Lo que deja el Presidente… Y lo que dejan los hijos de puta…

México, 26 de noviembre (Milenio Diario).- Hay, cuando termina un sexenio, numerosos aspectos que permiten evaluar la gestión de un presidente de la República (educación, empleo, salud, etcétera). Me aboco a la seguridad, a la guerra contra el crimen organizado y entre delincuentes, porque es el tema que ha marcado estos seis años de gobierno que fenecen. Es el asunto que tatuará la historia de Felipe Calderón en los próximos meses y años. Además, lo escojo porque es el tema que más he querido reportear. Y aunque no lo hubiera querido así: es el que más he debido y he tenido que reportear…

¿Qué deja el Presidente? Según el recuento de MILENIO, la guerra que emprendió, a nombre del Estado mexicano, deja 58 mil muertos. Son, en promedio, 26 ejecuciones por día. Deja, también, como lo publiqué aquí hace un par de semanas, con información recabada por mi compañero reportero Rubén Mosso, cuatro mil caídos entre las fuerzas federales, estatales y municipales. Soldados, marinos, policías. En promedio, casi dos caídos por día, alrededor de 666 por año.

Es un gran charco de sangre. Sí. Quien diga que no, padece daltonismo político. Y atrás de cada cifra, de cada muerto, de cada viuda, de cada huérfano, de padres mutilados de sus hijos, hay historias con rostros de terrible dolor. Lamentables muertes. Sobre todo, cuando se ha tratado de víctimas inocentes que no estaban involucradas en el crimen organizado: secuestrados, levantados, desaparecidos, ejecutados por rehusarse a pagar el infame pisaje, el cobro de extorsiones a cualquiera que tiene un changarro.

¿De qué es responsable Felipe Calderón? Sin duda, sin matices, de los cuatro mil caídos entre las fuerzas del Estado. Él, como Comandante en Jefe, los mandó a la guerra. Los envió a balearse contra los narcos y sus ramificaciones torcidas. Él no mató a los marinos, a los soldados, a los policías federales, pero él es responsable de esas muertes (como los gobernadores y presidentes municipales de sus efectivos mal armados y mal pagados). Viéndonos a los ojos, el Presidente no puede negarlo ni matizarlo: sería deshonroso para él y denigrante para quienes, ya caídos, él mismo llamó “héroes”.

¿Y de los otros muertos, de los otros 54 mil muertos? No. Es una infamia política decir que son “los muertos de Calderón”. Y si vamos a aceptar eso, entonces los muertos a partir del sábado son “los muertos de Enrique Peña Nieto”, como lo serían ya, en Morelos, del gobernador Graco Ramírez. Los que secuestran, ejecutan, decapitan, mutilan, pozolean, extorsionan, son los hijos de puta criminales. Aquí lo dijimos hace mucho Ciro Gómez Leyva, Héctor Aguilar Camín y yo: contra ellos hay que volvernos todos como sociedad.

Ellos son los que dejan el mayor charco se sangre. Y ellos son los que seguirán acrecentándolo…

Juan Pablo Becerra-Acosta

Doble Fondo

Opinión

Milenio Diario

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