La leva de los narcotraficantes

México, 19 de septiembre (La Razón).- Los narcotraficantes están reclutando sicarios en las propias prisiones. Las fugas masivas, como la ocurrida en el penal de Piedras Negras, responden a esa lógica.

Las autoridades han señalado que esto es una muestra de debilidad de las organizaciones criminales, que tienen que echar mano de quien sea.

Análisis menos optimistas observan que la situación más bien responde a una escalada en la violencia y a preparativos para guerras prolongadas, y que acudir a quienes están en prisión es garantizar que cuentan ya con una formación criminal, que puede ser la diferencia a la hora de enfrentar a otros grupos.

Como sea, lo que está ocurriendo impacta en la sociedad, ya que el escape de un condenado o de un probable responsable deja en la indefensión a sus víctimas y atenta contra sus derechos humanos.

Detrás de cada uno de los 132 reos (aunque dos eran mujeres que estaban de visita) que escaparon, hay historias que remiten a delitos y muchos de ellos terribles.

La fuga misma plantea, además, un descalabro inclusive económico, si se toma en cuenta el tiempo y los recursos que fueron invertidos para atrapar a quienes se fugaron el lunes pasado.

Por si esto fuera poco, deja en evidencia la enorme corrupción que subsiste en el sistema penitenciario en Coahuila, aunque el problema está muy lejos de ser un asunto local.

El gobernador Rubén Moreira ya anunció inclusive recompensas para dar con los evadidos, pero a estas alturas es un control de daños de eficacia bastante incierta.

Quizá abundaría más a su causa el insistir en las responsabilidades compartidas con la federación, ya que la presencia de reos federales en centros de reclusión estatales es una bomba de tiempo, porque por regla general purgan condenas por delitos contra la salud y se adueñan del gobierno mismo de las prisiones.

Muchos de ellos continúan sus actividades criminales mientras enfrentan un juicio e inclusive cuando ya fueron sentenciados.

Le tocó a Piedras Negras, Coahuila, pero ya ocurrió en Tamaulipas, Michoacán y en Nuevo León, y nadie está a salvo.

El remedio es de largo plazo y tendrá que ver, por necesidad, con el cambio en el propio sistema penal y con un uso más racional de la prisión preventiva y de las separaciones que deben existir entre sentenciados y los que apenas enfrentan un proceso.

No hay que olvidar, además, que está pendiente la construcción de cárceles federales de alta seguridad, para albergar a delincuentes peligrosos.

El presidente Felipe Calderón señaló que lo ocurrido en Piedras Negras es “deplorable”, y tiene razón, pero se debe voltear a ver las fallas en todo el sistema penitenciario, el que muchas veces se encuentra desbordado y donde el atraso en la formación de recursos humanos es evidente.

Las cárceles, al final del día, reproducen mucho de lo que hay en la sociedad y en donde cada uno de los riesgos es magnificado por el encierro.

Por todo ello inquieta lo que ocurrió en Piedras Negras, por supuesto.

Julián Andrade

La Razón

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