Los sospechosos de siempre

General de División Melo García. Foto: EspecialPara el mando militar en Sinaloa fue un ataque directo donde la policía municipal se “excedió” contra dos integrantes del octavo batallón de infantería que estaban en su día de descanso. Tras los sucesos del lunes 18 de marzo, donde murieron dos militares abatidos por la policía de Mazatlán, hubo despidos y se llamó la atención sobre las siempre “sospechosas relaciones” de los mandos policiales en el estado.

Anuncios

México, 25 de marzo.- Fue una alerta que llegó de madruga, pocas horas antes que comenzara la actividad en las instalaciones del octavo batallón de infantería en Mazatlán, Sinaloa. Cuando el coronel Juan Manuel Molina, comandante de la unidad, recibió el reporte que dos de sus hombres habían sido abatidos a tiros en su día de descanso, ordenó a un pelotón, integrado por 10 soldados, se trasladara al lugar del suceso. Los primeros reportes que recibió apuntaban a un ataque directo de la policía municipal contra un teniente y a un cabo.

Al amanecer en el primer parte de novedades que recibió en su cuartel en Mazatlán el general de división Moisés Melo García, comandante de la tercera región militar con jurisdicción en Durango y Sinaloa, era que los policías habían disparado a mansalva a los militares quienes estaban en su día franco. Hubo un cruce de llamadas telefónicas y en pocos minutos, el divisionario se trasladó con un reducido grupo de colaboradores al lugar de los hechos muy cerca de las instalaciones castrenses.

La versión que difundieron las autoridades policiales de Sinaloa refería que el teniente Mario Aquino Ramírez y el cabo Nínive Fermín Ramírez, iban a bordo de una camioneta modelo Caravan color arena por calles de la colonia Ramón F. Iturbide. Detuvieron la marcha donde se encontraba una pareja, y de acuerdo a testigos,  obligaron a una mujer a subir con ellos al vehículo. Una versión refiere que hubo forcejeo y se detonó una arma, posteriormente durante la investigación se encontrarían casquillos en el sitio. Los disparos hicieron que se reportara el hecho poco después de la 01:30 del lunes a la policía municipal, quienes se apersonaron en el lugar para marcarles el alto a los militares. Cuando llegó la patrulla, la camioneta arrancó y comenzó una persecución que se prolongó por varias calles y avenidas del sur de Mazatlán. Según las autoridades municipales, la unidad se impactó contra un negocio de venta de cerveza, ubicado en las inmediaciones de las instalaciones castrenses que albergan el cuartel de la tercera región militar y la sede del octavo batallón de infantería. En ese sitio la mujer descendió del vehículo para salir del lugar. Cuando los agentes llegaron comenzaron los disparos y ahí quedaron sin vida los dos militares.

Cuando el general Melo García llegó al lugar los reporteros lo abordaron y sin ocultar su molestia, dijo que los dos fallecidos venían desarmados y nunca habían intentado “levantar” a la mujer, como difundió la policía. Parco y a ratos hermético, el divisionario manifestó que los agentes se habían excedido, pues los militares no dispararon, por lo que solicitaría a las autoridades del estado aplicar todo el peso de la ley.

En medio de la confusión y con la irritación visible en su rostro, el general se retiró del lugar y por la tarde del lunes 18 se supo que había llamado a sus oficinas de la región militar al procurador de justicia del estado, Marco Antonio Higuera Gómez, al titular de la policía ministerial en la entidad, Jesús Antonio Aguilar Íñiguez y al director de seguridad pública en Mazatlán, el comandante Alejandro García Medrano.

Al servicio del narco

Su pista se le perdió cinco días después de que en la plaza Cinepolis, en Culiacán, un comando armado abatiera al líder del cártel de Juárez, Rodolfo Carrillo Fuentes quien salía del lugar junto a su esposa. Era septiembre del año 2004 cuando la noticia del asesinato del hermano menor del fallecido Amado Carrillo Fuentes, quien se hizo célebre por el mote del “Señor de los Cielos”, acaparó las portadas de los principales diarios del país. El dato que levantó suspicacias era que el capo y su mujer traían escolta de la policía ministerial del estado, la antigua policía judicial, la cual estaba bajo la dirección de Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, conocido en Sinaloa como “Chuy Toño”. Desde aquel suceso, este hombre pasó a ser prófugo de la justicia después de que un juzgado de distrito girara orden de aprehensión en su contra por su presunta relación en labores de protección a los jefes del llamado cártel de Juárez.

Cuatro años y seis meses después, “Chuy Toño” reapareció luego de que un tribunal colegiado lo exonerara de todo cargo, y tras una sentencia de amparo a su favor, se determinó que las evidencias que la subprocuraduría de Investigación contra la Delincuencia Organizada (Siedo) presentó en su contra, eran “insuficientes” para procesarlo  penalmente. Al paso del tiempo volvió a posicionarse en el tablero político cuando a finales del año 2010 el gobernador electo de Sinaloa, Mario López Valdez, lo nombró asesor en materia de seguridad. Cuando comenzó su gobierno, se mantuvo en la asesoría pero al paso del tiempo fue designado en su antiguo cargo al frente de la policía ministerial del estado. Cuestionado sobre los antecedentes de su colaborador, el gobernador declaró en aquellos días que “con blancas palomas” no podría enfrentar al crimen organizado, por lo que el jefe policiaco tenía todo su respaldo y confianza.

