México, 25 de junio.- La fotografía es invaluable, el salto queda detenido casi en el aire. Habrá que agradecer, puntual, a la sensibilidad de David López y sus fotógrafos porque lo que se plasma en la imagen es el triunfo de millones, logrado por la voluntad colectiva, por las ganas de que fuese.
Es el Presidente de millones de mexicanos quien se detiene, literalmente, del aire para alcanzar el grito de “goooool” que se repitió frente a millones de pantallas en todo el país. Es el “Sí se puede” que llena la emoción de la mayoría de desarrapados, ricos, poderosos, albañiles y los que se acumulen.
Porque esa fue la apuesta de Peña Nieto desde el inicio de su gobierno. El “Sí se puede”, el “Vamos a cambiar” que se traduce en “Ganamos”.
El ejercicio político es de excelencia. No porque el Primer Mandatario se “monte” sobre el ámbito futbolero sino porque es tan igual al “Piojo” como lo somos usted y yo, porque su ser provinciano, de político local que aspira a la grande para hacerla, también, en “grande” está reflejado en el salto épico del entrenador de la Selección mexicana que magnificaron todos los medios de comunicación del planeta.
Peña, usted, yo, el sacrosanto “Piojo” solo queremos ganar. Una vez, un día, un partido…, ganar. Y, así, demostrar al resto del mundo que somos los “chingones”, que somos los que podemos, que somos los mejores.
Esta emoción colectiva es mágica. Se alimenta del imaginario colectivo en las plazas de los pueblos y en los salones llenos de alfombras. Eso era lo más importante: Que todos los mexicanos queríamos ganar el partido. En el balón que corría por la cancha estaba la esperanza mayor.
De ahí que Peña Nieto haya hablado de una semejanza con la “Toma de Zacatecas” que militarmente es, seguirá siendo una hazaña.
Por eso también la amargura inmensa de Andrés López diciendo que el mejor vive el beisbol, juego que como todos sabemos necesita bastante más que un balón para realizarse. Juego menos democrático y, sobre todo, que no está en un Mundial en este momento.
Quienes juegan dados, “Craps”, saben que ganar, que conseguir que los números caigan a favor, reside en mucho del espíritu de la mesa.
Cuando aparece un “vivales” que quiere lucrar con el fracaso de todos es mejor irse. Algo parecido sucede con el futbol mexicano.
De ahí que la irrupción del “Piojo” a nuestras realidades sea tan invaluable.
Cuenta mi entrañable Joaquín López Dóriga que pretendieron que Miguel Herrera diseñara los partidos con computadora, matemáticamente… y él prefirió hacerlo de acuerdo a su intuición, es decir a sus “corazonadas”, a lo que la piel le ordenaba. Tal como hemos vivido millones de mexicanos por muchos años, tirando, sobreviviendo, buscando chamba, tocando puertas, compartiendo sueños frente a una taza de café o pateando un bote por la calle, sembrando un pedazo de terreno con calabazas, creyendo en proyectos, buscando el pan nuestro de cada día con cara de confíe en mí por favor…
Por eso su triunfo es una cobija amorosa que a todos nos cubre. Somos los jodidos que no tenemos dos maestrías ni dinero en el banco quienes ganamos, y podemos saltar, gesticular sin miedo al ridículo junto con él.
Con nosotros, en su salto infantil, en su expresión de júbilo más honesta, también ganó Enrique Peña Nieto.
Los amargados, que son los enemigos de los amorosos, dirán que es solo futbol, un balón que gira por una cancha, un “Chicharito” que llora después de meterlo hasta una red.
Nosotros sabemos que por un día esos “chavos” vestidos de verde, ese “Piojo”, fueron receptores de la voluntad colectiva más fuerte: “Es a ganar o ganar” y, con lealtad para millones de esperanzas, cumplieron nuestra meta.
No sé qué suceda el domingo. Ayer, hoy todavía, ganamos. Es decir, ganamos todos, ganamos hasta decir basta, ganamos contra los “güeritos” que decían que éramos poco menos que basura, ganamos porque somos los mejores, ganamos porque quisimos ganar…
Isabel Arvide
@isabelarvide
Estado Mayor

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