México, 26 de mayo.- El general, experto en Inteligencia Militar, con muchos años de experiencia a cuestas, Gerardo Mérida Sánchez no recibió instrucción alguna del alto mando militar para entregarse a las autoridades de Estados Unidos. Ni siquiera consultó, como era lógico, antes de hacerlo.

¿Por qué tomó esta decisión? Sigue siendo un misterio. A no ser que se acepte un acto impulsivo, de inmensa ingenuidad, por parte del jefe militar. Que se crea que decidió acudir a Estados Unidos convencido de su inocencia, seguro de que una vez que lo escucharán rectificarían y sería exonerado.
No parece haber medido con eficiencia la realidad. O, si se quiere, la realidad norteamericana bajo la presidencia de Donald Trump es impredecible.
Lo cierto es que su decisión de entregarse a las autoridades del vecino país vino a enturbiar el ambiente político alrededor de las acusaciones contra 10 protagonistas del poder en Sinaloa, que no pueden equiparse entre sí, porque no es igual el poder que tuvo un gobernador al que detentó un policía acusado de asesinato.
La declaración, ofensiva en exceso, de la gobernadora en funciones, sustituta de Rubén Rocha, doña Yeraldine Bonilla, de que el general Mérida habría sido enviado por la SEDENA provocó un enojo inmenso, visible, verbal incluso, en la persona del jefe de la novena zona militar, general Santos Gerardo Soto, quien según publicaciones habría llamado “sinvergüenza” y cómplice del crimen organizado a dicha señora.
Lo siguiente fue un cambio, inserto en otros cambios institucionales, de titular de dicha zona militar.
Todo esto inédito en la relación entre militares y el poder civil en las entidades federativas.
Se publicó, también sin desmentidos, que la señora gobernadora se habría quejado con la doctora Sheinbaum directamente, sin acudir al titular de la Defensa Nacional.
En todo este entramado inédito, con protagonismo de generales en activo y en situación de retiro, surge el nombre del general Audomaro Martínez Zapata. Quien habría sido responsable de recomendar al general Mérida con el gobernador Rocha. Lo que se advierte muy probable por su coincidencia el sexenio pasado en asuntos de Inteligencia.
Audomaro es un militar muy cercano, amigo, del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Fue, tal vez siga siendo, una de las pocas voces que éste escuchó en temas militares, antes de sus nombramientos y también durante su presidencia. Lo que lo convierte en receptor de agresiones que tienen como destinatario al expresidente.
Por eso leemos, y habremos de leer, tanto su nombre en los medios de comunicación. Es un destinatario consentido, un villano favorito de analistas civiles con poca simpatía por AMLO.
¿En qué acabará esto? Nuevo titular de la Novena Zona Militar. Misma gobernadora. Exgobernador citado, pero únicamente para declarar, en la Fiscalía General de la República, El general Mérida en la cárcel, quién sabe si tiene dinero para pagar en abogado, esperando un juicio desalmado en su contra. Audomaro quién sabe dónde y con quién.
Generales en boca del diablo, como no habíamos visto antes.
Isabel Arvide / @isabelarvide / EstadoMayor.mx