Sin embargo ante la mirada de los comandantes militares que desde el año 2009, cuando quedó exonerado, han pasado por la novena zona militar, con cuartel en Culiacán, y quienes han estado al frente de la tercera región con sede en Mazatlán, “Chuy Toño” y su equipo más cercano no goza de todas las confianzas. Son públicos varios testimonios en la prensa local que arrojan más claroscuros que certezas sobre su persona. De acuerdo a fuentes militares en Sinaloa y en la ciudad de México, se sabe que la “primera línea” del narcotráfico en este y otros estados del país lo constituye la policía municipal, seguida de la ministerial y la estatal preventiva. A esta relación, se le conoce en el argot militar, como “la estructura de protección policiaca” del narco.

A rodar cabezas

El general Melo García habló fuerte y de frente a los tres funcionarios con quienes tuvo aquella encerrona la tarde del lunes 18 en su oficina de la región militar. Cuando el procurador del estado, el jefe de la ministerial en la entidad y el titular de seguridad municipal de Mazatlán salieron de las instalaciones, no hicieron declaraciones y de acuerdo a varios reporteros que los esperaban, los tres traían el rostro desencajado. No pasarían ni 48 horas cuando se anunció que el comandante en jefe de la policía municipal, Alejandro García Medrano, había sido cesado de su cargo, junto con él se iba Jesús Eduardo Paredes Galindo, quien se desempeñaba como jefe operativo de la corporación en el puerto.

García Medrano es un hombre de todas las confianzas de “Chuy Toño”, tras el anuncio de su despido, el ex funcionario municipal declaró que regresaba a su base de la policía ministerial en Culiacán, para quedar bajo la sombra de su jefe. Sobre él y su equipo circuló la sospecha de estar coludidos con los pistoleros que protagonizaron algunas vendettas durante el último año en el puerto. Nunca se formularon acusaciones judiciales, pero los reportes que llegaron a la comandancia militar fueron que algunos agentes tenían contactos con el clan de los hermanos José Luis y Samuel Lizárraga Ontiveros, el primero detenido en 2011 y el otro prófugo de la justicia. Al segundo se le conoce como “el tortillero”, y está identificado como jefe del grupo de “los mazatlecos”, pistoleros a las órdenes del clan de los Beltrán Leyva, socios de los Carrillo Fuentes, confrontados desde 2008 con sus antiguos aliados Joaquín “el Chapo” Guzmán e Ismael “el Mayo” Zambada.

Tras la separación de García Medrano, el procurador del estado rectificó la versión de los hechos que difundió la policía municipal. El miércoles 20 de marzo dijo que los militares nunca dispararon sus armas, y que tras una revisión de los vídeos de las cámaras de seguridad instaladas en la zona, nunca hubo una persecución. Confirmó que una mujer viajaba con los militares en la camioneta, pero se negó a profundizar si como declaró la aludida, había una relación de amistad y cercanía con uno de los fallecidos. Informó que había siete policías sujetos a investigación de los cuales, al paso de las horas, solo a cuatro se les imputaron los cargos de homicidio y abuso de autoridad.

No abundó sobre la información que difundió la policía municipal, en el sentido que dentro de la camioneta se encontró un arma corta y dos teléfonos celulares. Tampoco sobre los antecedentes penales de la mujer, según versión de la misma procuraduría, de quien no quiso ahondar sobre su relación con los fallecidos.

Control de la información

La noche del lunes 18 de marzo, cuando el general Melo García se despidió de los tres funcionarios del estado que recibió en su oficina, se sabía que la orden a las tropas del octavo batallón de infantería era guardar absoluto secreto sobre lo ocurrido. Ni una palabra a sus conocidos sobre el suceso y un absoluto control a la información sobre lo que había pasado.

El general había hablado varias veces con el gobernador del estado a quien le había transmitido su disgusto contra los jefes de la corporación en el puerto. De acuerdo a un par de fuentes en la comandancia militar en Mazatlán, se acordó la separación del cargo de los comandantes García Medrano y Paredes Galindo, así como una nueva lectura de los hechos en voz del procurador de justicia del estado.

Melo García, quien antes de su ascenso a divisionario, estuvo al frente de la novena zona militar en Culiacán y antes en la décima zona en Durango, es un hombre que conoce muy bien el accionar de las redes del narcotráfico en esta región del país. Sus allegados señalan que tiene conocimiento sobre los contactos con los que opera la policía en el estado. De ahí su desconfianza a los sospechosos de siempre, las policías municipales, y los jefes de otras corporaciones. La noche del jueves 21 de marzo, cuando un artefacto explotó en el interior de un restaurante en la zona dorada de Mazatlán, provocando lesiones a cuatro personas, ordenó que personal militar se presentara en el lugar. Ante la versión de que se trató de un granadazo, funcionarios del estado como el secretario de Turismo, Francisco Córdova Celaya, salieron al paso de éstas versiones para asegurar que había sido un cohete que no causó daños mayores. Sin embargo, ante el suceso del lunes que costó la vida a los dos militares, y la explosión del jueves, Mazatlán volvía a aparecer como foco rojo en el mapa de la violencia.

Juan Veledíaz

Estado Mayor

Anuncios

  5 comments for “Los sospechosos de siempre

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *