El relevo anunciado

Monte y MondragónMéxico D.F., 25 de marzo.- Era cuestión de días —los cuales se alargaron ante la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán y la muerte de Nazario Moreno—, pero la caída del ex comisionado nacional de seguridad Manuel Mondragón y Kalb estaba anunciada desde el año pasado. El frustrado proyecto de la Gendarmería y su aislamiento en el gabinete de seguridad eran las señales más nítidas. La llegada de Monte Alejandro Rubido, ex titular del Sistema Nacional de Seguridad Pública y veterano especialista en inteligencia, coloca a otro funcionario de origen mexiquense en el grupo compacto del área de seguridad.

Un año y tres meses después de que asumió su cargo como Comisionado Nacional de Seguridad sus planes se frustraron. Las señales comenzaron desde mediados del 2013, cuando el doctor Manuel Mondragón y Kalb titular de la Comisión, empezó a perder interlocución con el secretario de la Defensa y el titular de Marina. El motivo era la forma en cómo empezaba a planear en su despacho la que sería la Gendarmería Nacional, pensada en un inicio como un cuerpo integrado por marinos y soldados que podrían estar bajo el mando de algún militar de alto rango en retiro. La idea que tenían los militares no era del agrado de Mondragón, quien negó en varias ocasiones que el cuerpo de seguridad que se gestaba, quedaría como parte de las fuerzas armadas y así tener un modelo similar al que opera en países como Francia y Chile.

La danza de cifras que el comisionado empezó a dar a conocer desde principios del año pasado, sobre el número de efectivos con los que arrancaría el proyecto de la Gendarmería, refería que podrían ser entre 20 a 30 mil elementos que serían transferidos por el ejército y la marina. Al paso de las semanas la cifra cambió, se mencionó que giraría en 10 mil con la novedad de que solo serían marinos.

Quería quedarse con la paternidad del proyecto, sin tomar en consideración el carácter militar bajo el que operan las gendarmerías en el mundo, y cuando decidió no ceder a las consideraciones de los jefes de las fuerzas armadas, su interlocución terminó, dice una fuente del ejército mexicano que conoció el desencuentro entre Mondragón y el general Salvador Cienfuegos Cepeda, titular de la Defensa Nacional, y el almirante Vidal Soberón, secretario de Marina. Sin embargo con el enfriamiento para colaborar en el proyecto de la Gendarmería, el trato del general secretario como del almirante, fue respetuoso y atento, en el fondo le tenían aprecio, añade.

Si la Gendarmería Nacional se “atascó” por la falta de interlocución con el alto mando de la marina y el ejército, el segundo escollo que durante todo el año 2013 tuvo a Mondragón aislado y “congelado” por varios funcionarios del gabinete de seguridad, fue por la operación de la Policía Federal. Su idea de los “Cuadrantes”, como dividió las regiones del país, nunca funcionó, dice un funcionario de la secretaría de Gobernación que siguió de cerca la gestión de Mondragón al frente de la Comisión de Seguridad. La depuración que intentó en la corporación no tenía una base ni criterios, se basaba en despedir a toda aquella gente que había estado muy cerca del ex titular de seguridad federal Genaro García Luna y su principal operador, Luis Cárdenas Palomino. Era enfrentar a un grupo muy arraigado con su gente que traía de la secretaría de seguridad del DF, esta división repercutió en la coordinación y en los resultados. No le funcionó y no tuvo mucho margen de maniobra, asegura el funcionario que participó en las reuniones del Consejo Nacional de Seguridad Pública donde el ahora ex comisionado asistía pero sin que su presencia pesara.

