México, 26 de septiembre.- Da la impresión que sus dos inmediatos antecesores se pasaron meses averiguando qué tipo de papel higiénico se compraba en Los Pinos, mientras que Enrique Peña Nieto llegó con una agenda precisa que daba razones sobre los vericuetos a tomar para llegar de la mejor forma a sus metas, igual de aterrizadas.
O sea, en buen español, llegó sabiendo de qué lado masca la iguana.
Y por eso, porque ya tenía definida la ruta crítica del cambio a realizar, es que ha podido romper todos los paradigmas, esos temas prohibidos en la cultura mexicana que debían permanecer intocables.
Valga como ejemplo Pemex. Ahí están las reformas. Y no hubo ningún incendio político, nadie se inmoló en Paseo de la Reforma para protestar.
Hoy Peña Nieto rompe otro estatuto que iba de lo escrito, de alguna manera difusa pero contemplada en nuestras leyes, a la costumbre militar intocable.
Lo que ni Fox con su locura de aplastar todo aquello asociado a gobiernos priístas pudo conseguir, hoy Peña Nieto lo anuncia como si acabase de embarrar un pan tostado con mantequilla. Y no hay expresiones altisonantes de ningún tipo.
Es de todos conocido el enfrentamiento que hubo en muchos temas de seguridad nacional entre Vicente Fox y su titular de la Sedena, Clemente Gerardo Vega García. Cuando el titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Jorge Castañeda, intentó que México tuviese en papel más activo en la ONU a la vez que enviar tropas mexicanas al extranjero, hubo una negativa tremenda de la Sedena.
Algunos analistas afirman que este enojo se manifestó con un suave “Ni en sueños” del general Vega García, otros afirman que su expresión fue bastante más fuerte. A lo que hubo, en lo externo, oposición de los diputados priístas, tal vez más contra Fox y su gobierno que contra esta medida.
Hoy vamos a mandar a nuestros soldados a guerras de verdad, donde se mueren de verdad, donde disparan de verdad, donde el afán pacificador de la ONU se ha traducido en muchos muertos.
Esto significa un cambio enorme hacía dentro de las fuerzas armadas. Que conlleva la necesidad de fortalecer en todos los ámbitos el entrenamiento. Y también una profunda adecuación de la cultura castrense.
Un soldado en cada hijo te dio dice el Himno Nacional. Soldados que hoy deben demostrar su valor en el extranjero. Como hacen los de muchos otros países.
Estos paradigmas rotos van a significar el gobierno de Peña Nieto sobre cualquier otra definición. Para bien de la República como se decía antiguamente.
Lo que sigue ahora es aterrizar en el Congreso, en la Secretaría de Relaciones Exteriores, esta medida que ha despertado las mayores simpatías en Nueva York, donde se dio a conocer de cara a otros mandatarios.
Habrá que enterarse, todos, qué hacen los “Cascos Azules”, de qué forma van a seleccionarse los militares que acudan a estas misiones de “paz”. Los militares, anunció también Peña Nieto, colaboraran en casos de desastres naturales en el extranjero, pero esto no es nuevo. Ya lo hicieron con mucho éxito en Haití después del terremoto.
Lo de las balas de verdad es lo nuevo.
Y aunque no parezca creíble hay miles y miles de militares, de jefes militares, que no han tenido “oportunidad” de utilizar sus armas. Es decir, que nunca han disparado. Eso va a cambiar radicalmente. Para muchos será un factor importante en la modernización de las fuerzas armadas.
Siempre será mejor ir a la guerra, para lo que fueron educados toda su vida, que hacer funciones policiacas que escapan a su formación castrense.
Lo cierto, lo más importante, es que Peña Nieto está logrando lo que ni en sueños pensaron que era posible sus antecesores. Y que esto deja establecido un precedente para todo lo que sigue…
Isabel Arvide
@isabelarvide
Estado Mayor

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