El cadáver errante de Lazcano

México, 10 de octubre (La Razón).- Las muertes de los grandes capos de las drogas suelen estar cubiertas de una buena dosis de misterio. La de Heriberto Lazcano, quien perdió la vida en un enfrentamiento con elementos de la Armada de México en Sabinas, Coahuila, no va a ser la excepción.

Como su cadáver fue robado de una agencia funeraria, se abrirá un espacio para la especulación y la incredulidad.

Pero al margen de errores lamentables, como el de no resguardar el cuerpo del narcotraficante, atribuidos a la falta de información y de corroboración de datos, hay que ponderar la dimensión de la caída del líder del Cártel de Los Zetas.

El trabajo policial también es de suerte, pero para que ella exista se tiene que trabajar y mucho.

Si bien los marinos que se enfrentaron con Lazcano no tenían idea de con quién lo hacían, el encuentro se produjo porque había desplegado un operativo de seguridad en la zona.

Sin la presencia de los elementos de la Armada es muy probable que Lazcano y su guardaespaldas hubieran seguido su camino sin contratiempo alguno.

Es sin duda alguna, el episodio más importante desde que el presidente Felipe Calderón decidió implementar una estrategia de confrontación directa con el crimen organizado.

Lazcano, después de todo, era el fundador de Los Zetas, uno de los grupos delincuenciales más violentos de la historia de México.

Como muchos de sus primeros integrantes, Lazcano fue militar y llegó a cabo de infantería, antes de darse de baja de modo voluntario.

En Tamaulipas conoció a Osiel Cárdenas Guillén, el jefe del Cártel del Golfo y formó parte de su guardia personal.

Los Zetas evolucionaron, de labores de sicariato, a la construcción de un verdadero cártel de las drogas.

Cambiaron, de alguna forma, las coordenadas de comportamiento de los delincuentes y establecieron una cuota de violencia hasta entonces desconocida.

Establecieron condiciones de verdadero terror en Tamualipas, Nuevo León y Coahuila.

El reclutamiento de ex Kaibiles, por ejemplo, significó la macabra costumbre de las decapitaciones, que tenían el propósito de amedrentar a la sociedad y de retar a las autoridades.

Es probable que Miguel Ángel Treviño el Z 40, logre consolidar su liderazgo, pero esto no será tranquilo ni apacible.

Desde hace algunos meses la autoridad ha propinado golpes bastante severos a la organización de Los Zetas, y el de Lazcano va a tener consecuencias importantes, ya que él era el dueño de los contactos y el único que contaba con la capacidad de establecer negociaciones con otros grupos, como lo hizo con los residuos del cártel de los Beltrán Leyva y con integrantes del Cártel de Juárez.

Como se sabe, no hay final a la vista en la violencia generada por la rivalidad criminal y por la estrategia para tratar de contenerla, pero debemos reconocer que hay criminales que tienen una fuerza y significados propios, y uno de ellos era Lazcano.

Tampoco podremos evitar que inicie una leyenda alrededor de su cadáver desaparecido, como la que se construyó, por distintos motivos, con Amado Carrillo, Eladio Guerra o Ramón Arellano.

Julián Andrade

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