Unidos para que sus ciudadanos no visiten esta frontera. Ni tampoco ha sido informado que el 60 por ciento de los pequeños comerciantes de esa frontera han debido cerrar sus negocios por la falta de garantías individuales.
Quienes se han enfrentado en Tamaulipas están perfectamente organizados en convoyes y vehículos fuertemente armados. ¿Es que la autoridad está ciega para no haberlos visto en sus carreteras?
¿Qué sigue? ¿Van a combatir la inseguridad con discursos? ¿Cómo van a justificar, hoy o cuando correspondan, el fracaso de las Fuerzas Armadas, de la Federación, de las instituciones, del Estado mexicano?
Isabel Arvide
@isabelarvide
Estado Mayor