Desde las últimas reuniones del Consejo Nacional de Seguridad se veía a un Mondragón aislado, como ausente. En los pasillos de las dependencias como la que encabezaba así como en Gobernación, se sabía que era cuestión de tiempo para que dejara su cargo. A su distanciamiento con el alto mando de las fuerzas armadas, le sumó que el subsecretario de Gobernación Luis Miranda, cercanísimo operador del presidente Enrique Peña Nieto, el jefe de la oficina jurídica de la presidencia de la república Humberto Castillejos, así como Eugenio Imaz, director del Cisen (Centro de Investigación y Seguridad Nacional), no lo veían con buenos ojos. Tenía el área política, el área jurídica y la de inteligencia en su contra, con este factor no podría llegar muy lejos, considera la fuente consultada en Gobernación quien habló a condición de no ser citado por su nombre ni cargo.

El heredero de Chuayffet

El pasado martes 19 de marzo la versión que circuló desde días atrás, cuando se hizo oficial la renuncia de Mondragón como Comisionado, era que Monte Alejandro Rubido García, el antiguo funcionario de nivel medio en la desaparecida Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales (DIPS), de Gobernación, y de larga trayectoria en el Cisen, era quien quedaría en el cargo lo cual se confirmó.

Ni Eugenio Imaz, titular del Cisen, ni el senador Omar Fayad, presidente de la comisión de seguridad de la cámara alta, ni Damián Canales, jefe de la división de investigación de la Policía Federal, quienes sonaron para ser los posibles relevos de Mondragón, quedaron en el cargo.

Rubido García es abogado egresado de la UNAM, curso un posgrado en París y a finales de los años 80 llegó a ser director de investigaciones políticas en la secretaría de Gobernación cuando el titular era Jorge Carpizo. Su labor en áreas de seguridad la traía de tiempo atrás, cuando inició en la hoy desaparecida Dirección Federal de Seguridad, cuando la encabezó Fernando Gutiérrez Barrios, de donde pasó a la DIPS. Su especialidad en análisis de información lo llevó al equipo de Jorge Carrillo Olea, como jefe de esta área, en lo que sería tiempo después el Cisen.

En los primeros años de la década de los 90 dirigió el Cendro (Centro Nacional de Planeación contra las Drogas), en la PGR, cuando Carrillo Olea era subprocurador. Regresó al Cisen como director de investigación en los meses previos al levantamiento zapatista de enero de 1994.

Dejó el Cisen para sumarse a la campaña del candidato del PRI Luis Donaldo Colosio, tras el asesinato del abanderado tricolor ocurrido por estos días hace 20 años, Rubido se sumó al equipo de su paisano Emilio Chuayffet, quien era gobernador del Estado de México. Con él colaboró hasta que regresó al Cisen años después como secretario general adjunto.

A él se le atribuyó la creación del programa “Octupus”, que era un sistema de escuchas telefónicas que había sido denunciado a finales de los año 90 por varios políticos quienes se decían espiados. La prensa capitalina consignó que ocupaba también el puesto de director de investigación y análisis en el gobierno que encabezaba en el año 2001 Arturo Montiel. Esa área fue creada con empleados del Cisen que salieron cuando Vicente Fox llegó a la presidencia de la república. Era como una réplica del Cisen que realizó labor de espionaje a los probables contendientes en las aspiraciones presidenciales del frustrado político mexiquense.

En los meses en que se dio el enfrentamiento al interior de la cámara de diputados entre los priistas Chuayffet y la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo, a Rubido, quien era director de análisis del Cisen, se le adjudicó la elaboración del folletín titulado “Elba de Troya o Lady Macbeth Gordillo”, un compendio de notas y datos que exhibían las corruptelas de la maestra.

Discreto como suele ser, Rubido navegó entre el Cisen y el Estado de México hasta en febrero del 2007 su antiguo compañero de las áreas de inteligencia, Genaro García Luna lo nombró subsecretario de Política Criminal en la recién creada secretaría de Seguridad Pública Federal. De ahí pasaría como secretario técnico del Consejo Nacional de Seguridad Pública, último cargo que tuvo antes de llegar a ser nombrado por el presidente Peña Nieto, Comisionado Nacional de Seguridad.

Juan Veledíaz

@velediaz424

Estado Mayor

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