México, 2 de diciembre.- Les han faltado espacios para tirar miasma. Interesado, y sobre todo gratuito. A contar los críticos se ha dicho…y por si fuese poco, debajo de cada piedra aparece un “experto en seguridad” que jura por todas las vírgenes saber en qué se equivoca el presidente Peña Nieto.
Cuando lo cierto es que sus reformas en materia de seguridad son las más importantes y generadoras de cambio que se hubiesen podido hacer.
El sexenio del presidente Felipe Calderón está marcado por su frustración ante la imposibilidad de conseguir que los gobiernos locales hicieran su parte en profesionalizar y cambiar a las policías. Ahí, en esa negativa por motivos políticos, se estrellaron todos sus afanes, valientes habrá que reconocerle siempre, por combatir al crimen organizado.
Desde el sexenio anterior, esos nefastos seis años que gobernó Vicente Fox, por la desidia de Los Pinos los gobiernos municipales se convirtieron, muchos, en verdad muchos de ellos, en cómplices de criminales. Y no hubo instrumentos legales ni decisión política para romper la autonomía municipal, para poner remedio.
El deterioro actual es imposible de vivir, de continuar sin poner en riesgo al Estado Mexicano.
Frente a la emergencia nacional, que eso es lo que vivimos, Enrique Peña Nieto respondió con mayor valor que muchos mandatarios que no tuvieron que vivir crisis de la magnitud de la presente.
Desaparecer las policías municipales ha sido afán de muchos expertos, en verdad expertos por vivir dentro de ese ámbito, en seguridad y, obvio reiterarlo, lo fue de Calderón Hinojosa. Es el paso principal, esencial, para limpiar las policías de todo el país.
Y, sobre todo, para romper el círculo de corrupción vigente.
Cuando uno verdaderamente conoce el ámbito de seguridad pública sabe, de vivencia personal, que a los policías bajo sospecha o que no han aprobado el examen de seguridad, incluso a los enfermos o los muy viejitos, que no se les puede dar de baja porque no hay presupuesto para pagarles su indemnización legal.
De tal forma que todas las policías, principalmente las municipales, traen una rémora inmensa de policías sin capacidad profesional, incluso sin condiciones físicas para desempeñar su función. Y esto es a sabiendas de los presidentes municipales y de los gobernadores.
El presupuesto para seguridad llega a municipios y entidades federales etiquetado. Con todos los absurdos correspondientes. Baste referirse a las patrullas, hay dinero para comprar nuevos vehículos pero no hay presupuesto para gasolina, para el mantenimiento rutinario y menos para componerlas. De tal forma que los vehículos nuevos, en cuya compra gastó millones de pesos el Gobierno federal, terminan destruidos y estacionados en algún corralón oficial.
Con las policías municipales pasa otro tanto: Todo mundo sabe, en los escritorios federales, en los de los alcaldes, y también en aquellos de los gobernadores, que hay que pagarles más. Que es imposible contar con una “policía” capacitada y digna de confianza ciudadana si se les paga menos que a una sirvienta.
Pero ninguno de los responsables quiere o puede invertir dinero en esto.
Y para los gobernadores es muy fácil, en todo el país, cerrar los ojos. Echarle la culpa a los alcaldes, sobre todo si son de otros partidos.
Desaparecerlas fue una iniciativa de Calderón Hinojosa que no llegó a realizarse. Hoy es indispensable eliminar a los sicarios con placas de policía municipal. Y eso es lo que habrá de pasar.
El primer mandatario anuncio que los cambios serán en Guerrero, Tamaulipas y Jalisco de principio, precisamente por la inmensa cantidad de dinero que significa esto. Triplicar o cuadriplicar incluso el presupuesto para pagarles sueldos consecuentemente a su homologación.
Simplemente por eso, por hacer realidad lo que para otros ha sido un sueño, una ambición frustrada, Peña Nieto da el primer paso para el cambio. Lo que tanto le exigimos.
Golpearlo ahora por esta, y las demás iniciativas, es muy canalla. Y, obvio, obedece a intereses que no tienen relación alguna con el afán de seguridad de millones de mexicanos. Son perros que ladran… Sí, pero vaya que hacen ruido…
Isabel Arvide
@isabelarvide
Estado Mayor

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