400 disparos

México, 27 de septiembre (Reporte Indigo).- Hoy por hoy, Genaro García Luna sólo tiene dos opciones: sabía qué hacían sus 12  muchachos en Tres Marías como si se tratara de un equipo en entrenamiento –y algún día lo contará- o no  lo sabía.

En cualquiera de los dos casos, lo que se va conociendo poco a poco, son más detalles que todavía hacen más emocionante esta película.

¿Quién le dice a usted que es posible que una camioneta de alto riesgo, con placas de Estados Unidos de América, con un oficial de la Marina Nacional y dos oficiales norteamericanos a bordo, irían circulando por Tres Marías y por casualidad se encuentran con dos o tres camionetas oficiales con personal armado?

Lo cierto es que nadie sabía muy bien qué hacían allí esas camionetas. Además, no vaya usted a creer que traían armas reglamentarias -de esas que la policía federal puede llevar- no, lo que portaban eran armas como la de “los malosos”.

Como dato le digo que hasta este momento se han recogido 400 casquillos de AK-47. Imagínese usted, 400 casquillos provenientes de 12 muchachos, sólo 12, que aseguran que de verdad iban a la caza de un secuestrador. 

El 24 de agosto de 2012 todo pudo haber pasado en Tres Marías. Uno, quizá fue una filtración de alta seguridad y fueron directamente a matarlos. Dos, cuando les hicieron el alto -naturalmente este alto lo hicieron los oficiales que iban dentro, después de 400 balas que lo atestiguan- hicieron lo que debían, lo que el instinto seguro les dictó: salir huyendo. Tres, Genaro García Luna ¿sabía o no sabía?

Me pregunto, ¿qué es más impresionante? Una filtración para acabar con la colaboración entre México y Estados Unidos a ese nivel o que realmente los chicos de Genaro -como ya paso en la AFI y en todas las demás policías- viven una doble vida.

No sólo doble identidad, sino dos vidas. Por la mañana usan las armas reglamentarias que les damos y por la tarde –en sus ratos libres- usan las armas de los sicarios para hacer maldades.

Genaro García Luna terminó su carrera en Tres Marías. Esto es una pena porque después de todo lo que hizo para tener un fin de gestión tranquilo, va a acabar mal -muy mal- porque, o bien no domina a los suyos, o bien es el jefe de la banda.

Mientras tanto, ya van 400 casquillos. No les creamos todo. ¿Sabemos realmente cuándo dejaron de disparar? ¿Cuándo se les acabaron las balas?

Al principio cabía la sospecha de que pudieron no haber visto las placas diplomáticas. Después está la certeza de que con placas diplomáticas o sin ellas, había que matarlos. Luego viene la segunda parte: ¿quién investigará? ¿Será nuestra PGR –tan llena de resultados brillantes- la que lleve el caso?

Antes de las investigaciones ¿pediremos que vengan a declarar los oficiales norteamericanos? Si es así ¿con qué garantías se les citará? ¿Estarán dispuestos a venir para que termine lo que empezó en Tres Marías?

Después de tanto dinero, tantos planes, tantos secretos y tanta colaboración, pasa lo que con la película de Alfred Hitchcock. Puede haber un hombre que sabe demasiado o simplemente la camioneta paso en el momento y en el lugar equivocado.

Ni siquiera las sagradas placas diplomáticas de la embajada de Estados Unidos la salvaron. Eso no evitó que se vaciaran sobre ella todas las municiones que llevaban.

¿Y quiénes iban en las otras dos camionetas? ¿Por qué hasta este momento sólo se ha identificado una? ¿Los 12 muchachos iban en una o en dos? ¿Cuál es el eslabón perdido de Tres Marías?

En cualquier caso, sea cual sea el eslabón, hay una víctima segura: Genaro García Luna.

Antonio Navalón

Opinión

Reporte Indigo

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