Descoordinación, falta de información y comunicación deficiente, algunos de los errores en el Culiacanazo

Ciudad de México / Estado Mayor/ 12 marzo

Jorge Alejandro Medellín

Para el mundo de la inteligencia militar y civil en México, hay un antes y un después del 17 de octubre de 2019, el día del culiacanazo, el día en que el cártel de Sinaloa exhibió con crudeza la falta de imaginación, de coordinación, de comunicación eficiente y de respuesta a una crisis severa por parte de las principales instituciones de seguridad del país en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador: el Ejército Mexicano y la Secretaría de Protección Ciudadana.

El culiacanazo exhibió también la falta de manejo de las ciber plataformas, tanto para apoyar las labores de inteligencia y contrainteligencia en el momento de la crisis desatada como para enfrentar sobre el terreno los embates del cártel de Sinaloa en redes sociales, que terminaron por minar la percepción de la fortaleza y las capacidades del Estado ante una organización crimina que acabó saliéndose con la suya.

Ovidio Guzmán fue liberado por la unidad de Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano que lo había ubicado y detenido, la poca o escasa respuesta coordinada y eficaz de las autoridades terminó convertida en una rendición para evitar no solo escenarios de violencia sin precedentes contra los habitantes de Culiacán, sino para salvar las vidas de las familias de los militares que al final salieron huyendo de la UHM amenazada.

Y en el aire quedó la inocultable sensación, la innegable imagen de que si el operativo se le hubiera encargado a la Secretaría de Marina-Armada de México (SEMAR) el resultado hubiera sido muy distinto, exitoso.

Todo mal, todo desfasado, mal valorado, mal enfrentado y respondido. El resultado: decisiones equivocadas y tardías que terminaron por elevar la vulnerabilidad del Estado, todo lo cual “redunda en una ejecución desarticulada y, con frecuencia, improvisada, solo reactiva. El caso de Culiacán es ilustrativo en este aspecto”, señala la especialista Paloma Mendoza, profesora, analista y consultora privada en temas de seguridad nacional e inteligencia.

El tema de lo ocurrido el pasado 17 de octubre de 2019 fue abordado por la especialista en el número más reciente de la Revista Latinoamericana de Seguridad (enero-abril 2020), en su artículo Inteligencia y contrainteligencia militar frente a fallos y desafíos. El caso de Culiacán, México (2019), en el que explora la cadena de errores y deficiencias durante y después del fallido operativo del Ejército Mexicano y de la Guardia Nacional para detener a Ovidio Guzmán, hijo del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera.

Tras hacer un recorrido por las principales instancias de inteligencia y seguridad creadas por el Estado mexicano en los dos últimos siglos, la autora describe a grandes rasgos el funcionamiento y características de los organismos de inteligencia militar, centrándose en lo que ocurre en la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), cuyo Sistema de Inteligencia Militar (SIM) está integrado por cuatro escalones de análisis.

El SIM opera en las 12 Regiones Militares del país y es coordinado por la Sección Segunda (S-2, Inteligencia) en apoyo a los mandos regionales. Para las 46 Zonas Militares el SIM es coordinado por la Sección Primera (S-1).

Los objetivos del SIM, explica la especialista, son: 1) generar Inteligencia Militar para la toma de decisiones; 2) proponer acciones preventivas sustentadas en la información y 3) hacer eficiente la actuación de los mandos y los resultados de las operaciones.

La Misión del SIM se concentra en 1) definir los riesgos y amenazas que puedan vulnerar la seguridad nacional; 2) obtener información relevante; 3) generar inteligencia y 4) aplicar medidas de contrainteligencia en el marco de las facultades de seguridad y defensa nacional del Ejército y la Fuerza Aérea Mexicanos, añade.

En cuanto a la Unidad de Inteligencia Naval (UIN), Paloma Mendoza recuerda que ésta encabeza al Sistema de Inteligencia de la Armada de México (SIAM), en coordinación con el Sistema Integral de Inteligencia para la Seguridad Marítima de la Armada de México (SIISMAR).

Para su operación, indica la especialista, cuenta con cinco Centros Regionales de Inteligencia Naval (CEREGINAS) ubicados en las Regiones Navales 1 (Golfo Norte, 4 (Mar de Cortés), 5 (Caribe), 6 (Pacífico Centro) y 8 Pacífico Sur). El sistema de inteligencia de la Marina es más complejo.

Al SIAM, al SIISMAR y a la red de CEREGINAS se suman el Sistema de Gestión de Inteligencia (SIGETIN), el Sistema de Análisis de Redes de Vínculos (SARVIN) y el Sistema Integral de Inteligencia Marítima (SINTMAR), que a su vez engloba aspectos vitales de la seguridad y la defensa nacional, como la Ciberseguridad, la Ciberdefensa y la Geointeligencia.

Para la especialista y asesora en temas de seguridad, la Marina ha demostrado mayor capacidad y eficacia en los operativos en contra de la delincuencia porque ha logrado incorporar en sus esquemas de análisis y respuesta el factor del Ciberespacio como un elemento clave en el teatro de operaciones.

