México, 26 de septiembre (Reforma).- El dictamen revelado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos sobre el sistema penitenciario mexicano reprueba por completo a nuestras autoridades en la administración de los centros penitenciarios de México.
Esto probablemente no sea ninguna sorpresa para la opinión pública mexicana, que desde hace tiempo tiene conocimiento de las irregularidades que existen, sin embargo, la DIMENSIÓN del problema quizás no ha sido aquilatada.
Los números que afloran en el dictamen de la CNDH hablan volúmenes respecto a la enorme magnitud del descontrol que enfrentamos en el sistema penitenciario mexicano.
He aquí algunas de las cifras principales:
1. Hay una SOBREPOBLACIÓN penitenciaria en México de 48 mil 972 reos.
Ello, en gran parte, porque las ONCE prisiones federales que se iniciaron en este sexenio no han sido terminadas, y de hecho, muchas de ellas muestran retraso importante.
Si acaso las llega a inaugurar el Presidente Calderón antes de que se vaya, no serán todas y muchas estarán inconclusas o incompletas.
2. De las 100 prisiones más pobladas del País se detectó en SESENTA de ellas la existencia de AUTOGOBIERNO por parte de los reos.
Dicho de otra manera: 6 de cada 10 prisiones mexicanas son dominadas por los delincuentes y no por la autoridad.
3. Algo así como 142 mil 961 reos dentro del sistema penitenciario mexicano obedecen a las organizaciones criminales que controlan los penales y no a las autoridades “oficiales”.
La conclusión es, pues, que hay más reos trabajando con, o para, las organizaciones criminales mexicanas que los que controla el Estado mexicano, y muchísimos más que quienes supuestamente los vigilan.
Viene a ser ésta, pues, otra muestra de la superioridad numérica de los delincuentes sobre las autoridades.
4. En nuestro sistema penitenciario se cuenta con UN custodio por cada SETENTA reos, ello cuando los estándares internacionales indican que la relación debería de ser de UN custodio por cada DIEZ presidiarios.
Tenemos unos 30 mil “guardias” cuando deberíamos de tener ¡más de DOSCIENTOS MIL!
Falta en México, pues, multiplicar por SIETE el personal que opera, vigila y controla las prisiones mexicanas.
Salta a la vista que ambos factores, sobrepoblación y escasa vigilancia, propician la pérdida de control en las prisiones mexicanas por parte de la “autoridad” responsable de ellas.
Raúl Plascencia Villanueva, titular de la CNDH, hace una observación muy pertinente y certera:
“Recuperar la seguridad pública requiere, entre otras cosas, de un sistema penitenciario articulado y funcional que cumpla con su propósito principal que es la reinserción del sentenciado. Ninguna política de seguridad pública dará resultados si no se corrige y atiende la situación que se vive dentro de los penales”.
Pero ¿cómo, preguntarán ustedes, amigos lectores, es que hemos llegado a este punto?
El mismo Plascencia Villanueva hace un diagnóstico que nos parece atinado:
“El Estado eroga enormes cantidades de recursos para el combate a la delincuencia y la detención de criminales, pero prácticamente abandona al interno una vez que se encuentra en prisión”.
Notable ha sido también, en este diagnóstico de la CNDH, la evidencia de la corrupción en las cárceles, la cual se manifiesta en la clara COLUSIÓN de las autoridades con los reos, teniendo muchos de ellos las llaves de sus propias celdas y conduciendo dentro del penal todo tipo de actividades supuestamente prohibidas.
Enterados estamos, de buenas fuentes, que no pocos de nuestros penales (por ejemplo, en Tamaulipas) están convertidos en centros de EXTORSIÓN: actividad que realizan los delincuentes bajo las narices de los custodios operando verdaderos “call centers”.
Recientemente, un rastreo de la Ministerial detectó MIL DOSCIENTAS llamadas DIARIAS emanadas de una prisión tamaulipeca relacionadas con la extorsión a la sociedad civil.
Conclusión: en todo pensó Calderón cuando arrancó su “guerra” contra el narcotráfico ¡menos en qué iba a hacer con sus prisioneros cuando los capturara!
Manuel J. Jáuregui
Opinión
Reforma

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