La otra guerra por el Chapo

México, 18 de enero.- La recaptura en Los Mochis, Sinaloa, de Joaquín Guzmán Loera en un  enredado operativo federal, no solo reveló los claroscuros de la forma en que operan las estructuras de la inteligencia civil y militar en México.

Sacó a la luz las deficiencias de cooperación y coordinación entre el Ejército, la Marina, la Policía Federal y el CISEN, que estuvieron cerca de dar al traste con los últimos instantes de la reaprehensión del capo y más tarde con su traslado a la Ciudad de México y su presentación ante la prensa.

En los entretelones posteriores a la Operación Cisne Negro, las versiones recogidas aquí y allá por de diversos medios nacionales e internacionales van perfilando los pleitos y viejas rencillas entre militares y marinos, y luego entre jefes navales y jefes de la Policía Federal que pelearon con los dientes la paternidad de la recaptura del capo.

Cuando los laureles por la reaprehensión estaban a punto de posarse en las sienes de los mandos navales que encabezaron el asalto a la casa de Los Mochis, el agarrón entre el segundo comandante de la Unidad de Operaciones Especiales (UNOPES) de la Marina y los mandos de la Policía Federal para llevarse detenido al Chapo y presentarlo en sociedad, desnudó los niveles de colaboración, coordinación y responsabilidad reales entre las fuerzas anticrimen del país.

Los federales que detuvieron en la carretera a Guzmán Loera y al Cholo Iván    -cuando ya se les habían escapado por las alcantarillas a los marinos tras el zafarrancho en Los Mochis-, se dieron cuenta del tamaño de la presa y de las repercusiones que todo ello tendría, para bien y para mal.

Por eso, antes que nada y tras confirmar ante sus mandos centrales que tenían al Chapo, la Comisión Nacional de Seguridad (CNS) fue la primera instancia en subir a las redes sociales las primeras dos fotos de Guzmán Loera esposado una habitación del Motel Doux, y más tarde al interior de una camioneta en la que fue escoltado hacia instalaciones federales para luego ser llevado al aeropuerto local.

Todo el accionar fue seguido por los grupos de intervención especial de la Marina, enviados desde la Ciudad de México por el almirante Vidal Soberón para cumplir la Operación Cisne Negro.

El jaloneo fue severo entre marinos y federales. Los primeros exigían se les entregaran los detenidos porque a ellos, responsables y cabezas del operativo, les correspondía llevarlo y presentarlo ante la PGR.

Los federales decían que no, que ellos eran los responsables porque sencillamente ellos lo habían capturado. Que le hicieran como quisieran pero ellos no iban a entregarles a nadie.

Y así fue; los federales recibieron todo el apoyo de sus mandos y lo único en que cedieron fue en permitir que el Chapo y el Cholo fueran llevados en un convoy de la Marina hacia el aeropuerto, pero con cuatro policías federales en el grupo (dos para cada detenido).

El desquite mediático de la Marina vino después precisamente en el aeropuerto de Los Mochis, al bajar al Chapo de la pick up naval y llevarlo, toalla en la cabeza, al Learjet de la PGR. El instante fue grabado y fotografiado por infantes de Marina. En el video se aprecia el recelo y la mala actitud delos policías cuando uno de los marinos se acerca más y toma fotos a la puerta del avión.

Se escucha claramente el grito de uno de los federales “ya no tomen fotos, nada de fotos” y se ve el movimiento y el paso que da hacia el marino para que deje en paz la cámara mientras otro naval graba desde atrás todo lo ocurrido. Esos instantes fueron subidos por la Marina a redes sociales y enviados a varias redacciones y a diversos directores de medios para presentarlos como parte sustancial del operativo encabezado por la secretaría de Soberón.

Después el jaloneo siguió con iguales proporciones de pleito cuando el Learjet aterrizó no en el hangar de la Policía Federal, sino en el de la PGR. Las horas siguientes, las de los exámenes médicos y de la corroboración de identidades, fueron también de pleito, para determinar quién presentaría a los detenidos, en qué aparatos se les trasladaría y quien quedaría como héroe o al menos como figura responsable de la recaptura.

Por eso la presentación y traslado al penal del Altiplano tardó horas, porque los altos mandos navales y de la PF no cedían y exigían el crédito final del operativo.

Mientras en los medios de prensa circulaban con profusión las versiones sobre la “misión cumplida” encabezada por la Marina, en las redes sociales las imágenes y los relatos daban a la Policía Federal como la responsable final de la recaptura del Chapo.

La puntilla final, mediáticamente, la dio la Marina al difundir el video del asalto a la casa que ocupaban el Chapo y sus escoltas y lugarteniente en Los Mochis. La contundencia de los 15 minutos y medio del video del asalto en la Operación Cisne Negro dejó sin respuesta a la Policía Federal, al menos hasta el sábado 16.

Ese día se anunció que los elementos responsables de la captura de Guzmán Loera y de Gastélum recibirán una condecoración especial por su trabajo.

Redacción

Estado Mayor MX

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