Doy una parte de mi corazón a bordo del Black Hawk: Coronel Enrique Briceño

El helicóptero Black Hawk. Foto: EspecialMéxico, 21 de septiembre.- El Coronel Enrique Briceño Martínez, comandante de la escuadrilla UH-60, habla de su vocación por volar y por servir al país.

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Siempre me ilusionó la aviación. A pesar de que mis orígenes son humildes, pues crecí en una ranchería, nunca se me quitó el deseo. La aviación parecía muy lejos de mi alcance, pero tuve la fortuna de haber ingresado a la Escuela Militar de Aviación. Ahí es donde me formé y me capacité como aviador.

Recuerdo la primera vez que volé un avión cuando era cadete militar. Fue un Stearman de doble ala, jamás lo olvidaré. En el transcurso de los años he volado diferentes tipos de aeronaves. Antes de los helicópteros, piloteaba aviones en las Fuerzas Aéreas, pero lo mío sin duda es el helicóptero, porque nunca hay un despegue igual a otro ni un aterrizaje igual a otro. Voy a lugares donde nadie ha llegado.

Cuando me enteré de que la Policía Federal había adquirido los Black Hawk, decidí abandonar las Fuerzas Aéreas. Me preguntaron: “¿Es determinante tu renuncia?”. Sólo pude contestar: “Lamentablemente, sí”. Y gracias a Dios, estoy aquí haciendo lo que me gusta. Es la faceta más digna y linda de mi vida, haber ingresado a una institución como la Policía Federal, para hacer lo que todavía pueda, en beneficio de la sociedad mexicana.

No es fácil, una hora allá arriba equivale a ocho horas de trabajo en tierra, por el estrés y la responsabilidad que llevamos. El miedo siempre está ahí, sobre todo cuando se va a una misión en donde el combate es inminente, pero hay que tener valor para controlar al miedo. En realidad, para mí, el miedo mayúsculo que he tenido es que algún día me corran por alguna indisciplina o algún otro aspecto. Ese es mi miedo, que me despidan y no poder tener mis alas.

En el transcurso de mi vida militar y policial, hemos tenido enfrentamientos y nunca se sabe en qué momento puede llegar una bala, pero cuando uno está en vuelo en una aeronave como esta, un Black Hawk, que es tan potente y se siente tan confortable en el aire, no se percibe el miedo, es hasta después cuando se valora lo que pudo haber acontecido.

En una ocasión, nos atacaron de frente con ametralladoras de calibre 50. El helicóptero es fuerte y soportó los impactos de ese calibre, que es para derribar cualquier aeronave. Sin embargo, yo me empecé a sentir mal, no porque me hubieran disparado, sino porque permití que dañaran un Black Hawk. Sé que estaba fuera de mi alcance, hay que sacar el ímpetu, la garra, el pundonor y tratar de defenderse porque es una agresión a la institución, al Estado, a la soberanía de México.

Me sentí mal porque, para mí, operar una aeronave es como si mi cuerpo se fundiera con ella. Es difícil explicar la sensación al volar; además, una cosa es volarlo y otra, operarlo, conocer bien cómo funciona. Este es mi trabajo y lo adoro. Para mí, hacer esto no es trabajar. Lo que más me gusta es dar, lo poco o mucho que pueda, por mi país, a bordo de un Black Hawk.

Lo más lindo que me ha pasado es haber servido a mi país, a mi patria, desde que estaba en la Fuerza Aérea y ahora en la Policía Federal, saber que puedo dar algo de mi corazón para tratar de proteger a la ciudadanía, a México.

Cynthia Arvide

Redacción

Estado Mayor

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