Soberón y sus alfiles

México, 2 de diciembre.- En la Armada de México los reacomodos de cara al cierre de sexenio ya se dieron, y enfilan a la Marina a escenarios de mayor apertura y roce militar, hacia una modernización pausada y un gradual crecimiento tecnológico (crisis de por medio) como no lo había experimentado en el último cuarto de siglo.

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Hoy, los almirantes Joaquín Zetina Angulo, Ángel Sarmiento Beltrán y José Luis Vergara Ibarra, todos ellos ascendidos en 2013 y 2014 bajo la presidencia de Enrique Peña Nieto y en la administración del secretario Vidal Francisco Soberón Sanz, se suman a la Plana Mayor de la Marina bajo distintas circunstancias.

El pase a retiro de tres almirantes de amplia trayectoria no solo sirve para renovar a la Plana Mayor naval; es también un momento idóneo para que el secretario de Marina, Francisco Soberón Sanz, apuntale las líneas generales de la estrategia modernizadora y de apertura militar que la institución vive desde mitad del sexenio de Vicente Fox y Felipe Calderón, con sus paulatinas, aunque tortuosas salidas a ejercicios bélicos como el UNITAS, que desencadenó marejadillas en el Senado.

Los pasos más firmes y marcados en esta dinámica se han dado sin duda en el final del sexenio calderonista y en los primeros tres años del gobierno de Enrique Peña Nieto.

En lo operativo y policiaco-militar (en este caso, naval), las operaciones para intentar detener a Arturo Beltrán Leyva en Cuernavaca, y a Heriberto Lazcano en Coahuila, se tradujeron en éxitos limitados, pero finalmente en éxitos que el Pentágono y la Casa Blanca valoraron estratégicamente para descargar en la Marina la responsabilidad creciente de liderar lo operativos de alto impacto contra los cárteles de la droga.

La apertura y cooperación estrecha de la Armada de México con sus pares de los Estados Unidos ha marcado la sincronía con el accionar de la Casa Blanca en materia de combate a la delincuencia y trabajo militar conjunto a nivel continental y más tarde global (léase cascos azules).

A nivel interno, los traspiés en materia de respeto a los derechos humanos, la  relación de los marinos con la ciudadanía, la coordinación de los mandos navales con policías estatales y su despliegue efectivo en coyunturas específicas (Plan DN-III, por ejemplo), han bastado para que escenarios explosivos como la fuga de Joaquín Guzmán Loera y su inopinada recaptura no hayan sido definitorios en cuanto a la imagen que como institución confiable aún tiene la sociedad mexicana acerca de ellos –sin olvidar que en las recientes encuestas de confianza en diversas instituciones colocan a Marina y Sedena en franco retroceso–.

Los relevos en Marina tienen historias especiales. En el caso del almirante e Ingeniero Geógrafo Ángel Sarmiento Beltrán, quien desde el 1° de diciembre es el nuevo Inspector y Contralor de la Armada de México, aparece su veloz paso como Comandante de la 8ª Región Naval con sede en Acapulco, Guerrero, otrora paraíso turístico que hoy registra un promedio de tres asesinatos al día y que en las semanas previas a la salida del mando naval llegó a 801 ejecuciones en 2015 y a 174 tan solo en el primer mes del mandato del priista Héctor Astudillo como gobernador de Guerrero.

El 18 de septiembre el almirante reconocía en una entrevista la gravedad de la violencia desatada en Acapulco al señalar que el 95 por ciento de los asesinatos registrados en el puerto se debían a “pleitos y rivalidades entre bandas delincuenciales que buscan obtener el control del comercio de la droga”.

En ese contexto de descomposición y criminalidad creciente, el mando naval fue removido como Comandante de la Octava Región Naval.

Antes de llegar a Acapulco, el almirante Sarmiento fue director general del Centro de Estudios Superiores Navales (CESNAV), al que se incorporó en octubre de 2012, en los últimos días del sexenio calderonista.

Su historial naval no lo ubica precisamente como un estratega militar probado. Sarmiento ha sido Jefe de Operación e Instrucción del Buque Escuela Velero Cuauhtémoc (BE-01), profesor Militar, Director General Adjunto de Adquisiciones, Director General Adjunto de Armas Navales, Jefe de la Unidad de Atención y Procuración a la Ciudadanía y Director del Centro de Estudios Superiores Navales.

Tiene condecoración Orden al Mérito Naval grado de Gran Oficial, otorgada por la Marina de Brasil, condecoración Orden al Mérito a la democracia en el grado de Gran Comendador, otorgada por el honorable congreso de la República de Colombia, y cuenta con la condecoración de la Legión de Honor, otorgada por la Secretaria de la Defensa Nacional, así como  condecoración de perseverancia excepcional por 40 años ininterrumpidos al servicio de la nación.

Ascendió al grado de almirante apenas el 20 de noviembre de 2014.

