México, 13 de noviembre (Reforma).- Las ojeras marcan el agobio. El Presidente Enrique Peña se dice preocupado pero, sobre todo, afligido.
“Me preocupan los padres (de los normalistas de Ayotzinapa). Hay que explicarles la situación, seguir informando”, explica en un trayecto rumbo a su habitación en el Hotel Mandarín Oriental de esta populosa ciudad, luego de clausurar el Foro de Negocios México-China.
El Mandatario comenta que ha seguido los acontecimientos y también tiene preocupación por la violencia que se ha desatado, principalmente en Guerrero.
“Supe que (Miguel Ángel) Osorio y Chucho (Jesús Murillo Karam) los iban a ver. Eso es lo más importante, los padres. Bueno, y que disminuya la violencia”, repara. “No se puede reclamar con más violencia”, dice mientras camina con un séquito detrás.
En la víspera de la visita de Estado donde se encontrará el jueves con el Presidente chino Xi Jinping, son evidentes los estragos de las pocas horas de sueño y del jet lag.
“Ando con un ojo al gato y otro al garabato”, dice. En realidad en su rostro están dibujadas unas pronunciadas ojeras, una mancha oscura que, con la extrema delgadez que aparenta, no hacen ver en su mejor momento al Presidente.
No ríe, no tiene muecas. Adusto, “afligido”, dice él.
“Pero cómo no si estoy preocupado por los acontecimientos (en México). Tenemos que hablarles a los padres, explicar. Es lo más importante”, repite.
Sin embargo, Peña insiste en que era imposible cancelar su viaje. “Ni siquiera pensar en que este viaje se pospusiera una semana, 10 días. No. A la Cumbre de APEC no faltó nadie”, aduce.
“Había que venir. El Gobierno chino fue muy insistente en que estuviéramos en la cena del lunes. Por eso al final adelanté la salida para estar en la cena”, confía y, junto con el Canciller José Antonio Meade, enumera Mandatarios con problemas y que aun así vinieron a China.
No habla de los otros escándalos: la “Casa Blanca” de Las Lomas, por ejemplo. Ni del firme reclamo del Primer Ministro chino, Li Keqiang, por la cancelación del concurso de la obra del tren rápido México-Querétaro ganado por la empresa China Railway Construction Corporation.
Peña confía en haber salido bien librado del trance tenso durante el encuentro del martes con Li Keqiang, quien exigió certeza y trato justo a las empresas chinas en México.
El Presidente mexicano no parece inquieto.
“Era lógico. Lo esperábamos. Lo más importante fue que dijimos claramente qué iba a proceder. Más vale tener certidumbre y dar certidumbre que tener una obra cuestionada. Creo que lo entendieron. Fue aclarado”, explicó.
La de este miércoles fue una jornada más relajada. Inició tarde, con la primera reunión después de las 11 de la mañana con el Alcalde de Shanghai. Los Secretarios de Estado bajaron a desayunar al filo de las 10 y llegaron justo para salir con todo el grupo para el encuentro con el gobernante local.
Tras esa reunión, Peña retornó al hotel donde se hospedó para clausurar el Foro de Negocios. Participó en dos mesas anexas, una con agricultores de “berries” (fresas, frambuesas, zarzamoras, arándanos) quienes ofrecieron al mercado chino los frutos rojos y guindas, y luego acudió con tequileros en el marco del anuncio del proyecto Casa Tequila, un lugar de degustación y venta de tequilas poco conocidos en México pero que tendrán proyección en Shanghai.
Óscar Mata, empresario de Tequila Fogata, dijo que apenas esta semana habían llegado dos contenedores con 10 mil botellas de 750 mililitros cada una, listos para entrar al mercado chino.
Su socio oriental Charles Wu afirmó que apuntan al gusto de los jóvenes bebedores chinos de entre 25 a 40 años de edad. Mata dijo que su reto es arrebatar el gusto juvenil por el whisky Chivas Regal que acostumbran beber mezclado con té verde y presentar, a cambio, diferentes tequilas para combinaciones o para consumirse solo.
“Yo ya traje los tequilas, a Óscar le corresponde traer el mariachi”, bromeó Wu, el empresario que hizo el gasto para abrir Casa Tequila.
