Entrevista con la General de Brigada de Estado Mayor, Olga Juárez Patiño

México, 6 de marzo.- Cercano a la conmemoración anual del Día de la Mujer, el anuncio del ascenso de la ya general, médico cirujano, Olga Juárez Patiño se convirtió en motivo de alegría y, sobre todo, de optimismo para las mujeres militares que comprobaron que ya no existe límite para su desempeño profesional.

La historia de la hoy General de Brigada, es decir dos estrellas en su uniforme, corresponde a una generación de mujeres con vocación castrense que tuvieron como única opción entrar a la Escuela Militar de Enfermeras. Hoy las jóvenes pueden elegir la carrera militar que deseen, incluyendo aquella de Seguridad que las convierte en oficiales de la Guardia Nacional, Ingenieras, Pilotos, las opciones corresponden a total igualdad con las de sus compañeros hombres.

La General Juárez es la segunda mujer en convertirse en General de Brigada, que se traduce en el tercer mando más importante dentro del Ejército, y cuando se retire lo será de División, tres estrellas, el grado máximo. Nueva realidad castrense que cuando ella comenzó su carrera era imposible.

Recordemos que hoy las mujeres militares pueden llegar a ocupar la posición de mando superior, comandante de nuestro Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional. Y todas las jóvenes militares aspiran legítimamente a pertenecer al “generalato”. Largo camino recorrido hasta alcanzar la igualdad plena, desde aquellos días en que la mujer estaba limitada a convertirse en enfermera si quería ser militar.

No fue un camino fácil para la, también, médico cirujano Juárez Patiño, hoy directora del Hospital Militar de Especialidades de la Mujer y Neonatología.
Dejemos que ella lo cuente con sus palabras y recuerdos:

Cuando era niña la costumbre era que las mujeres no estudiaran, estaban para casarse y cuidar a los hijos. Padres, abuelos, estaban convencidos de esto en la ranchería donde vivía, en Guanajuato, vecina a Corralejo. Uno de sus tíos entró como cadete al Heroico Colegio Militar: “Yo lo veía con su uniforme, de manera muy impresionante, le decía que quería ser como él, y me contestaba que su escuela era de puros hombres. Yo le insistía cada vez que lo veía, esa era mi vocación, así me veía. Hasta que un día me respondió que me tenía buenas noticias, que había descubierto que había una escuela militar para mujeres donde podía entrar. Yo le respondí que cómo le hacía, toda emocionada, yo estaba estudiando secundaria, me gustaba sobresalir, iba a cumplir 15 años. Presenté todos los exámenes, conseguí permiso de papá y mamá porque era menor de edad”.

El gusto de aprender en una escuela únicamente para mujeres despertó otro objetivo en la hoy General de Brigada: “En la carrera de Enfermería estaba incluida la preparatoria, eso me sirvió porque mi siguiente paso, mi siguiente objetivo era ser médico, lo que no perdí de vista cuando me enviaron a Baja California, donde serví tres años y ya como Oficial, como Teniente, presenté los exámenes para entrar a la Escuela Médico Militar”.

Para ingresar como mujer no tuvo problemas, lo difícil fue permanecer porque se vivía un ambiente de gran competencia con los compañeros cadetes: “Dicen que quien se gradúa es porque tuvo mayor capacidad de adaptación. Cuando yo estudiaba había muchos comentarios, apuestas de que no me iba a graduar. Fui la primera enfermera militar en graduarme como médico militar en ese plantel. Yo nunca perdí mi objetivo. Muchos perdieron sus apuestas. El nivel que nos piden es muy alto, porque trabajamos con seres humanos. Lo vemos cuando nos encontramos en las unidades operativas, salvamos la vida a nuestros soldados, a sus derechohabientes”.

El siguiente ascenso a Teniente Coronel tuvo una pausa porque decidió hacer un paréntesis en su carrera militar para casarse, tener hijos. Así que, con el grado de Mayor, estando en el internado, se casó y tuvo dos hijas: “Lo hice a propósito, en esa parte de la maternidad sientes el llamado, yo tenía más de 30 años, el tiempo pasaba, se considera la mejor edad para embarazarse antes de los 35 años”.

