México, 19 de diciembre (Reforma).- No esperábamos, siendo sinceros, mucho detalle en el anuncio del nuevo plan de seguridad del Presidente Peña: es normal y entendible que en un anuncio de esta naturaleza las primeras pinceladas se den con brocha gorda.
Es cierto que faltan detalles, algunos “cómos” (los cuales esperamos conocer a la brevedad), reconociendo, claro está, que éstos son frecuentemente los que marcan la diferencia entre una estrategia exitosa y otra que no lo es tanto.
Sin embargo, la presentación del lunes del Presidente Peña resulta suficiente para afirmar que el plan anunciado (seis ejes, cinco regiones, rediseño de la Polifederal, la creación de un nuevo cuerpo de Gendarmería y énfasis en combatir los tres delitos principales: homicidios, extorsiones y secuestros) nos parece prudente y lógico.
En especial nos gusta el “eje seis” del nuevo plan, éste es el que concierne a la “retroalimentación y evaluación”: es decir, se pretende dentro del nuevo plan de seguridad MEDIR resultados y reajustar estrategias basado todo ello en una absoluta y escrupulosa TRANSPARENCIA. Este solo elemento del plan, parte de este último eje, el sexto, puede ser suficiente en sí mismo para garantizar el éxito de TODO el programa si acaso se lleva a cabo de una manera escrupulosa e inteligente.
Es una máxima de la ciencia de la estadística, del desarrollo organizacional y del “benchmarking” en general, que: “todo aquello que quieras mejorar, primero debes medir”.
El combate al crimen, especialmente por su vital naturaleza, requiere por supuesto de este tipo de análisis numérico para poder incrementar su efectividad. Obvio es que si la medición no se lleva a cabo con escrupuloso respeto (“vincit omnia veritas”) entonces no servirá, de ahí la importancia del otro ingrediente de este eje: la transparencia.
Mientras la evaluación y retroalimentación se efectúen a “cielo abierto” con transparencia y apertura habrá certeza de que los números, la estadística más crucial, no se esté truqueando (cual es el caso de los genios que recién se acaban de ir a las regaderas) para presentar una realidad distorsionada, halagadora, pero totalmente falsa, entonces resultará sumamente ÚTIL.
Con una base sólida estadística, la cual debe servir para retroalimentar a quienes administran el proceso, resulta perfectamente factible que con este “input” dinámico se pueda ir con el paso del tiempo ADECUANDO Y MEJORANDO la aplicación del nuevo plan de seguridad para lograr que éste alcance mayores niveles de efectividad que los que hemos logrado bajo el anterior régimen.
Se ha dicho que la estrategia anticrimen del pasado régimen fue “improvisada”, desarticulada, aplicada al piquín (o sea, al chile). Una de las razones es porque, precisamente, a media jornada estos ex genios que van que vuelan rumbo al clóset del olvido, decidieron DEJAR DE MEDIR.
Para no crear una “percepción negativa” sobre la seguridad suspendieron, por ejemplo, el conteo del NÚMERO DE MUERTOS. ¡Volaban a ciegas y sin instrumentos! Imaginen ustedes que los que se fueron no podían saber si lo que hacían mejoraba o empeoraba las cosas.
Obvio resulta que cualquier estrategia en la que no existe medición está condenada al fracaso: las cosas no suceden simplemente porque el que manda quiere que se den. Los resultados son, sin excepción, una CONSECUENCIA de un esfuerzo que se aplica con inteligencia adecuadamente en el lugar y el momento correctos.
Antes no teníamos un plan que contemplara esta simple, pero verídica realidad, que es la necesidad de estar midiendo, evaluando y retroalimentando, pero ahora nos prometen que el nuevo plan SÍ CONTARÁ con mediciones, evaluaciones y retroalimentación, y que éstas se llevarán a cabo no en la opacidad, no en la oscuridad al son del “Perro Negro”, sino a la luz del día con plena transparencia.
¡Bienvenido, pues, este crucial elemento que tanta falta hacía!
En suma, nos gusta en sí el planteamiento. No nos cegamos al hecho de que en la implementación del mismo depende todo: una cosa es planear y otra muy diferente ejecutar. Sin embargo, confiamos en que -como les decíamos- si completan la cuarta parte de lo que prometen ¡a México le irá muy bien!
Si no, pues seguiremos como vamos: ¡entre azul y buenas noches!
Manuel Jáuregui

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