La rebelión que atizó Estados Unidos

La Decena TrágicaMéxico, 8 de febrero.- Hace un siglo ocurrió la Decena trágica, del 9 de febrero al 18 de febrero de 1913, como se le conoce al movimiento armado que derrocó a Francisco I. Madero de la Presidencia de México. En aquellos días de fuego, las calles de Ciudad de México se convirtieron en frentes de batalla, en especial los alrededores la Ciudadela, que hoy alberga la Biblioteca México, el Centro de la Imagen y la Ciudad de los libros, y varios rincones colindantes al Palacio Nacional.

La democracia triunfante de Madero cae abatida junto con él y la Revolución Mexicana entra en una espiral de sangre que asoló todo el país porque a partir de este momento entran en conflicto aquellos que desconocen a Victoriano Huerta y los fieles de éste y sus ideales democráticos. En esos días de furia, la Ciudad de México vive entonces las últimas escenas de guerra que ha tenido en todo un siglo.

Los disidentes se levantaron en armas bajo el mando del general Manuel Mondragón y pusieron en libertad a los generales Bernardo Reyes —padre del célebre poeta regiomontano Alfonso Reyes— y Félix Díaz que estaban presos en la cárcel militar de Santiago de Tlatelolco.

Tras asaltar algunas dependencias de gobierno y decretar estado de sitio, se apoderan en cuanto pudieron de La Ciudadela que entonces era la Fábrica Nacional de Armas porque, afirma la historiadora Rebeca Monroy Nasr, allí había tantas municiones como para resistir durante seis meses. El parque lo demuestra: los rebeldes contaron con esta captura un poder de fuego compuesto por 27 cañones, 8 mil 500 rifles, 100 ametralladoras, 5 mil obuses y veinte millones de cartuchos

[dropshadowbox align=”right” effect=”horizontal-curve-both” width=”300px” height=”” background_color=”#F2EDED” border_width=”2″ border_color=”#59758D” ] Este 7 de febrero será inaugurada la exposición La imagen cruenta. Centenario de la Decena Trágica, con fotografías sobre la Decena Trágica procedentes de los fondos de la Fototeca Nacional del INAH.
Las imágenes fueron tomadas por osados fotógrafos como Eduardo Melhado, Samuel Tinoco, Abraham Lupercio, Ezequiel Carrasco, Manuel Ramos, Miguel y Agustín Víctor Casasola, Antonio Garduño, Gerónimo Hernández, Heliodoro J. Gutiérrez, Sabino Osuna y el alemán Hugo Brehme.
Una selección de 22 fotografías se exhibirá hasta el 15 de marzo en la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH, ubicada en Allende 172, en el centro de Tlalpan.
Esa muestra también abrirá un coloquio sobre el tema con destacados historiadores y estudiosos de la imagen.
Las conferencias se desarrollarán de 10:00 a 14:00 horas, este jueves 7 y viernes 8 de febrero.[/dropshadowbox]

Tras caer herido el general Lauro Villar, quien defendía el Palacio Nacional, Madero nombró en su lugar a quien sería su verdugo: Victoriano Huerta. Al paso de los días, las élites porfirianas y militares que no marcharon al exilio junto con el General Díaz solicitaron la renuncia de Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez, lo cual fue rechazado. El 17 de febrero, el hermano del todavía primer mandatario, Gustavo A. Madero, descubrió que Huerta estaba aliado con los opositores y lo llevó ante el presidente, quien no creyó en sus palabras y lo liberó.

Pronto Huerta se alió con Félix Díaz, por ser éste jefe del ejército federal, consumando su traición destituyendo al presidente y al vicepresidente. Ese acuerdo tuvo lugar en la sede de la embajada de Estados Unidos en México y tuvo el apoyo del embajador Henry Lane Wilson —el mismo que le pidió a Madero un “subsidio económico decoroso” para frenar sus antipatías hacia su administración— y es conocido como el Pacto de la Embajada. Wilson está en el centro mismo de la conjura, sostiene el historiador Enrique Krauze en su libro Biografía del poder, porque él considera a Madero un tonto y un loco al que “sólo la renuncia podrá salvar”. Sus planes conspiratorios los tiene que acelerar porque el 4 de marzo de ese año tomará posesión Woodrow Wilson como presidente de Estados Unidos y la coyuntura política cambiaría a favor de Madero.

Tras cruentos combates, aquel 18 de febrero de 1913 Madero y Pino Suárez fueron apresados, y obligados a renunciar al día siguiente. Un día después Victoriano Huerta fue designado presidente mediante una serie de maniobras ilegítimas, por lo que sería conocido como “El usurpador”. La revuelta culminó el 22 de febrero con el asesinato de Madero y Pino Suárez.

Arturo Mendoza Mociño

Estado Mayor

 

 

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