De la negligencia civil a la indolencia militar

S. Jerónimo, Caba-Gro¿De qué tamaño será la negligencia de las autoridades civiles en Guerrero ante la contingencia que significó el paso del huracán “Manuel”, que los mandos militares no daban crédito ante la ignorancia, la improvisación y la lentitud de reacción que terminó por afectar la entrada en operación del plan DN-III? Si ante el problema de seguridad el Ejército tenía un ríspido contacto con las guardias comunitarias y pobladores de la región de la Montaña y la Costa, ahora ante la necesidad de auxilio, su tardía respuesta les resta méritos ante gran parte de la población civil. 

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México, 29 de septiembre.- El “famoso” plan DN-III ha sido un fiasco. Al menos es lo que piensan la mayoría de los pobladores del municipio de San Jerónimo de Juárez, en el corazón de la Costa Grande de Guerrero, quienes no se explicaban cómo, en los días posteriores al paso del huracán Manuel, con la comunidad bajo el agua y las vías colapsadas, los soldados estuvieran sobre sus vehículos sin hacer nada, inmovilizados, en calidad de espectadores.

Después se sabría que esperaban la orden, la autorización que tardó en llegar, y que sin ella no podían comenzar a prestar ayuda a la población civil. Pasaron varias horas para que reaccionaran, cuentan pobladores que hicieron contacto con esta página web, y que enviaron fotos de la comunidad que está considerada la más afectada de toda la región de la Costa Grande, como se conoce a la zona que comprende los municipios en el trayecto de Acapulco a Zihuatanejo atravesados por la carretera federal 200.

San Jerónimo de Juárez, Las Tunas y Hacienda de Cabañas están considerados en los reportes de Protección Civil del estado de Guerrero, como las comunidades más afectadas de la región de la Costa Grande. A principio de la semana pasada el Presidente Enrique Peña Nieto recorrió esta zona, a decir de los pobladores, solo lo llevaron a las áreas menos afectadas en un intento por “minimizar el tamaño” de la tragedia. Peña estuvo en La Máquina, “un poblado que comunica a la Hacienda de Cabañas al cual para poder llegar hay que pasar un puente colgante porque el que existía la corriente se lo llevó, al lugar que lo llevaron presenta daños mínimos (…) quizá para no declarar zona de desastre y así evitar la ayuda a muchas personas que de los poblados mencionados no reciben la ayuda, muchos de ellos viven de las cabezas de ganado, agricultura”, la cual en su gran mayoría fue arrastrada por la corriente del río Atoyac.

La población de este municipio registró el hecho que durante los primeros días posteriores al paso del huracán, el Presidente Municipal de San Jerónimo, el perredista Nicolás Torreblanca García, no se le vio sino hasta el jueves, seis días después del embate del meteoro. Fue hasta entonces cuando el nivel de las aguas del río comenzó a descender, que se comenzó a remover el lodo de las casas.

En otra de las misivas un grupo de pobladores se preguntó si en otros estados se pudieron prevenir tragedias ante el paso de anteriores huracanes “¿por qué aquí en la Costa Grande no lo hicieron?”.

¿Dónde está el director de Protección Civil?

Ante los ojos de la prensa nacional y local Efrén Valdés Ramírez, Director de Protección Civil del municipio de Acapulco, encarna la ignorancia e improvisación que ha sumido en el descrédito a su jefe Luis Walton, el alcalde del puerto. Walton es un político acostumbrado a andar en campaña, cuya capacidad de gestión y de gobierno quedó en el descrédito total a nivel local y federal tras el paso del huracán. Por su falta de preparación ya estaba “boletinado” desde hace meses cuando el comandante de la novena región militar, el General de División Genaro Fausto Lozano Espinosa, lo “vetó” para asistir a reuniones donde el Ejército participara.

Medio locales reportaron el miércoles 25 de septiembre que sumado a los titubeos de Walton, su director de protección civil había “desaparecido” desde el viernes 21 de septiembre, el día que pegó el huracán en el puerto. El martes 24 varios periódicos registraron la presencia en la presidencia municipal de Acapulco de Alberto Pacheco Albert, quien fue titular de protección civil durante la gestión como alcalde de Félix Salgado Macedonio. Frente a los micrófonos de los medios de comunicación, declaró que su presencia respondía a que fue a presentar un proyecto de trabajo en la materia, centrado en cómo actuar en caso de contingencia. Su propuesta se basó, dijo, ante el incremento de los reclamos de la negligencia del municipio para alertar a la población.

