México, 18 de julio (Milenio Diario).- Desde que se inició el actual gobierno, el Ejército, las Fuerzas Armadas en su conjunto, fueron defenestradas por diversos sectores e individuos que siempre vieron a los soldados como artículos desechables, sin que el liderazgo político, radicado tanto en el Comandante en Jefe como en el Congreso, pudiera explicar cabalmente al pueblo lo que hacen las Fuerzas Armadas y por qué es importante.
Por el contrario, permitió que se enlodara al Ejército a pesar de las eficaces tareas que desempeña todos los días.
Una de las muestras más acabadas de esta situación la representa el caso y detención del general Tomás Ángeles Dauahare. Se le pretendió acusar de permitir la venta de drogas al menudeo en el H. Colegio Militar cuando era director de esa institución.
“Es una forma muy ruin de querer enlodar más al Ejército mexicano”, fue el clamor de militares retirados y en activo. “Como no tienen forma de probarle nada al general Ángeles ahora arremeten contra nuestra Alma Mater, a sabiendas que mienten, quieren descalificar no solo al general Ángeles, sino a todos los graduados del H. Colegio Militar, y hacer creer que es un semillero de drogadictos en lugar de la institución donde se forman los futuros generales de México, esto debe ser debidamente aclarado”, palabras del teniente coronel Del Valle.
Y como el caso del general Dauahare existen otros quizá más graves que pasaron inadvertidos a la opinión pública. Los volvemos a citar: Gutiérrez Rebollo, Quirós Hermosillo, Acosta Chaparro, Gallardo Rodríguez; Martínez Perea, que cumple una condena injusta, pero le agregamos los casos de la desaparición del capitán Juan Rodríguez Valenciano, que sigue siendo un verdadero drama y el abuso en contra del soldado marino Gutiérrez Jiménez, que sin haber cometido el delito de deserción se le lanzó a la calle con un problema de salud grave, adquirido en actos del servicio, que lo mantiene como una pesada carga para su familia humilde, campesina.
Nada justifica el trato al general Dauahare, como nada justifica que un tribunal colegiado haya sobreseído la causa del soldado marino Gutiérrez Jiménez, sin cumplirse con la obligación de velar por la justicia que nos corresponde a todos por igual. Con estas decisiones, un general tiene más posibilidades de defenderse de los abusos que un modesto soldado oaxaqueño, hijo de campesinos.
Todo ello ha provocado que la sociedad mire con recelo al Ejército. Admira a los civiles que actúan con valor bajo presión, como fueron los casos de epidemias, pero tal comportamiento se exige de los integrantes de las Fuerzas Armadas.
Según nos dice el general Brigadier Retirado Pedro Sánchez Hernández, la noticia de que el general Tomás Ángeles Dauahare fomentaba el narcomenudeo en el Colegio Militar, no por absurda y ridícula, resulta inofensiva. Si bien es cierto que hay personas enteradas de que la Procuraduría General de la República aclaró que la denuncia anónima resultó ser falsa; desgraciadamente una gran mayoría no es gente informada y es quien da cabida a lo que simplemente escucha.
El daño está hecho, la herida, aunque curada con la declaración de la PGR, necesariamente dejará cicatriz; la verdad debe salir a flote, debe llegar a un mayor número de personas; esa verdad aportará los remedios que borren en lo posible las huellas de la calumnia.
Miles de jóvenes guiados por pundonorosos mentores tejieron a lo largo de la historia reciente de México un manto blanco para cubrir con él la impecable y honrosa tradición del Heroico Colegio Militar. Tejer un manto del tamaño de la grandeza histórica del Heroico Colegio Militar demandó una gran cantidad de blanco hilo; la rueca de la historia aportó esas grandes cantidades:
Herederos de tan honrosa tradición, los jóvenes que escogieron dedicarse al servicio de México estudiando en el Heroico Colegio Militar han sido orientados para cargar en sus bisoños hombros, la enorme responsabilidad de conservar la honra de la Institución. En esa tarea no están solos, en esa tarea son guiados con mano férrea desde el Alto Mando hasta el último de los oficiales instructores; y no es todo, pues la enseñanza y el celo con que se orienta al cadete novel se prolonga a los propios cadetes antiguos, quienes investidos de jerarquía interna de Sargentos y Cabos o sin jerarquía alguna, solamente apoyados en su mayor experiencia por haber ingresado al Colegio uno, dos o tres años antes, ejercen una gran influencia en la formación del futuro oficial. Con ese respaldo, y con el celo que cada uno de los eslabones de esa cadena pone en tan noble tarea, la integridad del heroico plantel está asegurada.
Por esas razones expuestas, no se vale que alguien con motivos execrables, amparado en la cobardía del anonimato, ponga sus sucios y malolientes pies sobre el manto inmaculado tejido por los miles de jóvenes que desde 1822 hasta nuestros días se han forjado en el crisol donde se funden el hombre y los valores patrios.
Javier Ibarrola
Fuerzas Armadas
Opinión
MIlenio Diario
