México, 31 de diciembre.- Mi padre, que no era un hombre especialmente religioso, nos llevaba todos los días 31 de diciembre a la Iglesia a “dar gracias”. Ahí toda la familia escuchaba misa y se relacionaba a su manera, desde el pragmatismo más ateo o la maravilla de la fe, con una ceremonia encabezada por un sacerdote, que entendíamos todos, era la persona responsable de propagar la “palabra de Dios”.
A ese hombre, ministro de la fe católica, las familias mexicanas en todas las geografías aprendieron, como nosotros, a
respetarlo.
Por eso el asesinato de un sacerdote, Gregorio López, en Ciudad Altamirano, Guerrero, ha venido a despertar tantas inquietudes en los estudiosos de la sociedad mexicana. ¿Qué está sucediendo para que bandas criminales puedan asesinar a estos hombres?
Que haya sucedido en una entidad donde el Gobierno Federal ha empeñado todas sus voluntades para regresar el orden, para combatir la violencia y el crimen, conlleva además un fracaso inmenso del Estado Mexicano.
A lo que debemos sumar el silencio intencional de los mismos grupos que gritan a todas horas por los 43 estudiantes de la Normal asesinados en Iguala.
¿Por qué este secuestro, para torturarlo y asesinarlo, no despierta esa “indignación popular” que tanto mientan en sus
manifestaciones?
Durante muchos años, se estableció una distancia inmensa entre el gobierno federal y la jerarquía de la Iglesia católica. Que terminó con una relación que ha sido más o menos cercana según la voluntad presidencial en turno, pero que siempre ha implicado la intervención de la jerarquía católica en los asuntos sociales importantes. Por eso, también, se ha buscado tener una relación fluida y armónica con El Vaticano.
En Guerrero hubo siempre violencia, pero lo que vivimos este 2014 no tiene explicación, justificación posible. Un grupo de estudiantes fueron asesinados a sangre fría, por un grupo de desarrapados tan vulnerables como ellos, pero que decidieron hacer “carrera criminal” por medio del asesinato.
La presencia de varios grupos criminales, junto con lo que queda de la “Guerrilla Histórica” contribuyó a cambiar la realidad. Autoridades corruptas, cómplices o incluso como en Iguala parte importante de estas organizaciones, fomentaron la percepción social de que los asesinatos siempre quedarían impunes.
Ahora llegaron hasta a un sacerdote, en una situación de gran presencia de autoridades policiacas, estatales y federales. Donde nos han repetido que el Ejército está a cargo de la seguridad. Es decir, esta voluntad criminal es mayor a cualquier autoridad y no respeta a ninguno.
¿Qué buscan con este asesinato? Es obvio que pretender mandar un mensaje de intimidación. ¿Qué nos dicen con este asesinato? Este mensaje es lo que tendría que poner a trabajar, con urgencia, a todos los protagonistas del gobierno federal que tienen incumbencia en Guerrero y forzar, aquí sí que es válido el término, al gobernador sustituto Ortega a que haga su trabajo.
Lo menos que podemos exclamar, desde fuera, es que la sociedad en esa parte del país está podrida. Y que los activistas “sociales” que tanto ruido hacen por la muerte de los 43 estudiantes no tienen la solidaridad de la que hablan, sino al contrario están inmersos en el ámbito de las ambiciones políticas.
Como me enseñó mi padre, la noche de este 31 de diciembre daré gracias a quien corresponda por todas las bondades que nos trajo este año, por todos los retos y los malos momentos, y las crisis y el dolor y la felicidad que juntos conforman el milagro de la vida. Y también pediré desde el fondo de mi corazón porque esta violencia inmoral termine con la voluntad política del Gobierno y de todos aquellos que están obligados a garantizarnos paz social.
Que el 2015 sea un año de bendiciones…
Isabel Arvide
@isabelarvide
Estado Mayor

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