México, 13 de junio (Milenio Diario).- Como nunca, la sucesión dentro de las fuerzas armadas está generando polémica y desinformación. Vale decir que tanto una como otra se generan desde la clase política, quienes —sin duda— si no conocen los alcances de la política nacional, mucho menos sabrán que las fuerzas armadas nacen y se conducen en función de políticas establecidas en las leyes de la materia.
Desde el Poder Legislativo, por ejemplo, no alcanzan a comprender el papel y la dimensión que tienen sobre las fuerzas armadas, ya que, quien les da presente y futuro son precisamente ellos, por eso la visión no debe ser de partidos; las fuerzas armadas son la única institución que no debe cambiar por la ideología de unos, o bien por la inacción de otros.
Por cambio no me refiero solo al de limitar su naturaleza. Por supuesto lo menciono por lo grave que sería intentar cambiar el origen de quienes estén al frente de la cadena de mando. Dentro de esta cadena, quien aspire a ser el general secretario debe tener muy claro que las necesidades para la Sedena han aumentado. La modernidad en la que deja la institución el general Galván Galván será lo que el futuro alto mando deberá no solamente entender, sino enfocar gran parte de sus esfuerzos.
La continuidad debe ser entendida desde la realidad de lo que hoy el Ejército tiene que ofrecer como defensa nacional a México. Un país que a partir del 1 de diciembre será completamente distinto al de hoy. Y en verdad lo será, ya que la sociedad exigirá a la clase política mucho más que ahora. Desafortunadamente la gente cree que los soldados pertenecen a la clase política. Habrá que sacarla de ese error.
La pregunta de propios y extraños es qué clase de general debe ser el próximo secretario. Por supuesto, y en primer lugar, debe ser un general de división en activo. Un hombre que entienda la importancia de la brecha generacional y que romperla será un desacierto. El nuevo secretario debe sacar adelante a los cadetes de hoy, deberá dar rumbo a los oficiales del Estado Mayor y por supuesto tendrá que soportarse en los generales que serán sus mandos superiores.
Quien aspire a ser el alto mando debe elevar a las tropas al nivel correcto de un país —se insiste— diferente. Las tropas bajo la cadena de mando de sus comandantes libran hoy la guerra en las ciudades, ya no solamente en la sierra o en el campo, es decir, hoy el campo de batalla son las ciudades. Este nuevo general secretario deberá poner al alcance de sus mandos todas las herramientas tecnológicas actuales para darle un curso distinto a los procedimientos tácticos para que se continúe cumpliendo cabalmente la misión.
Un general en activo y activo para convencer a los políticos, a los legisladores, a la población y por supuesto a los medios de comunicación de que el Ejército mexicano es la gran fuerza de nuestro país y que bajo esta negociación y comprensión, el riesgo de que se rebase la utilización de la fuerza por parte de la delincuencia o de grupos nocivos para la sociedad, simplemente, no tiene lugar.
Se debe conservar la autonomía de la cual han gozado las fuerzas armadas hasta hoy. Por eso aquí también entra a coadyuvar la Secretaría de Marina y la sucesión del almirante que vaya a comandarla.
En el pasado, los secretarios de la Defensa conseguían absolutamente todo con el Presidente, ya que éste se volteaba al Congreso y allí hacían lo que se les mandaba. El nuevo secretario debe adentrarse en la complejidad de la vida legislativa sin perder la soberanía y la libertad de acción con la que se van a conducir él y sus tropas. De la firmeza del próximo general de cuatro estrellas dependerá lo anterior.
De su habilidad para dirigir en la modernidad dependerá en gran parte que los esfuerzos realizados y alcanzados en este sexenio no se pierdan, no se olviden, no se diluyan en el escaso interés de grupos poco interesados en la soberanía, en la importancia del fortalecimiento de las instituciones, tan urgente de respaldo. De su habilidad de interlocución dependerá conseguir lo que hoy jefes, oficiales y tropa necesitan. De su capacidad y habilidad de difusión dependerá la imagen que se le quiera dar a la institución en los próximos años.
De su capacidad y habilidad administrativa dependerá el bienestar, certidumbre y futuro de sus elementos y por supuesto dirigir a la propia institución hacia los retos que México enfrentará en 2018. De su capacidad y habilidad de manejo político dependerá la importancia que tiene el Ejército como parte fundamental y estratégica del concierto político nacional.
De su habilidad social dependerá demostrar a todos la naturaleza nacionalista y progresista de las fuerzas armadas, ante entes económicos, políticos y sociales.
Sin lugar a dudas las fuerzas armadas son desarrollo, causa y consecuencia de este país. Quien comande al Ejército no solamente debe entenderlo, debe demostrarlo sin titubeos con negociación y conciliación.
Hoy existen en nuestro país 34 generales de división en activo. De ellos, al parecer, 10 tienen más posibilidad. Todos, sin embargo, cumplen con los requisitos para serlo. El reto de estar al frente de la Secretaría de la Defensa Nacional siempre ha sido mayúsculo. El de los próximos seis años no tendrá precedente.
Juan Ibarrola
*Periodista. Especializado también, como su padre Javier Ibarrola, en fuerzas armadas.

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