Más del General abandonado…

México, 6 de noviembre.- El general Ricardo César Niño Villarreal cometió todos los errores a imaginar la noche del sábado 1º de noviembre, lo pagó con su muerte y la de su acompañante.

Lo que no se merecía era el “homenaje” de noche, literal, a escondidas que le hicieron.

Cuando unos cuantos soldados, unos cuantos policías, y su jefe directo sin uniformar le rindieron “honores” en el estacionamiento de la funeraria parecía que estaban frente al velador.

El mensaje fue nefasto para cientos de jefes militares que están en funciones de seguridad pública en todo el país, arriesgando sus vidas cada día.  Porque ni siquiera había una bandera sobre el féretro donde, torpemente, colocaron el uniforme militar de gala que debió haber portado físicamente el muerto.

Niño Villarreal no estaba jugando tenis cuando lo mataron, no fue un accidente de tránsito.  Su comisión, porque a final de cuentas eso era aun en situación de retiro, fue autorizada por el alto mando.  Su trabajo era proteger a la ciudadanía de los criminales.  Y los criminales, con el apoyo de sus propias escoltas, lo asesinaron.

¿Por qué un homenaje de tercera, sin siquiera un discurso oficial a la presencia del comandante de la Región Militar?

Que luego no les pidan que vayan a las policías del país a arriesgar sus vidas…

Niño Villarreal, lo sabemos hoy, no entendió el peligro que vivía cotidianamente.  Utilizar un automóvil Tsuru modelo muy antiguo fue de una estupidez sin calificativo.  Sobre todo cuando tenía un vehículo blindado a su disposición.  ¿Qué prurito, que mentalidad castrense cerrada, estuvieron detrás de esta decisión tan errónea?

Si hubiese viajado en un blindado estaría vivo seguramente.  La superioridad de sus atacantes le impidió, desde el pequeño coche, huir o defenderse.

La versión de que iba con escoltas pero que estos lo abandonaron tiene que investigarse.  Pero no por la autoridad local que todo indica estaría, también, detrás de estos crímenes.

Sorprende que el general, otro error grave si así sucedió, no fuese acompañado por una escolta militar. Una de las características del “Modelo Coahuila” fue, precisamente, el pago de sobresueldos y renta de casa a las escoltas militares de los jefes en funciones de seguridad, para que así pudiesen pedir comisionados a personas de su entera confianza.

¿Cómo puede un militar ser jefe de policía sin pensar que necesita, forzosamente, estar rodeado de personas capacitadas en funciones de protección física y de su mayor confianza?  Estar rodeado de policías que, todos lo sabemos, están controlados por criminales es de total ingenuidad para decir lo menos.

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estado Mayor

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