México, 15 de agosto (Lasillarota.com).- 1.- La consignación ante un juez federal de los generales Tomás Ángeles Dauahare, Ricardo Escorcia Vargas, Roberto Dawe González y Rubén Pérez, así como del teniente coronel Silvio de Jesús Hernández por presuntos nexos con el narcotráfico, profundiza la crisis en la Sedena y ahonda el desprestigio del aparato de inteligencia civil y militar de México.
2.- Otros militares, además de tres testigos protegidos, los acusan de recibir dinero del narco para permitir operaciones en varios puntos del país, incluidos aeropuertos. Falta aún por saber quiénes fueron sus cómplices en la Policía Federal, en la PGR y en otras instancias policíacas y civiles encargadas de vigilar las terminales aéreas del país.
3.- Pese a que los mandos consignados aún pueden apelar mediante amparos el fallo del juez federal, lo que no pueden hacer será borrar el desprestigio y la mancha que sobre ellos y sobre la Sedena pesarán a partir de ahora, precisamente en el sexenio que cambio el combate al desempleo y la generación de trabajos, por la guerra al narco y decenas de miles de muertos (más de 200 mil, según estimaciones del Estado Mayor de la Defensa Nacional-EMDN).
4.- En ambos terrenos Calderón fracasó. Su legitimación en el poder, tras una cuestionada elección presidencial, horadó a la Sedena, socavó los principios máximos que rigen la filosofía militar al máximo nivel y exhibió las severas limitaciones de las fuerzas armadas mexicanas para hacerle frente al crimen organizado.
5.- Por si fuera poco, la impericia e improvisación de Calderón y sus asesores en seguridad, aunada a las debilidades estructurales y añejas de la Sedena y de Marina, hicieron posible la penetración del narco hasta la cúpula misma del ejército.
La consignación de los generales (cuatro), la delación por parte de otros militares y el seguimiento que de ellos hacía la PGR (no la Sedena), confirman el poder corruptor del narco, su movilidad en cualquier nivel del gobierno y las graves fallas y vacíos que presenta la inteligencia policial y castrense en el país.
6.- Porque uno supone que las detenciones y el proceso que se les sigue a Dauahare y compañía y que ameritaron su consignación tienen bases sólidas (testigos protegidos, declaraciones de oídas o tal vez fotos, videos, grabaciones, depósitos en efectivo en cuentas en el extranjero, pagarés, cheques, maletas con dinero, adquisición de casas, coches, yates, departamentos, viajes imprevistos y costosos, etcétera) y que todo ha sido estrictamente comprobado y certificado por el Ministerio Público y valorado por el juez de la causa.
7.- Pensar que se trata de una mentira, de una venganza personal desde la cima del poder, equivaldría haber subastado el honor, el valor y la lealtad de los hombres de armas en México.
Hace unas semanas le solicité a la Sedena datos precisos sobre los exámenes de control de confianza que la institución ha practicado a todos los miembros de la Plana Mayor de la dependencia en lo que va del sexenio.
En su característico lenguaje críptico, la Sedena me aseguró que todos los funcionarios de alto rango fueron sometidos a rigurosos exámenes de control de confianza, pero se negó a dar detalles sobre los resultados de los mismos.
Impensable, ¿no?
8.- El lado más oscuro de los daños colaterales en la guerra antidrogas de Felipe Calderón, reside precisamente en los niveles de desconfianza que el gobierno de los Estados Unidos tiene hacia las fuerzas armadas mexicanas.
La Armada de México parecía haberse salvado de los resquemores del Pentágono, de la DEA y de otras instancias de la comunidad de inteligencia norteamericana, pero al final también se ganó una ración de descrédito.
9.- El error en la detención de supuesto hijo de Joaquín Guzmán Loera en Guadalajara y las limitaciones en materia de inteligencia acotaron la confianza estadounidense hacia la Marina.
10.- Las revelaciones sobre el plan del Pentágono para que el Equipo 6 de los Navy SEALS -el mismo que ubicó y ejecutó a Osama Bin Laden- lleve adelante una operación quirúrgica en Sinaloa para detener o eliminar a Joaquín Guzmán Loera dejando fuera de toda acción a la Sedena y a la Marina, bastan para documentar la pobre imagen que los mandos militares norteamericanos tienen de sus pares mexicanos.
11.- Lo grave es que el presidente Felipe Calderón haya aceptado en principio el plan del Pentágono para capturar o eliminar al Chapo Guzmán utilizando tropas estadounidenses en territorio nacional.
12.- El presidente parece desesperado por dejar un legado que no se limite a la dolorosa efeméride de ejecuciones masivas sin resolver o a la “degradación del poder militar de México”, como lo advirtió al principio del sexenio el propio general Galván ante legisladores federales.
13.- Calderón tiene poco o ningún interés en lo que le suceda al país en los últimos meses de su tortuoso mandato. Salvo la captura o la ejecución de Guzmán Loera por parte de marines estadounidenses, la historia presidencial ya se le terminó al panista quien pasará al almanaque nacional como un fallido gobernante, un mediano administrador, un falso salvador y un nulo estratega y comandante supremo.
14.- Ahora sabemos que el narco no sólo infiltró al ejército y se dedicó a cazar a los mejores hombres de inteligencia naval. También se movió entre ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), extrajo expedientes y los vendió a los cárteles más poderosos. Es decir, por todos lados la nave hace agua.
15.- En tanto, Galván y Saynez verán el final del sexenio como los comandantes a los que el narco retó y superó en casi todos los terrenos.
Jorge Alejandro Medllín
De Orden Superior
Opinión
