México, 18 de julio (La Razón).- Una de las sucesiones más complejas será la que se opere en la Secretaría de la Defensa.
A diferencia de otros sexenios, en los cuales el general secretario tenía “mano” cuando menos en la selección y promoción de quienes podían ser titulares de esa secretaría, ahora muchos intereses están en juego.
Quizá el ejemplo más claro sea el derrumbe de las aspiraciones del general Tomás Ángeles.
Más allá de lo que ocurra con su caso, y ante la probabilidad que tenga que ser liberado, el daño que le hicieron es irreversible y quedó inhabilitado para cualquier puesto de rango.
Ahí está la franja más delicada del expediente y de la decisión, que lo mantiene en el centro de arraigos.
Después de todo, Ángeles forma parte de la élite del Ejército y sólo le faltó ser secretario en su amplia carrera militar.
Otro flanco es el que tendrá que resistir el general Augusto Moisés García Ochoa, uno de los militares que más saben sobre combate al crimen organizado y que hoy se encuentra bajo presión por la compra de equipo de comunicaciones y con capacidad para intervenir llamadas, vigilar conversaciones y explorar computadoras.
La Secretaría de la Defensa precisó que todo este equipo será utilizado en las tareas que marca la ley, pero el veneno de la suspicacia sobre un supuesto espionaje político quedó sembrado.
El general García Ochoa tiene a su cargo la administración general de la Secretaría de la Defensa, un área por demás clave en las operaciones que realizan los militares en la actualidad y es sin duda uno de los cuadros de mando que pueden aspirar al cargo de secretario.
Hace unos días el también general Jorge Carrillo Olea escribió un texto sobre los riesgos que puede entrañar una guerra de ambiciones en el instituto armado y recordó que lo más conveniente es dejar que el general Guillermo Galván pueda jugar sus cartas para que el próximo presidente de la República tome una buena decisión.
Esto puede servir, sin duda, para detener o anticipar, un pleito de generales que no nos llevaría a buen puerto.
Hay pocas instituciones tan sólidas como la militar, en la cual imperan la lealtad y la disciplina, pero el escenario es completamente distinto al de otros cambios de gobierno y eso se tiene que tomar en cuenta.
Es probable que el nombramiento de secretario de la Defensa sea una de las tareas más delicadas que tendrá que enfrentar Enrique Peña Nieto, ya que al próximo general secretario le tocará instrumentar un ajuste en la estrategia contra la criminalidad organizada, sin que esto implique poner en riesgo la seguridad de la población.
El nivel de tropas desplegadas en el país y lo delicado de la información que se ha obtenido por labores de inteligencia dan cuenta de lo que está en juego.
Se debe garantizar, por ello, que el general secretario cuente con la preparación adecuada, pero también con el prestigio que se gana con el trabajo de décadas.
Julian Andrade
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La Razón
