La soledad del General

México, 4 de diciembre.- El presidente Enrique Peña Nieto está molesto. No es para menos, a dos años de iniciada su administración, poco se habla de las muy publicitadas reformas estructurales, el pacto por México se encuentra completamente destruido, el crecimiento económico del país se da en porcentajes muy inferiores a los proyectados, los rumores de una posible fractura entre los integrantes de su gabinete se hacen cada vez más frecuentes y la protestas sociales cuestionando su capacidad para dirigir al país son el pan nuestro de cada día.

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Pero si hay algo que perturba las noches del Primer Mandatario son 65 poderosas razones: 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa y 22 presuntos criminales ejecutados en Tlatlaya. En ambos casos, aparece involucrado (directa o indirectamente) el Ejército Mexicano, uno de los bastiones mexicanos, en lo que a nivel de confianza se refiere.

Desde el primer día de su sexenio, Peña Nieto ha puesto especial énfasis en el bienestar y en el correcto actuar de las Fuerzas Armadas en tareas de Seguridad Pública, los más de 100 mil muertos durante la mal llamada “guerra de Calderón” exigía esta especial atención.

Para asegurarse que la percepción mejorara y el desarrollo de las tareas castrenses se diera en un marco legal con un irrestricto respeto a los Derechos Humanos, el presidente nombró a uno de sus amigos más cercanos durante su periodo como Gobernador del Estado de México para dirigir a los soldados de la Nación: al General Salvador Cienfuegos.

Con la fama de tener un carácter rígido y poco amable para los medios de comunicación, el General Cienfuegos y el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas no hesitaban en mostrar su cercanía cada vez que coincidían en algún evento. Las risas, los abrazos y una cercanía corporal poco habitual en los mandatarios alrededor del mundo, eran una constante entre los personajes antes mencionados.

Sin embargo, esos días de carcajadas y ver juntos los partidos de la selección mexicana de futbol parecen haber quedado atrás, la relación si bien no se ha destruido, ha pasado a ser meramente protocolaria, por lo menos ante los medios de comunicación.

La situación no es para menos, las ejecuciones sumarias perpetradas en Tlatlaya a manos de un batallón de efectivos militares y la inacción del Ejército ante las balaceras ocurridas el 26 de noviembre en Ayotzinapa, levantaron el cuestionamiento de si nuestros fuerzas armadas se encuentran en las manos correctas.

Habrá quien diga que el General Cienfuegos es la persona más informada del gabinete y que durante su comparecencia ante Diputados nadie se atrevió a cuestionarlo en vista de lo bien armado de su expediente y argumentos.

En el sentido estricto de la palabra, el postulado anterior es cierto, los legisladores mantuvieron prudencia y respetaron en todo momento la envestidura del General de cuatro estrellas. Sin embargo, también se debe resaltar que no hicieron cuestionamientos sobre el caso Tlatlaya y que aceptaron argumentos tan inverosímiles como: “los efectivos del cuartel de Iguala no escucharon las detonaciones de arma fuego en vista de que estaba lloviendo”.

El verdadero cuestionamiento para el General Secretario, no viene de las entrañas del gobierno o del palacio legislativo, sino que vienen de donde más duelen: de la sociedad y de los Estados Unidos.

En primer lugar, el Ejército Mexicano ha caído en su índice de confianza de un 69% a un 60%, en un periodo de 11 meses (http://www.parametria.com.mx/carta_parametrica.php?cp=4622). De la misma forma, las agencias estadounidenses de seguridad como la DEA se rehúsa constantemente a trabajar con el Ejército Mexicano, debido a su niveles de corrupción, lo cual ha derivado en un decrecimiento de las detenciones y aseguramientos de alto impacto por parte de los castrenses, en beneficio de la Marina-Armada de México, quienes sí trabajan en coordinación con la DEA, reciben todos los reportes de inteligencia estadounidenses y por ende hacen las grandes detenciones de las cuales han sido testigos todos los mexicanos.

Por otro lado, los recientes cambios en la Plana Mayor de la Secretaria de la Defensa Nacional parecen indicar que el capacidad de mando total del General Cienfuegos sobre las tropas se reduce de manera alarmante.

Es cierto, los cambios se dan de manera orgánica, en vista del retiro por 40 años de servicio del Subsecretario de Defensa. Es cierto, los generales de división ascendidos no son extraños para el General Cienfuegos. Pero si se toma en cuenta la experiencia previa de dichos generales en acciones contra la guerrilla y el narcotráfico, tal pareciera que e presidente de la República le está mandando un mensaje su amigo: las decisiones estratégicas ya no serán tomadas por una sola persona, sino por un grupo de especialistas.

Por último, si todavía se duda que la cadena de mando al interior del Ejército se encuentra vulnerada, bien vale rescatar las declaraciones del General de División Mario Marco Antonio González Barreda, quien en la ceremonia de entrega de condecoraciones de retiro aseguró lo siguiente: “Afortunadamente nuestra institución, se ha demostrado, basa su actuación a todos los principios doctrinarios y legales que la protegen, por lo que los errores cometidos son atribuibles a las personas que en un momento toman una decisión equivocada y a quienes, invariablemente, se les ha aplicado la legislación vigente, respondiendo por sus acciones”.

La aseveración anterior resulta preocupante, sobretodo en una organización tan vertical como la castrense, ¿existen soldados tomando decisiones unilaterales, sin consultar a sus superiores?, ¿por qué si se ha aplicado la legislación vigente se tardó tanto en dar a conocer los entredichos del caso Tlatlaya?, ¿por qué se reservaron los expedientes de las autopsias correspondientes?.

Tal vez la situación actual del Alto Mando del Ejército se resuma en la postura del General Secretario ante la cancelación del desfile conmemorativo del 20 de noviembre. “Yo no lo cancelé”, dijo en su oportunidad Cienfuegos o desde otra perspectiva “A mí no me consultaron”.

Angel Silva Juárez

@Usul16

Estado Mayor

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