El soldado que derrotó a la Sedena

Soldados. Foto: EspecialEs un caso donde el característico abuso de un superior contra un subordinado de menor jerarquía, se convierte en una bola de nieve que termina por arrollar hasta el mismo secretario de la Defensa Nacional. La historia de Marino Gutiérrez Jiménez, soldado de artillería acusado de deserción, argucia para no pagarle un tratamiento médico, exhibe lo anquilosado que resultan ciertos “usos y costumbres” del ejército mexicano.

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México, 23 de junio.- Marino Gutiérrez Jiménez, un soldado de 19 años, descansaba en su litera en los dormitorios del noveno regimiento de artillería, donde prestaba sus servicios en aquellos días de otoño del 2009. En la madrugada se paró para ir al baño, entró y de pronto pareció como si se apagaran las luces. No se dio cuenta en qué momento, perdió el conocimiento. Cuando despertó, observó que estaba en la enfermería militar. Aquello era todo lo que recordaba.

Este joven oriundo de Santa María Mixtequilla, Oaxaca, en la región del Istmo, siempre tuvo interés por servir en la milicia. Quería estudiar en el Colegio Militar pero las condiciones económicas de su familia, como muchas de esa zona donde la agricultura es el principal sustento, eran limitadas. Una ocasión aprovechó que uno de sus paisanos, un general de división retirado, estaba de regreso a la comunidad para pasar una temporada como hacía con frecuencia. Lo buscó y le comentó su inquietud.

El divisionario era un oficial de infantería que había estado en el servicio activo hasta hace algunos años, tuvo experiencia de mando de tropas en varias zonas y regiones del país y conocía ese tipo de inquietudes muy comunes en los jóvenes que ven al ejército como un modo de superación personal. Cuando el general Carmelo Terán Montero supo que aquel muchacho quería ingresar al ejército, le pareció buena la idea, lo animó a que se diera de alta como soldado, que empezara por ahí y si le gustaba, más adelante podría irse a estudiar al Colegio Militar, o alguna otra escuela de formación para oficiales de servicio.

Tiempo después ingresó al ejército y fue enviado al noveno regimiento de artillería, que pertenecía al Primer Cuerpo del Ejército, en el campo militar número uno de la ciudad de México. Ahí quedó al mando del coronel Miguel Ángel Segura Zavaleta, comandante de la unidad, quien se apoyaba en el teniente coronel Toribio Juárez Gómez, números dos del cuartel.

Los días de soldado de Gutiérrez Jiménez fueron de trabajo continuo y adiestramiento. La artillería es una de las armas del ejército que mayor trabajo técnico requieren, y no es fácil operar si desde el inicio no se tienen conocimientos básicos de cómo y para qué sirve este tipo de apoyo en la milicia.

El soldado Gutiérrez era fuerte de carácter, recio en su manera de ser, y con 20 años recién cumplidos, era inquieto, lo que le costó en varias ocasiones severas llamadas de atención de sus superiores. Aquel era el día a día cuando ocurrió el accidente dentro de las instalaciones del regimiento. Después del tratamiento médico, comenzó con problemas en la cabeza a consecuencia del golpe. Sus cambios de humor eran frecuentes, lo que provocó choques y roces con sus superiores inmediatos, sargentos y tenientes. Los reportes por indisciplina crecieron hasta que llegó el momento que le tocaron vacaciones.

Con la puerta en la nariz

Su fecha para reincorporarse era el 16 de octubre del 2009, no se presentó sino hasta el día siguiente, eso fue la gota que derramó el vaso. En un ataque de ira del segundo comandante, el teniente coronel Juárez Gómez, le ordenó que se retirara, no quería verlo de nuevo por ahí. El muchacho, desconcertado, se retiró del lugar. Sin embargo, volvió al día siguiente pero ya no se le permitió la entrada a las instalaciones del regimiento. Supo que desde un día antes se había ordenado que lo dieran como desertor.

Se giró un oficio desde el cuartel del regimiento para darle visto al ministerio público adscrito al Primer Cuerpo del Ejército, de donde pasó a la procuraduría de justicia milita. Se inició una averiguación previa por el delito de deserción y en cuestión de semanas un juzgado militar había girado orden de aprehensión en su contra.

El soldado buscó apoyo legal en la Federación de Militares Retirados “Francisco J. Mújica” (Femirac), donde lo canalizaron con un abogado que tomó su caso. Gutiérrez Jiménez argumentó que a raíz de que no lo dejaron entrar al cuartel, y reincorporarse a sus labores, lo catalogaron como desertor. No era casual que después del accidente, de pronto se convirtiera en un “indeseable”. Eran demasiados los roces con sus superiores inmediatos desde que se golpeó la cabeza. Una vez que se cumplió el plazo que marcaba el reglamento, se le suspendió el pago de sus haberes (salario) y se le dio de baja. Y al estar considerado un desertor, esa separación del ejército sería sin ningún tipo de beneficios. A la inutilidad física producto del golpe, se le sumó la cancelación de su derecho a tratamiento médico permanente. Lo apremiaba que los gastos en medicinas eran muy altos, algo que ni él ni su familia podían  costear.

