Excepcional historia de vida de Renato Sales Heredia

México, 23 de septiembre.- Hace tiempo Renato Sales Heredia escribió que enfrentar los temas relacionados con el delito conduce a un laberinto. No imaginó que acertada sería la metáfora para su realidad actual: Habitando un laberinto dentro de otro con paredes chorreando miasma impenetrable.

¿A qué mandan a un maestro en filosofía, poeta, estudioso del Derecho, a encabezar una institución coja, podrida en sus cimientos, donde todo parece estar a punto del desastre?

¿Qué encontró a su llegada Sales Heredia en esa Subsecretaría, que no lo es oficialmente, ese entuerto con la estructura siempre ina-decuada? Básicamente, la desconstrucción de una institución que apenas estaba despuntando, que recién buscaba algo semejante a la decencia, al profesionalismo.

En una coyuntura muy complicada. Con un jefe que atiende razones políticas, y con unos subordinados que no han alcanzado a comprender el cambio sexenal en que se están inmersos. Una policía cuya legalidad está en el limbo de las decisiones administrativas, que investiga pero coyunturalmente, que es operativa pero con saldo desastroso de víctimas, y unos laboratorios forenses que fueron maravillosos y hoy parecen en total desuso. Y una ciudadanía agraviada que abomina la impunidad criminal.

Renato llegó a Gobernación para darle un poco de aire a la esperanza que millones de ciudadanos ya habíamos perdido que las instituciones de seguridad hagan su trabajo, respetando los derechos humanos, sin perder eficiencia.

A eso, que no es poco, hay que agregar el fardo pesadísimo de la administración del sistema penitenciario, que si bien está apoyado en los penales federales también atiende a una situación nacional cercana a la tragedia.

Renato Sales es campechano, lo que viste y desnuda la esencia de su personalidad. Campeche, para quien no lo sepa, es un pequeño estado del Sureste del país, donde el tiempo transcurre sin urgencias, donde la presencia permanente del mar obliga a soñar, también a pensar. Con obligación de convivir con los demás, la afabilidad es norma. Es decir, para el funcionario, el otro existe. Siempre está ahí, frente a su propio espejo.

Sales Heredia es hijo de un hombre pleno de talentos e inteligencia, extrañado por sus amigos, que fue procurador del Distrito Federal y que honró a la profesión de abogado. Como la mayoría de los provincianos emigró al DF a estudiar, y trabajó desde sus días en la Universidad Iberoamericana en un juzgado.

O sea, es una chucha cuerera de la procuración de justicia, que ha sido subprocurador en la Ciudad de México y procurador en su Estado, que cambió la forma en que se integraban las investigaciones hace muchos años. Y por eso podría haber sido una especie de “profesor chiflado”, cargando expedientes y acumulando libros de materia penal en sus paredes. Decidió ser, además, poeta y cuenta historias en los diarios.

Estudió una maestría en filosofía… para lo que pudiese ofrecerse. Un perfil interesantísimo para un provinciano que apenas ha cruzado la cincuentena con sus crisis existenciales.

A su paso en la Fiscalía Antisecuestros se significó por un trabajo serio, que comenzaba a perfilar un cambio. Ahora le toca bailar con la más fea, borracha, vomitada y pestilente de la fiesta.

¿Qué podemos esperar?

El fin de semana pasada Sales Heredia recorrió, sin corbata y sin sequito de reflectores, el penal del Altiplano, conocido como Almoloya, de donde se escapó el “Chapo” Guzmán. Su presencia evidencia un interés real en conocer, primera persona del singular, la verdad de lo que hay dentro de ese penal. Lo que no hicieron sus antecesores, lo sabemos porque Rubido hablaba de un “área de regaderas”, comunitaria, que no existe.

Que lo haga respetando el reglamento de esos penales, donde se establece que no deben fotografiarse, es muy sano. Durante ese recorrido los habitantes del infierno, un castigo infrahumano que no funciona para evitar las fugas, se quejaron justificadamente de su situación. Y Renato los escuchó… lo que no ha hecho ningún funcionario. Importantísimo porque, no olvidar, inmoralmente hay presos que no han sido sentenciados, es decir que legalmente son “inocentes”.

Pensemos que Renato puede encontrar salida al laberinto mayor y que todos podremos ver un vestigio de luz de su mano…

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estado Mayor MX

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