La muerte de un Soldado

El general Gutiérrez Rebollo. Foto: EspecialMéxico, 20 de diciembre.- El general de división, nunca perdió su calidad como tal, Jesús Gutiérrez Rebollo falleció en su cama del Hospital Militar después de una larga agonía que, paradójicamente, lo libró de su encarcelamiento en una prisión de alta seguridad.

Su muerte terminó con un drama que merece ser contado para que nunca vuelva a repetirse.

Gutiérrez Rebollo fue víctima de la corrupción del poder militar.  Su verdugo se llama Enrique Cervantes Aguirre.

Fue acusado, encarcelado, juzgado de las maneras más inmorales a recordar.

Tanto así que en su momento, con una periodista como testigo, el entonces procurador de justicia militar, general Rafael Macedo de la Concha, me aseveró que hubiese sido mejor que Cervantes Aguirre lo hubiese matado.

Su juicio se basó en dichos, en supuestos, en testimonios nunca probados y tal vez ni siquiera ratificados.  No le permitieron carearse con sus testigos, no tuvo una defensa eficiente hasta que pasados los años su propio hijo la encabezó.

Una de las frases más lapidarias que me dijo fue que debían castigarlo por pendejo, porque era el único presunto culpable de complicidad con criminales que no tenía un centavo.

Encabecé, entonces la vocera oficial era su hija Teresita, la defensa mediática del general.  Me confronté abiertamente con el inmenso poder de Cervantes Aguirre que siguió vigente hasta el sexenio siguiente con el general Vega en la Sedena.  Pague precios que volvería a pagar.  Creí siempre en su inocencia.  Él lo sabía.

Lo entrevisté en exclusiva muchas veces.  Me dijo todo lo que había que decir, me entregó pruebas, las publiqué y enfurecí a Cervantes.  No pasó nada. No hubo poder humano que pudiese contra la voluntad de destruirlo que portaba cuatro estrellas.

Me dolió verlo en la más denigrante de las prisiones, estoico, valiente, entero cuando todo en su entorno eran humillaciones inaceptables.

Nos escribimos, nos hablamos, nos respetamos, nos quisimos.

Lamento su muerte en muchos sentidos personales, emocionales.  Me duele pero también reconozco que fue un gran descanso.

Gutiérrez Rebollo fue un jefe militar excepcional que daba y volvía a dar resultados, como ningún otro, en la lucha contra los carteles de la droga.  Fue condecorado, fue reconocido por esto.

Sobre todo, coincidencias de la vida, en Jalisco tuvo bajo su mando al ahora titular de la Sedena, general Salvador Cienfuegos.

Por eso días después de tomar posesión, el general Secretario fue a ver a su amigo, a su antiguo comandante, a su cuarto de enfermo en el hospital militar donde siempre se le trató acorde a su jerarquía militar.

Si alguien puede dar testimonio del valor, de la honestidad, de la impecabilidad de Gutiérrez Rebollo es el actual jefe militar.  Le consta quiere decir mucho.

Por eso, por la relación de amistad con su familia de hace muchos años, fue que Salvador Cienfuegos ordenó casi en la madrugada del viernes 20 de diciembre del 2013 que sus condolencias amistosas, fraternas, fuesen oficiales.

Obvio decir que la Sedena no trata con criminales.

Expresar abiertamente pesar por la muerte del general Gutiérrez Rebollo es una exculpación con todas sus letras.

Cienfuegos tiene el valor, se lo agradezco infinitamente con el inmenso cariño que le tuve a Rebollo, de hacer público el sentir de muchos, muchos que son muchos en verdad, jefes militares sobre la inocencia del general Gutiérrez Rebollo.

Tal vez en el mundo civil esto no tenga traducción, dentro del universo uniformado vale mucho.

Mi general Rebollo dejo escrito, notariado, que al morir fuese incinerado sin mayor ceremonia.  Si hubiese optado por el velatorio militar hubiésemos visto un gran desfile de hombres plenos de valentía y honor.

No solamente abrazo a su familia, me abrazo a mí misma en un dolor compartido.  No por su muerte sino por la tragedia que vivió.

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estado Mayor

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