La más grave decisión de Peña Nieto

México, 18 de septiembre (Impacto).- En la soledad tendrá que encontrar, de entre seis generales, a quien lo ayude a regresar, paulatinamente, a los soldados a sus cuarteles y, de paso, disminuir, con inteligencia, la violencia.

No hay regla que imponga a Enrique Peña Nieto la obligación de cumplirla cuando designe al secretario de la Defensa Nacional, quizás el nombramiento más grave de su equipo sexenal. En lo que no hay debate es en que deberá tomar su decisión en la soledad, esa compañera inseparable que consume a los mandatarios de inicio a fin de su gobierno.

En el contexto que vive el país, el Presidente electo deberá tomar en cuenta un sinnúmero de factores y de prendas personales: ¿Cuál de los generales de División no tiene tintes golpistas? ¿Cuál no tendría objeción en regresar, paulatinamente, los soldados a los cuarteles? ¿Cuál tiene cabal respeto, no por poses modernistas, sino por convicción, de los derechos humanos? ¿Cuál no es sospechoso de colusión con el narcotráfico? ¿Cuál no se dejó tentar por el llamado botín de guerra y metió mano a lo incautado antes de entregarlo a la autoridad civil? ¿Cuál no aprovechó amistad o debilidad de su superior jerárquico para usurpar el mando que no le fue otorgado? ¿Cuál pasa el examen de los norteamericanos?

Pero, sobre todo, ¿cuál es capaz de cumplir, a ciegas, las misiones encomendadas por el Comandante Supremo, pero también ofrecerle sus puntos de vista aun en el caso de ser divergentes?

En efecto, no hay regla en la selección del general secretario, como tampoco lo es que el comandante del desfile del 16 de septiembre en el último año del sexenio sea el sucesor del secretario de la Defensa Nacional, pero algo debe tener el general Moisés García Ochoa que es el blanco favorito de quienes, como él, entre cinco, buscan alcanzar la cuarta estrella.

Como nunca, la guerra por la Sedena se libra públicamente. La consigna de lo dicho intramuros del Ejército allí se queda; es sólo una vieja conseja incumplida. Todo está en los medios.

Es cierto que, en las últimas semanas, las escaramuzas han dejado de ser registradas por páginas de periódicos y revistas, pero, a partir de hoy, el fuego será intensificado.

Todos contra todos.

A García Ochoa lo perseguirán con la compra del avión presidencial que, de concretarse, utilizará Enrique Peña Nieto en 2015, y no Felipe Calderón, por decisión de éste.

La realidad es que el asunto está en manos del grupo de transición, y que suya será la determinación. La operación cuesta 120 millones de dólares si la nave es comprada sin equipo; si, en cambio, es equipada, incluidos misiles para defenderse, ascenderá a 200 millones en caso de ser comprado al contado. La corrida financiera de Banobras a 20 años duplicará la operación.

De mayor importancia que este asunto fue la filtración de documentos que tienen que ver con la seguridad nacional; su entrega a civiles, para difundirlos, podría tipificarse como traición a la patria.

Se trata de la adquisición de equipo de espionaje con valor de 5 mil millones de pesos, en cuya compra también está involucrada la Dirección de Administración, que encabeza el general García Ochoa.

El filtrador manipuló la información presentándolo como autor de la propuesta y beneficiario del equipo cuando, en realidad, sólo lo compró para uso del Estado Mayor de la Secretaría de la Defensa Nacional, el general Oliver Cen.

Las investigaciones en la Sedena intentan encontrar al filtrador entre el subsecretario, Demetrio Gaytán Ochoa; del oficial mayor, Salvador Cienfuegos, y el inspector general del Ejército, Marco Antonio González Barreda. Todos, con García Ochoa y Oliver Cen, aspirantes a suceder al general Guillermo Galván.

Los expertos consideran que de entre estos cinco divisionarios saldrá el nuevo secretario de la Defensa, pero incluyen al que sería el recomendado de Felipe Calderón, el general Alfonso Duarte, famoso porque sus soldados incursionaron, sin orden de cateo, en las casas de Jorge Hank Rhon y la hermana del comisionado nacional de los Derechos Humanos, Raúl Plascencia, y por regañar en público, y ante cámaras de televisión, al secretario general de Gobierno de Baja California, Cuauhtémoc Cardona.

Difícil tarea la de Peña Nieto. En la soledad tendrá que encontrar, de entre estos seis generales, a quien lo ayude a regresar, paulatinamente, a los soldados a sus cuarteles y, de paso, disminuir, con inteligencia, la violencia.

Juan Bustillos

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