Los errores, las fallas

En su revisión sobre lo ocurrido en Culiacán el 17 de octubre de 2019, la asesora en seguridad menciona al menos seis fallas en la respuesta de la inteligencia militar a los escenarios presentados por el cártel de Sinaloa al conocerse la detención de Ovidio Guzmán en su casa, la dinámica de violencia callejera desatada por el cártel para forzar su liberación, el manejo de redes sociales hecho por la organización para controlar el flujo de datos a su favor y el descontrol y rendición de los principales operadores del gabinete de seguridad ante escenarios sobre los que nunca tuvieron control real.

Fallo en la anticipación de inteligencia.Los analistas aceptaron la idea (generalizada desde hace años por académicos y periodistas especialistas en seguridad) de que el Cártel de Sinaloa estaba minimizado, en parte, por la recaptura y extradición a Estados Unidos de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Apostaban en cambio por el fortalecimiento del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Fallo de contrainformación y contrainteligencia de engaño. En momentos críticos, el crimen organizado posee un mejor manejo de redes sociales que las fuerzas de seguridad, que saben aprovechar la desinformación y la información falsa para obtener sus objetivos. Ello resultó en el posicionamiento de Ovidio Guzmán como figura pública del crimen organizado, al ser un narcotraficante que logró doblegar al gobierno mexicano y así evitar su arresto y extradición a Estados Unidos.

Fallo de cooperación interagencial. El caso muestra la evidente falta de intercambio de información y coordinación operativa entre las fuerzas de seguridad de México, especialmente en operativos conjuntos entre organismos civiles y militares de seguridad. La conclusión del operativo se hizo sobre dos premisas que no lograron aclararse: si se trató de un operativo experimental de la Guardia Nacional o un fracaso operativo y de coordinación interagencial entre esta y el Centro Nacional de Inteligencia, por parte de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, el Ejército Mexicano y la Secretaría de la Defensa Nacional.

Fallo de contrainteligencia ofensiva. Este se dio por la incompetencia de los organismos de seguridad mexicanos para prevenir y contrarrestar los efectos de Operaciones Psicológicas (PSYOPS) en el ciberespacio de las redes sociales, en dos frentes: las acciones del Cártel de Sinaloa, que buscaban el objetivo de liberar a Ovidio Guzmán y los opositores políticos que aprovecharon la coyuntura para atacar al presidente López Obrador.

Fallo de manejo de crisis. Se evidenció la inexistencia de comunicación en el interior y hacia el exterior del Gobierno federal para situaciones de emergencia en materia de seguridad. En el interior, con la incomunicación entre el presidente de la República y el Gabinete de seguridad para la toma de decisiones (fin último de la inteligencia) durante el vuelo (en aerolínea comercial) del presidente López Obrador de la Ciudad de México a Oaxaca, mientras se intensificaban los hechos en Culiacán.

Fallo de contrainteligencia ofensiva. Este se dio por la incompetencia de los organismos de seguridad mexicanos para prevenir y contrarrestar los efectos de Operaciones Psicológicas (PSYOPS) en el ciberespacio de las redes sociales, en dos frentes: las acciones del Cártel de Sinaloa, que buscaban el objetivo de liberar a Ovidio Guzmán y los opositores políticos que aprovecharon la coyuntura para atacar al presidente López Obrador.

Fallo en la toma de decisiones críticas y delimitación de responsabilidades por las consecuencias de la operación, que resultó de una cadena de omisiones, incomunicación y pérdida de control. Los sucesos concluyeron en la liberación de Guzmán a cambio de proteger la integridad de la población de Culiacán frente a las amenazas de escalada de violencia de los delincuentes.

La especialista cierra su artículo señalando que las fallas y errores cometidos por una parte de las instancias del aparato de seguridad militar se explican por la carencia de información confiable y oportuna. Esta situación hizo que se incrementara la vulnerabilidad del aparato de seguridad.

Al no existir buena relación entre productos de inteligencia y operaciones, se carece de elementos para una estimación acertada, el planeo no considera ciertas variables y todo redunda en una ejecución desarticulada y, con frecuencia, improvisada, solo reactiva, considera Paloma Mendoza, quien ve el caso de lo ocurrido en Culiacán como “es ilustrativo en este aspecto”.

Sobre el papel de los analistas de cada instancia civil y militar involucrados en el fracasado operativo para detener (y extraditar) a Ovidio Guzmán, la especialista señala que “es indispensable identificar y contrarrestar las causas por las cuales los analistas de inteligencia fallaron en la anticipación del uso del ciberespacio como teatro de operaciones para difundir desinformación y pánico entre la población, como un acto de guerra psicológica. Tal fallo, sumado a la incomunicación y la opacidad de la toma de decisiones en materia de seguridad nacional condujo al descontrol en una situación crítica”.

Al final, Paloma Mendoza advierte que “en términos generales, en Culiacán también fueron muy graves los fallos de contrainteligencia y contrainformación, así como la argumentación, delimitación y comunicación de responsabilidad de las decisiones del Gabinete de Seguridad”.

Si bien ese es un aspecto que rebasa los límites de la inteligencia, es una variable que aprovechó a su favor el Cártel de Sinaloa. Esto potencialmente será imitado en el futuro por otras organizaciones del crimen organizado, añade la especialista y asesora en seguridad.

Jorge Medellín / @JorgeMedellin95 / EstadoMayor.mx

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