México, 13 de febrero (Reforma).- Identificar a un agresor y no disparar hasta tenerlo en la mira, es la principal instrucción que “Tigre” ordena a su tropa antes de cualquier operación de seguridad.
Ayer, a este capitán del Ejército le tocó patrullar la zona rural de Apatzingán. Se coordinó con “Quetzal”, otro mando que fue haciendo pinza en las brechas.
Durante el trayecto no soltó el fusil de asalto FX-05. Arma que usa municiones calibre 7.62 milímetros con punta verde.
“Esas son trazantes y perforantes”, resume un compañero esbozado y que porta lentes negros.
– “¿Qué denuncias son las más frecuentes por parte de los ciudadanos?”, se le inquirió a “Tigre”.
“Al principio, cuando llegamos aquí (hace dos meses) los ciudadanos no querían ni hablar por temor a represalias por parte de la delincuencia. Decían que ellos (Los Templarios) se daban cuenta quién hablaba y después los levantaban y los asesinaban”, manifestó el mando militar con 18 años de vida castrense.
“Ahora, la gente se va acercando más, ya nos tiene más confianza. Ellos nos dicen que no tienen la ubicación de Los Caballeros Templarios porque han huido al monte, han huido a los cerros, eso dicen”.
Pero eso no es motivo para bajar la guardia. Al contrario, ayer el capitán miró hasta por el rabillo del ojo sobre la carretera a Buenavista.
A diferencia de la Policía Federal, que realiza operaciones en coordinación con los grupos de autodefensa, el Ejército mantiene su distancia con los guardias comunitarios, que desde el pasado sábado comenzaron a rodear a Apatzingán.
“Las operaciones se llevan a cabo en coordinación con la autoridad civil, pero son independientes a las que realizan las autodefensas con autoridades civiles (Policía Federal)”, aclaró el capitán.
“Acá Tigre a Quetzal, tu posición”, se escucha a cada momento por la radio de transmisión durante el patrullaje.
El capitán fue seguido por tropa del 12 Batallón de la Policía Militar. Tiene la misión de “peinar” todos los días las comunidades que rodean a Apatzingán.
Ayer, el mando acudió a San Juan de los Plátanos, base célebre de los grupos de autodefensa hasta hace unos meses.
El convoy militar pasó por barricadas abandonadas y luego por un camino sin pavimentar.
Con la mano derecha en el fusil y la izquierda en su radio de transmisión, ordenó al sargento chofer ingresar al centro de San Juan de los Plátanos.
Bastó con algunas indicaciones de su mano para desplegar a sus soldados en el perímetro donde descendió el convoy.
“¿Todo tranquilo, no han visto a ninguno de aquellos (templarios) por aquí?”, preguntó a don Daniel García, un comunero que descansaba en una sombra.
“Todo bien jefe, si acaso tenemos miedo es de alguien que venga a pie y nos quiera quebrar, porque por auto ya sabemos que no van a pasar”, le dijo.
Don Daniel aún recuerda que hasta hace unos meses, San Juan de los Plátanos era refugio de templarios.
“Pero nadie decía nada, teníamos el cuchillo en el cuello”, lamentó.
La información que el capitán obtiene al recorrer las comunidades es oro puro.
“Todo sirve, todo es valioso, hasta los rumores, así es como vamos entiendo esto y a la vez la gente nos va confiando sus temores, juntamos todo eso para que nuestro desempeño sea más eficiente”, confió “Tigre”, quien porta chaleco antibalas y casco blindado.
Siempre alertas
La mayor parte de la tropa desplegada en Apatzingán proviene de otros mandos territoriales.
“Tigre” ya se la sabe.
Ha estado comisionado en el combate al crimen organizado en Nuevo León, Tamaulipas, Chiapas y San Luis Potosí, por mencionar a los más recientes.
“Cuando llegamos aquí se nos proporcionan cartas (geográficas) militares para ubicarnos, así es como conocemos la ciudad y lo que hago también es comprar planos para tener más información, de brechas y caminos”, relató.
– “¿Qué le dice a la tropa?”, se le cuestionó.
“Que estén siempre bien alertas, de actuar con respeto a los derechos humanos que si hay un enfrentamiento que primero localicen un blanco, no disparar sin antes tener ubicado al blanco”, respondió mientras avanzan en las brechas.
Los recorridos en zonas rurales de Apatzingán, de acuerdo con el capitán, se llevan a cabo por turnos. Cada turno, de cuatro, realiza tres horas de recorrido, hasta volver a empezar.
“Nunca se deja de patrullar, nos levantamos cuando nos toque hacerlo otra vez”, añadió “Tigre”.
– “¿Y cómo sabe quiénes son delincuentes y quiénes son autodefensas?”, se le inquirió.
“Unos esconden sus armas por respeto y otros huyen o nos enfrentan”, refirió.
-¿Ya los enfrentaron?
“Por ahora no los hemos encontrado de frente”, aseguró.
Las comisiones de seguridad, afirmó el mando castrense, se prolongan entre dos y tres meses.
Sin embargo, en comparación con Reynosa, Tamaulipas, durante 2010 y 2011, el estado de Michoacán parece relajado para “Tigre”.
Al menos ayer no reportó a sus mandos ningún incidente en su recorrido.
Durante el regreso al cuartel, el convoy se encontró de frente con otros vehículos de la Policía Federal, así como con retenes de esa corporación y los grupos de autodefensa.
A los últimos, ni los voltearon a ver.
Benito Jiménez

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