El 13 de marzo del 2010 Gutiérrez Jiménez fue dado de baja del ejército y tres años después, en enero del 2013, su juicio por deserción prescribió. En los días de su baja comenzó el trámite de una demanda administrativa de amparo en contra del entonces secretario de la Defensa Nacional, el general Guillermo Galván; el comandante del noveno regimiento de artillería, el coronel Segura Zavaleta; el segundo comandante, el teniente coronel Juárez Gómez, y el jefe del servicio de pago del cuartel del Primer Cuerpo del Ejército. El argumento fue por haber violado sus derechos como militar en activo al haberlo dado de baja de manera injustificada, retenerle sus pagos a los que tenía derecho, y negarle las prestaciones de ley. La clave de la querella fue que sus superiores, no tenían forma legal de comprobar que era un desertor.

En el escrito de la resolución final de su demanda de amparo, fechado el 14 de mayo pasado, el juez consideró que la orden “de facto” dada por el teniente coronel Juárez Gómez, para negarle el ingreso a las instalaciones fue ilegal. Un documento de la secretaría de la Defensa Nacional, donde presenta un informe del caso, reconoce que Gutiérrez Jiménez se presentó a trabajar el día 17 de octubre del 2009, después de faltar a su primer día. También el soldado anexó un escrito del día 19 donde pide que, si ya no lo van a aceptar en su regimiento, le paguen sus haberes y se reciba su escrito de baja. Ambos documentos fueron aceptados como pruebas de que se presentó a su unidad sin faltar tres días seguidos, como marca el reglamento, para ser considerado un desertor. El día que se presentó a laborar y se retiró de las instalaciones, fue por acatar la orden dada por su superior jerárquico, el teniente coronel Juárez Gómez, argumenta en el escrito su abogado.

Como su separación del ejército fue ordenada de facto, y no hubo motivo ni circunstancia legal que lo ameritara, las constancias del sumario mostraron que en todo momento, el soldado buscó regresar al servicio una vez concluido su periodo vacacional. “El segundo comandante (…) de manera verbal ordenó la separación del quejoso de las fuerzas armadas, sin haber substanciado juicio previo y sin haber satisfecho las formalidades esenciales que conlleva a toda baja de los miembros del servicio castrense y que refiere la Ley Orgánica del Ejército y la Fuerza Aérea Mexicanos, pues pese a que el nombrado se presentó a trabajar el dieciocho de octubre de dos mil nueve, después de haber gozado de su periodo vacacional y de faltar un día (17 de octubre de 2009), la aludida autoridad le ordenó verbalmente que se retirara porque él ya lo había dado desertando por haber faltado un día, circunstancia que resulta a todas luces inconstitucional, porque motu propio y sin permitir al peticionario una adecuada defensa la indicada autoridad lo separó de su cargo generándole así la pérdida de su derecho de continuar prestando su servicio en las fuerzas armadas nacionales, así como de seguir obteniendo el pago de haberes, e incluso una afectación a su libertad personal, porque debido a tal circunstancia se libró orden de aprehensión en su contra por el delito de deserción no estando en servicio”, dice el escrito de resolución.

Por este motivo la justicia federal amparó al soldado Gutiérrez Jiménez y ordenó al secretario de la Defensa Nacional, dejar “insubsistente” el acuerdo del 13 de marzo del 2010 y anular la baja, con lo que se deberá emitir un acuerdo para reincorporarlo de nuevo al cargo que desempeñaba al momento en que fue separado del servicio. También se le ordenó al juez militar que llevó la causa por el delito de deserción, dejar “insubsistente” la declaratoria de “prófugo de la justicia militar”. Y al jefe de los servicios de paga, también se le ordenó cubrir los salarios que le corresponden al soldado en todo el tiempo en que permaneció “ilegalmente separado de su cargo” y hasta que se le reinstale, incluidos los que no cobró y que correspondieron a su periodo vacacional.

Con la reposición de los salarios caídos, y su reincorporación al ejército, los abogados del soldado analizan si a raíz de esta sentencia de amparo, que condena a la secretaría de la Defensa a resarcirle todos sus derechos como militar en activo, se pedirá la baja para que pueda obtener las prestaciones sociales, como tratamiento médico, en calidad de retirado.

Juan Veledíaz

@velediaz424

Estado Mayor

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