Como ocurre en este tipo de encuentros, el ex funcionario dijo desconocer si habría cambios en el área, pues su visita respondió a la entrega que le pidieron del documento. Pacheco fue un funcionario que se distinguió por su preparación en la materia, en la actualidad imparte cursos y capacitación sobre diversos mecanismos de actuación en protección civil.

Medios locales como el periódico El Sur reportaron que el viernes 21 de septiembre fue la última vez que se vio a Valdés Ramírez en el palacio del ayuntamiento. Ocurrió durante la conferencia de prensa que dio Walton junto a su gabinete, donde el titular de protección civil lució apartado, distante, como quien se sabe “en la tablita”. Para este rotativo mientras amplias zonas de Acapulco se encontraban bajo el agua, algunas sin agua potable, el alcalde y su equipo estaban totalmente rebasados.

Un Ejército en cámara lenta

Tuvieron que pasar nueve días, tras el paso del huracán, para que el Ejército y la Marina establecieran centros de distribución de víveres en Tlapa, Chilapa, Ciudad Altamirano, Chilpancigo y Marquelia. Fuentes militares reconocieron que el personal castrense, tanto de la Armada como de la Secretaría de la Defensa, resultó “insuficiente” ante el tamaño de la contingencia.

Las despensas fueron transportadas vía aérea a estos municipios debido a que por vía terrestre se encontraban incomunicados, lo cual dificultó la maniobra. Los centros de acopio están distribuidos en estos poblados para de ahí hacerlos llegar a comunidades de la Montaña, donde la emergencia en los pueblos indígenas que están bloqueados, podría desembocar en una tragedia si se retrasara la llegada de ayuda. Desde las instalaciones del 48 batallón de infantería, ubicado en la comunidad de Cruz Grande, despegaron helicópteros para llevar los paquetes a Iliatenco, Tlacoaopa, San Luis Acatlán y Malinaltepec, en pleno corazón de la Montaña.

Es en esta misma región donde hasta hace unas semanas, los roces y la tensión de los soldados con la policía comunitaria estaban a punto de desembocar en enfrentamientos. Hace unos días hubo un connato de choque de dos grupos de comunitarios lo que desembocó en una alerta en Acatlán. El asunto no pasó a mayores, pero un contingente  de ellos se instaló en plantón en la cabecera del municipio, buscaban presionar la realización de una asamblea donde se analizaría si se le concede permiso a representantes de una minera canadiense que buscan realizar exploraciones en la región.

Mientras esto sucedía, soldados y marinos comenzaron a repartir en poblados como El Tejocote, Iliatenco y Tlacoapa, despensas para las familias que se quedaron sin nada tras el paso del huracán. Cada despensa contenía arroz, café soluble, harina de maíz, frijol en lata, leche en polvo, atún y sardina, amaranto, avena, galletas, chiles jalapeños, sopas instantáneas, chocolate en polvo y otros productos de consumo.

En esa región se encuentra el poblado que es considerado el más pobre del país y de toda América Latina, Metlatonoc, de donde han tenido que salir los pobladores para desplazarse a Malinaltepec a pedir alimentos y agua ante la emergencia que se vive por la destrucción de las siembras. Debido al mal estado de los caminos, los vehículos no llegan a ciertos puntos, y las despensas tienen que ser llevadas en animales de carga. El Ejército estableció un sistema de distribución a jefes y madres de familia que se registran con sus datos donde queda asentado a qué comunidad pertenecen y cuáles son las necesidades más apremiantes.

Pese a la lentitud con la que se actuó al principio, poco a poco, los canales de distribución comienzan a operar sin que se haya cubierto del todo la emergencia en esta región de la Montaña de Guerrero, un lugar en el que desde antes del paso del huracán, el Ejército ya tenía encendidas las alertas ante la efervescencia social detrás de las guardias comunitarias.

Juan Veledíaz

@velediaz424

Estado Mayor

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