Policía y buenos deseos

México, 26 de diciembre (La Razón).- La Navidad es una época en la que florecen los buenos propósitos. Es un asunto ligado a nuestra cultura y que inclusive trasciende a la propia religión.

Venimos de tiempos duros, de una situación de alta violencia que sólo puede ser comparada con el saldo que dejó la Revolución Mexicana.

A diferencia del pasado, la zozobra, el miedo y la falta de esperanza son provocadas por los grupos criminales, quienes fueron mutando de empresas de tráfico de drogas a conglomerados ocupados del secuestro, la extorsión y el homicidio. Pasaron del sigilo a la irrupción violenta.

Esto fue provocado por cambios en el mercado de las drogas, el que tiene la particularidad de adaptarse a cualquier dificultad, de transformarse si es necesario, y peor aún, de trasladarse de un país a otro.

No hay, ni habrá, receta fácil para arreglar el problema en el que estamos metidos, aunque sin duda es un aliciente el enfocar las baterías en el tema de la prevención de los delitos.

Hasta ahora tenemos una policía reactiva, en el mejor de los casos, y por ello urge convertirla en una fuerza de anticipación y proactiva.

Cuando se asuma que llegar a la escena del crimen ya implica que no se hizo el trabajo previo para evitarlo, muchas cosas van a ser distintas.

Pero para tener una mejor policía hay que impulsar un rearme ético que requerirá de acuerdos políticos y sociales de gran calado.

No nos engañemos, tener una policía a la altura de las circunstancias es un trabajo de conjunto y sólo se logrará con una visión distinta.

Mientras el policía no se sienta apreciado y hasta que su trabajo no obtenga reconocimiento social, la seducción de la corrupción siempre será más poderosa.

Hay que lograr que ser uniformado represente un orgullo y no una carga, como por desgracia ocurre ahora con frecuencia.

Sería injusto negar lo avanzado. Hoy contamos con una Policía Federal que es mejor de la que teníamos, aunque falte mucho por hacer.

En los estados y municipios se están haciendo esfuerzos por certificar a sus propias fuerzas y por dotar de confianza a la ciudadanía en las autoridades. Ahí el camino a recorrer es tan largo como complejo.

Más allá de las enormes dificultades que se van a enfrentar, hay en el país el ánimo de construir acuerdos como no se percibía desde hace muchos años.

La sola firma del Pacto por México, avalado por el presidente Enrique Peña Nieto y por los líderes de los tres principales partidos, el PRI, PAN y PRD, en su momento Cristina Díaz (y ahora César Camacho), Gustavo Madero y Jesús Zambrano, respectivamente, son una señal de que estamos ante una coyuntura que no debemos desperdiciar.

Hay que aprovechar, también, el nuevo discurso alrededor del Consejo Nacional de Seguridad Pública, dejando atrás las acusaciones y reproches, para construir mirando adelante y estableciendo una verdadera política de Estado, en un tema esencial para el buen funcionamiento de nuestra democracia.

Sí, los buenos deseos nunca son suficientes, pero por ahí se empieza.

Julián Andrade

Marcaje Personal

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *