Drogas: la suerte de México y El Caribe

México, 14 de Agosto (La Razón).- El Caribe y el continente Americano tienen una suerte inversa en el tema de las drogas.

Los éxitos policiales de unos, son las desgracias irremediables de los otros, porque el tráfico de drogas es imparable.

Me explico. Desde hace ya varios años, los gobiernos de Estados Unidos y de México decidieron impulsar una operación de “sellado” de la frontera sur de nuestro país. Desde ese momento se estableció una vigilancia aérea permanente y se ordenó que cualquier vuelo no comercial, proveniente de países centroamericanos y sudamericanos, tenga que aterrizar en Chiapas para ser revisado.

Esto, por supuesto, complicó el traslado de cargamentos de cocaína procedentes sobre todo de Colombia.

No es que ya no ocurra, pero la incertidumbre es tan grande que suele optarse por otras posibilidades.

El operativo de sellado tenía como propósito principal el desanimar el narcotráfico por vía aérea.

Los resultados han sido relativamente buenos e inclusive se tiene un alto control de los sobrevuelos por la zona, a partir de tecnología de radares que en algún momento fueron utilizados por el Centro de Control de Drogas que se estableció en la PGR en los años noventa.

Con el tiempo esto generó que las rutas marítimas y hacia El Caribe fueran reforzadas por los señores de las drogas.

Ya lo habían hecho con anterioridad y es el ambiente que quedó retratado en series como Miami Vice, donde la droga que venía de Jamaica o República Dominicana inundaba las playas y calles en EU.

Esto fue corregido por operaciones bastantes audaces de las policías estadounidenses.

Por eso la relativa calma que existió en la región, por algunos años, ahora está siendo revertida por una mayor presencia del crimen organizado, la que supera la tradicional, por el atractivo logístico que tienen las islas y que funcionan como plataforma para las costas de Florida e inclusive hacia Europa.

Como el paso por México se hizo más complicado y caro, la mirada está puesta en países como la República Dominicana, donde la violencia del narcotráfico empieza a hacer de las suyas.

Sobre todo en el norte de la isla y en particular en la región de Santiago, hay una cada vez más notoria presencia de sicarios y de la violencia que de modo natural se les asocia.

A ello hay que sumar una mayor venta de droga en las calles, lo que de suyo impacta en la convivencia y que tarde o temprano va a propiciar problemas de seguridad.

En ciudades como Santo Domingo se nota la presencia de esa especie curiosa de “empresarios” con millones de dólares en las bolsas y con un futuro al parecer promisorio.

Es, insisto, una de las evidencias de que la persistencia de una gran demanda de droga en EU provoca que los grupos criminales busquen alternativas para satisfacer a una clientela dispuesta a gastar miles de millones de dólares.

El cuento de nunca acabar, pero que al mismo tiempo tienen que ser atendido con toda la seriedad que implica.

Julián Andrade

Opinión

La Razón

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