México, 22 de octubre.- Cada día, van más de veinticinco, desde que se conoció la tragedia de Iguala el rostro del Presidente suma líneas y rabia, una indignación tan grande que enmarca su mirada con muchos años más. Es obvio que no puede dormir, que cada hora del día está volcado en la peor crisis de su gobierno.
Quien lo conoce sabe que no va a permitir que su proyecto, que va mucho más de lo inmediato, de un sexenio, del poder temporal se destruya por la impunidad criminal, por la complicidad atroz de autoridades.
Por eso hay que esperar, de un momento a otro, un manotazo épico. Una salida legal-política que va a dejar historia.
Sus tiempos, sus caminos son diferentes. Enrique Peña Nieto es experto en dejar que la realidad se asiente, en escuchar, analizar, encerrarse a ver todas las opciones con un gran número de voces. Y lo está haciendo. No hay que equivocarse.
Si alguna cualidad define al Presidente por encima de cualquier otra es su lucidez mental, que tiene mucho de frialdad.
En estas largas horas de análisis Peña Nieto tiene a su lado a otro hombre igual de enfurecido, que ya no tiene espacio para las arrugas, para las bolsas bajo los ojos de tanto insomnio, pero que sabe mucho de leyes, de investigación, de política: Jesús Murillo Karam.
El binomio es interesante. Han pasado, juntos, muchas crisis. Y, también, juntos han encontrado soluciones plenas de imaginación.
En eso están. Y de estos esfuerzos sabremos pronto.
Por lo tanto, porque el problema es de fondo y la solución debe serlo también, es que la “renuncia” o la “desaparición de poderes” en Guerrero ha pasado a segundo plano. No va terminar ahí, no van a optar por la misma respuesta del sistema político mexicano.
Ya en Michoacán, que en su momento despertó tantas críticas, Peña Nieto encontró una opción que a la distancia se admite invaluable para detener la espiral de violencia.
A la luz de los hechos sucedidos en Iguala, habrá que erigir una estatua al comisionado Castillo y concederle todas las condecoraciones que tiene el Gobierno a disponibilidad.
Baste imaginar en esa entidad gobernada por “La Tuta” desde las entrañas de Palacio de Gobierno y la misma casa del gobernador, qué pudo haber sucedido si no se rompe el círculo de impunidad, si no llega Castillo como un elemento con capacidad de romper la complicidad criminal que en los hechos dejaba sin Estado de derecho a Michoacán.
Sin Castillo en Michoacán hoy habría muchas muertes que lamentar, muchos secuestros, muchas extorsiones, mucho miedo y una parálisis económica irreversible.
La figura del “Comisionado” no existía, y vaya que le ha dado resultado al primer mandatario. Contra todos los dichos, resultó que Alfredo Castillo era la persona idónea para ese trabajo.
De idéntica manera habrá un camino, una solución, un cambio de dirección, un manotazo brutal en Guerrero.
Las soluciones a “botepronto” han resultados nefastas en nuestra historia reciente, así hayan estado justificadas en la realidad como sucedió con la detención de los presidentes municipales de Michoacán el sexenio pasado. En este sentido Jesús Murillo es una garantía de que no habrá improvisación en la parte jurídica.
Hoy el país está agraviado por la desaparición de 43 muchachos en manos de policías convertidos en sicarios. Para que esa tragedia sucediese tuvieron que sumarse muchas omisiones, tanto del gobierno federal como del estatal. Pero hay un responsable, uno solo por encima de todo, y es el gobernador Ángel Aguirre. Así lo dice la Constitución. Así lo ordenan las leyes que nos rigen.
Aguirre es responsable moral, político, pero sobre todo legal. La omisión de la autoridad tiene un costo. No solamente para el presidente municipal, ni para los jefes policíacos. En Guerrero gobierna Aguirre.
Habrá que tener certeza de lo que sucedió con los desaparecidos, habrá que avanzar en la parte legal que está tan empantanada como la peor pesadilla, habrá que desear que el ofrecimiento de recompensas millonarias ayude a descubrir la verdad. Y a partir de ahí vendrá el reparto de responsabilidades, vendrá la respuesta presidencial.
No hay que equivocarse, Peña Nieto no es tonto ni manco… Al tiempo.
Isabel Arvide
@isabelarvide
Estado Mayor
