México, 28 de diciembre (Impacto).- El comisionado de la Policía Federal, Enrique Galindo Ceballos, debe felicitarse por tantos amigos que le han brotado abonando su trayectoria; ni siquiera puede imaginar cuántos y quiénes. Se sorprendería.
Pero sus supuestos problemas con los exámenes de confianza me dieron materia para matar el año. Que conste: No son historias de los Santos Inocentes.
No hace mucho, un funcionario policiaco de la mayor fama me citó en la Zona Rosa a comer; ya en la mesa pregunté por qué ahí. Cerca están las instalaciones en donde son practicados los exámenes a los funcionarios y mi amigo estaba en plena evaluación.
Pinches exámenes, no los pasa ni Calderón, me dijo.
Pero además, añadió, no se circunscriben a los últimos dos años, sino que siempre vuelven a las viejas historias.
Ignoro si ex el presidente no pasaría un examen de confianza por sus pecadillos o por lo riguroso o tontos que son, en especial el que tiene que ver con el polígrafo, mejor conocido como detector de mentiras. Lo cierto es que aquel jefe policiaco estaba seguro de que Felipe sería reprobado.
Es verdad indiscutible, en los medios policiacos, que tales exámenes de nada sirven o que sirven para lo que quiera quien los practica.
Está en la cárcel un ex funcionario de la Procuraduría General de la República al que un día se le ocurrió matar a la procuradora Marisela Morales y al general Guillermo Galván Galván. A nadie más, pero a nadie menos.
El individuo hizo varios intentos por ingresar a la PGR, pero en todos falló porque reprobaba los exámenes de confianza; un día, sin embargo, consiguió brincar el obstáculo.
Poco después, el entonces secretario de la Defensa Nacional invitó a sus instalaciones a la procuradora y le reveló los planes del individuo aquel.
Impulsada por esta experiencia, o por la acumulación de evidencias, la maestra Morales decidió cesar al examinador. El problema fue sustituirlo.
Tuvo que acudir al Cisen para practicar el examen al sustituto, pero engañar, además, a los examinadores, pues no les dijo que aspiraba, precisamente, al puesto de examinador. Al final, los resultados se concentraron en la lealtad del aspirante, y así fue como pudo ingresar.
Así que, por un lado, ni Felipe Calderón pasa los exámenes y, por el otro, el examinador los manipula a su conveniencia.
Quizás en este contexto habría que colocar al comisionado Galindo Ceballos y sus presuntos problemas con los exámenes de confianza. Los inquisidores son sus enemigos.
Lo cierto es que la autoridad responsable deberá idear nuevos métodos de examen porque la experiencia dice que cualquiera que caiga en manos de los inquisidores será declarado culpable de algo.
Ahí nadie es inocente, hasta que se arregla con alguien. Como corresponde.
Juan Bustillos
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