En aquel momento la legislación militar no contemplaba estos espacios de apertura para embarazarse y tener hijos, se ha avanzado, pero no lo suficiente según la General de Brigada: “Nuestras autoridades están abriendo un sinfín de oportunidades para la mujer militar, aunque yo he recibido muchos comentarios sobre la dificultad que se tiene para planear un embarazo de acuerdo con la edad, y al mismo tiempo no perder promociones, poder ascender. Sigue siendo un tema muy complejo”.

Su decisión fue atender a sus pequeñas hijas: “O atendía a las pequeñas, que se llevan ocho meses, o me dedicaba más a la parte militar, para los ascensos. Esa fue mi pausa, sin embargo, seguí trabajando como médico. Afortunadamente entró al quite mi mamá que me apoyó infinitamente con mis hijas. Con mi marido fue muy complicado al ser militar también. Él tenía esa parte de no dejarme avanzar, de decir, tú ya hasta aquí. Tú ya no más. Yo quería ser especialista, quería seguir ascendiendo, él no lo aceptaba, decía que ya tenía a las niñas, que cómo iba a perder el tiempo en otras cosas. Porque ellos se van a sus comisiones, viajan, y esperan que sea la esposa quien se quede cuidando. Yo les digo a mis compañeros que ellos tienen una ventaja sobre nosotras, que ellos tienen a una esposa que los atiende, que no los limita, que no pone ninguna objeción para sus estudios, ustedes se ponen a estudiar para la promoción y no tienen que cambiar pañales”.

Continúa con sus recuerdos, comunes a otras mujeres militares de su antigüedad: “En esa parte yo sí sentí que no tuve, al menos en esa etapa no tuve ese apoyo. Yo sí me la creí, que hasta ahí había llegado. Mi marido me decía ya eres médico, hasta ahí. Pero algo interior me dijo que no, que debía seguir con mi vida y con mis objetivos. Yo también ansiaba ser, yo veía a mis compañeros que ya habían entrado a la especialidad, quería participar. Y pues ahí hubo el rompimiento. Yo dije, si estoy bien, mis hijas van a estar bien”.

Cuando entró a la especialidad era “impensable que hubiera mujeres cirujanas generales, o ginecólogas, ginecobstetras, la que rompió esa barrera fue la General Clementina, también la doctora Mari. Ellas hicieron la especialidad por fuera, ellas abren esa brecha, se rompe el tabú, empieza a fluir todo un poco más, aunque no había cirujanas, era el Club de Tobi, que esperanza que hubiese ortopedistas, o urólogas, ahora ya hay, ya estamos incursionando, ha habido un gran cambio”.

Enumera una realidad diferente para las mujeres militares: “Ahora hay zapadoras, artilleras, de infantería, y ahora existe una gran apertura de oportunidades para todas. Únicamente necesitamos más tiempo para llegar a donde debemos de llegar. Ya hay mujeres de Estado Mayor, lo que era impensable: entrar a la Escuela Superior de Guerra”.

Ascendió a Coronel a finales del 2016, dice que tardó 12 años porque “había muchísimos Tenientes Coroneles con más antigüedad que yo, fueron ascendiendo… luego cambiaron eso de la antigüedad, contaba también la participación, el nivel de capacitación, la experiencia en las Unidades, se hizo más equitativo, más igualitario ascender, luego vino el ascenso a General… al principio ni yo me la creía”.

Para la General de Brigada ha sido muy gratificante su largo paso por la carrera militar, ya que fue una gran oportunidad la que le dieron para servir, superar barreras, permanecer en la institución castrense. Ella se veía, desde su paso por la Escuela Militar de Enfermeras, como médico, ese fue su objetivo principal, afirma que el Ejército le ha dado todo: “Me dio cobijo cuando lo necesité, valores éticos, educación, le dio educación a mis hijas con becas. Ahora en el Hospital de la Mujer es un gran cambio, tenemos grandes proyectos, yo quiero darle a la institución militar todo hasta el último día, sin importar en qué jerarquía, si después del retiro me sigue necesitando yo estaría dispuesta, veo mi futuro trabajando”.

Isabel Arvide / @isabelarvide / EstadoMayor.mx

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