Militarización, violencia y COVID-19, la huella de la 4T en 2020

Ciudad de México/ 07 diciembre.- Se acaba el año y el balance en materia de seguridad de la 4T y su presidente, Andrés Manuel López Obrador es negativo por donde se le vea, tanto por el despliegue militar y naval alcanzado, como por las consecuencias inmediatas de los nuevos roles de las fuerzas armadas en la sociedad civil.

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Militarizar como la he hecho López Obrador ha significado abandonar la reforma, la restructuración, la reconstrucción y limpia de todos los cuerpos policiacos del país y de las estructuras que los soportan y que van más allá de las más de 2 mil corporaciones existentes en estados y municipios.

El año cierra con niveles de violencia y expansión de crimen organizado que no se habían vivido en los dos o tres últimos gobiernos, esos a los que la 4T responsabiliza de todos los males del país sin reconocer la gran cantidad de errores y omisiones cometidas en los dos primeros años de gobierno morenista.

Con un promedio de entre 70 y 80 asesinatos diarios en todo el país, y con el estado de Guanajuato prácticamente tomado por la guerra entre el CJNG, el de Santa Rosa de Lima (o lo que queda de el) y facciones de otros grupos delictivos de la región, el discurso triunfalista del presidente ha sido incapaz de ocultar las cifras de la violencia creciente que todos los días queda plasmada en las redes sociales a contrapelo de las mañaneras sonrientes del inquilino de Palacio Nacional.

No son solo los números de la violencia imparable de los cárteles; es también la violencia de género que no se detiene y aumenta cada vez que el gobierno fedeer5al y los estatales y municipales alzan la voz para decir que se está luchando contra ese fenómeno. La prensa nacional na reportado que en los primeros seis meses del 2019 se denunciaron 448 presuntos feminicidios, frente a 424 reportados en el primer semestre del 2018.

Con López Obrador el panorama no ha cambiado y más bien ha ido de mal en peor: de enero a junio de 2020 se registraron 489 feminicidios en el país, lo que representa un crecimiento de 9.2% con respecto a los feminicidios cuantificados en los primeros seis meses de 2019, lo anterior de acuerdo con cifras, ni más ni menos, que del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

El problema es de tal magnitud que Obrador tuvo que reconocerlo en la más reciente conferencia mañanera, en la que se presentó el balance de seguridad de octubre. Homicidios, feminicidios, violencia del narco y desapariciones –se registran cerca de 20 al día en todo el país– van al alza, mientras la crisis sanitaria sigue haciendo de las suyas entre la población y suma ya 1 millón 182 mil 249 casos, con un promedio de 6 mil contagios diarios y más de 110 mil muertos por COVID-19.

El coronavirus también le ha pegado muy fuerte a los militares y marinos. La SEDENA lleva un conteo diario de esto en su sitio de internet. Hasta el 6 de diciembre sumaban 144 militares en el activo fallecidos por el COVID, 125 encamados, mil 945 negativos al virus y 5 mil 265 contagiados en todo el país, solo de personal en el activo.

En total van cerca de 3 mil militares muertos por COVID y varias decenas de marinos fallecidos por la pandemia desde marzo hasta hoy.
Ahora, Obrador les ha encargado a las fuerzas armadas la responsabilidad de recibir, resguardar y distribuir las 250 mil vacunas contra el COVID. Esta es la 14 o 15 misión encomendada a los militares por parte de su comandante supremo; construir hospitales, aeropuertos, tramos de ferrocarril, repartir libros de texto, resguardar papelería electoral, sembrar millones de árboles, perseguir migrantes, construir y administrar sucursales bancarias, administrar hospitales civiles COVID, vigilar fronteras, vigilar aduanas, combatir el robo de combustible y además cumplir con sus misiones orgánicas, son ya parte de las labores cotidianas que deben cumplir las tropas de tierra, mar y aire… por el mismo sueldo.

Así, entre pandemias, narcoviolencia y feminicidios se va el segundo año de gobierno de López Obrador, quien además del escándalo del “culiacanazo” del 17 de octubre de 2019 suma el escándalo inconcluso del arresto y liberación pactada del general Salvador Cienfuegos Zepeda, acusado en los Estados Unidos de presuntos nexos con una pequeña organización del narcotráfico.

El tercer año de su mandato será también el del inicio de una difícil relación con el nuevo presidente de los Estados Unidos, el demócrata Joe Biden, a quien Obrador despreció o ignoró antes y después de las elecciones estadunidenses. La nueva relación se vislumbra complicada, sobre todo con la iniciativa de ley que busca acotar severamente la presencia de agentes especiales norteamericanos en territorio nacional.

La desconfianza y la revancha del gobierno mexicano salpican la iniciativa anunciada en el Senado como consecuencia del arresto del general Cienfuegos. A ver de qué humor están los gringos con lo propuesto para limitar sus actividades aquí.

Redacción / EstadoMayor.mx

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