“Es un gran paso. Se han destrabado problemas para la exportación de productos primarios y también para que el tequila tenga denominación de origen y se impida imitación del producto”, festejó Ildefonso Guajardo, titular de Economía, quien destacó la visita y rebajó la inquietud del Gobierno chino sobre el tema del tren.
“La visita sirvió para poner en contexto la decisión (cancelación de la licitación); una definición para que el proyecto tenga solidez. Es mucho mejor tener un proceso que esté garantizado en términos de su transparencia y su solidez para que no haya fragilidades”, abundó.
La comitiva de Peña aprovechó para ver trenes rápidos. Subieron al tren Shanghai Maglev, considerado el más rápido del mundo, que recorre sus distancias hasta en 430 kilómetros por hora. En 8 minutos llega al aeropuerto internacional desde una estación distante a 30 kilómetros La característica del tren es que funciona con una tecnología de levitación magnética, va prácticamente adherido al piso y se desplaza sin ruedas.
Eso sí, la tecnología no es china sino alemana.
Peña dio la vuelta en tren en un cuarto de hora (ida y vuelta). Arreglando el mundo en 15 minutos.
BEIJING.- Wen Yu Fang tiene nueve años y medio de edad.
Cuando sea grande quiere ser maestra. Este jueves se levantó a las 6 de la mañana en su casa del barrio de Ho-yang para cumplir una misión: gritarle decenas de veces “¡Bienvenido!” al Presidente de México, Enrique Peña Nieto.
La niña trae abrigo rojo, como la bandera de su país.
Impecablemente peinada, portando botas negras, sonriente, viene con decenas de compañeros de su escuela Fu Xuehong Tong. Su maestra Lian Jin Wen los pone quietos. Los forma en filas de 4 por 20. Son los alumnos de cuarto y quinto año. Todos saben inglés y lo hablan con soltura.
Pero de México saben poco.
“Está muy cerca de aquí”, dice un niño pelado a rape y de lentes, uno de los más inquietos del grupo. Aunque está más cerca Francia, alega.
La niña Wen dice estar maravillada con los sombreros que usan los mexicanos. Con sus manos trata de dibujar en el aire un sombrero de mariachi, de ala ancha. “Son grandes y muy bonitos”, comenta riendo.
Wen desayunó un vaso de leche y dos huevos. Venía a gritar y lo hizo con entusiasmo cuando tuvo de frente a su Presidente Xi Jinping y al mexicano Peña.
Gritó y brincó con un ramo de flores que portaba en su mano derecha. Los presidentes pasaron “revista” a los chamacos quienes pusieron el toque alegre a una ceremonia solemne que duró diez minutos.
La visita de Estado de Peña inició con un cambio de último momento: la ceremonia iba a realizarse en una explanada, pero por el clima de 8 grados, el ligero y crudo viento, pero sobre todo por la contaminación, se hizo a puerta cerrada.
El Gran Salón del Pueblo fue la sede.
Los Mandatarios entraron juntos por la puerta norte y saludaron primero a la comitiva china con varios Ministros y luego a la mexicana, con sus Secretarios de Estado.
Tras los saludos, ambos caminaron 10 metros y subieron a un estrado. En la alfombra roja estaba dibujada una estrella diminuta. Sobre ella se paró Xi Jinping. A unos centímetros estaba dibujado un círculo, la señal donde se tenía que parar Peña.
La banda militar ejecutó los himnos nacionales: primero el mexicano, luego el chino.
No hubo salvas por estar en un interior. Regularmente hay 21 salvas de rigor. Tras los himnos, el comandante de la guardia de honor pidió a Peña pasar revista.
El Mandatario mexicano descendió del estrado manteniéndose del lado derecho del Presidente chino. Caminaron hacia la izquierda sobre la alfombra roja y en una esquina se detuvieron para saludar a la Bandera del Ejército Popular de Liberación.
Dieron vuelta y ahora Peña se colocó a la izquierda de su anfitrión. Pasaron frente a toda la guardia y ya de salida se toparon con los niños.
Al grito de la maestra Lian Jin dieron la bienvenida con gritos y sonrisas.
Los Presidentes y sus comitivas desaparecieron en un santiamén. Iban a platicar por una hora en el Salón Este y luego a firmar 14 acuerdos en materia económica, sanitaria, agrícola, científica, tecnológica y hasta uno sobre la supervisión de calidad del tequila.
Las sonrisas infantiles dieron el toque diferente. El remanso entre tanto malestar.
Roberto Zamarripa