El ahora Subsecretario de Marina, el almirante Joaquín Zetina Angulo, pasa de la posición de Inspector y Contralor General a la de mayor importancia, en orden jerárquico, dentro de la institución. Es, desde ahora y como lo adelantamos en la Fragata de marzo, un serio secretariable. Serio, no seguro.

Zetina fue jefe del Estado Mayor General de la Marina en 2014, cuando el almirante Soberón y el general Cienfuegos acordaron -por instrucciones del presidente Peña Nieto- designarlo como Comandante de la columna del desfile militar del 16 de septiembre, en un hecho inédito.

El almirante ascendió al grado máximo el 20 de noviembre de 2013. Su hoja de servicios, en la que no se precisan fechas de inicio y terminación de los cargos ejercidos, se indica que “durante su trayectoria naval se ha desempeñado en diversas comisiones como Oficial subalterno y Segundo Comandante en diversas unidades de superficie de la Armada de México; Comandante de los buques: Oceanográfico “Onjuku”, Cañonero “José Azueta”, Guardacostas “Lerdo”, Remolcador “Seri”, y del Buque Escuela Velero “Cuauhtémoc”.

Asimismo, “ocupó el cargo de Jefe de Carrera y Jefe de Estudios de la Heroica Escuela Naval Militar”. Se agrega también que fue designado Comandante de los Sectores Navales de Mazatlán, Ixtapa y Cozumel; de la Flotilla de buques Auxiliares del Golfo; y de la Novena Zona Naval. Ha ocupado los puestos de Jefe de la Sección Primera del Estado Mayor General de la Armada; Director General Adjunto de Adquisiciones; Director General de Recursos Humanos y con fecha 1° de diciembre de 2012 recibió el cargo de Jefe de Estado Mayor General de la Armada.

El almirante José Luis Vergara Ibarra, pasa de la Comandancia del Cuartel General del Alto Mando en la Ciudad de México a la Oficialía Mayor de la Marina.

Este cambio aparece como una jugada estratégica con la que el alto mando naval reubica a Vergara en una zona de menor desgaste y exposición en el contexto de una guerra contra el crimen organizado en la que el Ingeniero en Ciencias Navales y experto en seguridad, combate submarino y robótica ha jugado un papel central.

El almirante José Luis Vergara estaba a unos días de cumplir tres años al frente del Cuartel General de la Armada de México (fue nombrado en ese cargo el 5 de diciembre de 2012), ubicado en la capital del país y desde donde se han efectuado las principales y más exitosas operaciones navales contra el crimen organizado, incluyendo, por supuesto la captura de Joaquín Guzmán Loera el 22 de febrero de 2014.

Hombre reservado, poco afecto a los reflectores, el almirante Vergara es el mando naval con una formación mucho más proactiva en cuanto a las necesidades y requerimientos del alto mando y del comandante supremo para seguir adelante con una dinámica de combate al narco desde un bajo perfil que priorice las labores de inteligencia, pero que sepa combinar en determinados momentos lo operativo y táctico para concretar metas definidas.

La formación profesional del nuevo Oficia Mayor de la Marina  -militar muy cercano desde hace varios años a sus pares navales de los Estados Unidos- habla por sí misma.

Su hoja de servicios oficial lo muestra como el mando con mayores argumentos y experiencia para desempeñar cargos administrativos y operativos en cualquier momento. Vergara fue uno de los personajes en la administración de Peña Nieto que más actividad tuvo en la contención de las presiones norteamericanas tras la segunda fuga del Chapo Guzmán.

Su más reciente desempeño fue el operativo efectuado en el llamado Triángulo Dorado del narcotráfico (los límites entre Chihuahua, Durango y Sinaloa), en donde fuerzas especiales de la Armada (la Unidad de Operaciones Especiales      –UNOPES–, del 27 Batallón de Infantería de Marina) trabajaron durante dos semanas para recapturar a Guzmán Loera, quien escapó con una pierna herida y la nariz fracturada.

Sobre el almirante Vergara, la Marina indica que en sus estudios de posgrado sobresalen el Curso de Navegación a Vela en el Buque Escuela Velero Cuauhtémoc, donde obtuvo el 1er lugar; las Especialidades en Informática, y Mando Naval, obteniendo el 1er lugar de su promoción, la Maestría en Administración Naval, en la que igualmente consiguió el 1er lugar y la Maestría en Mando Superior y Seguridad Nacional, por el Centro de Estudios Superiores Navales.

Se señala también que obtuvo el Diplomado en Robótica por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey; además del Curso de Oficial de Guerra Antisubmarina y el Curso Internacional de Oficial de Guerra en el Centro de Información de Combate, efectuado en el Centro de Entrenamiento de Guerra Antisubmarina de los EUA; así como el Diplomado “Las Fuerzas Armadas y los Derechos Humanos”, impartido por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

El mando del Cuartel General de la Armada en la Ciudad de México que deja el almirante José Luis Vergara será ocupado por el Vicealmirante Mario Ríos Hernández.

Jorge Alejandro Medellín

@JorgeMedellin95

Estado Mayor MX

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