Un final de vergüenza

México, 22 de noviembre (Reporte Indigo).- Nada más terrible, patético y deplorable que descubrir que el poder que se acaba, el que se va, es malo, imperfecto y cometió errores.

Es como descubrir que la pareja de la que uno se divorcia tenía los pies fríos o no olía bien su aliento. En ese momento sencillamente lo que debe hacerse es aceptar que se terminó.

Todo esto, extrapolado a lo que está sucediendo entre la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) –ya extinta– y la Procuraduría General de la República (PGR), a las puertas de una gran transformación como final del sexenio de Felipe Calderón, no tiene nombre. 

Lo acontecido en Tres Marías fue algo tan grave que, de momento, permitirá al secretario de Seguridad Pública Genaro García Luna no tener que cambiar de residencia. Pero solo de momento.

No son 152 los casquillos que se recogieron en aquella escena. Son cerca de 500 y han sido estudiados –algunos de ellos, al menos– por el FBI en Washington.

En Tres Marías pudo pasar cualquier cosa, pero sigue sin contestarse una pregunta: ¿supieron o no García Luna y los suyos que alguien había decidido emboscar y asesinar a dos miembros de la CIA y a uno de la Marina mexicana?

Que la PGR se haya constituido en este momento en el gran elemento de cargo, no solamente demuestra lo que siempre se ha sabido: la procuradora Marisela Morales hará cualquier cosa, y en cualquier terreno, por Estados Unidos de América. Otra cosa es que lo haga por convicción o por imperativo legal de su función, pero lo que resulta verdaderamente sorprendente es esa sensación de espectáculo vergonzoso para el Estado mexicano, que consiste en ver a dos instituciones oficiales disparándose misiles.

Lo que está pasando, además, le viene bien al gobierno entrante en el sentido de que se desvanece cualquier sensación de que por lo menos el esfuerzo, los muertos y todo lo que pasó habría servido para dejar un país más organizado.

Y no hablo sólo de que la PGR persiga a unos policías federales que dispararon casi 500 proyectiles sobre un coche con matrícula diplomática. Eso se puede hacer de muchas maneras y el enfrentamiento público al que están llegando demuestra que, con independencia de cumplir y hacer cumplir la ley, se está produciendo un ajuste de cuentas.

Es sabido, desde hace mucho tiempo, que cuando Marisela Morales llegó por primera vez a la PGR como número dos, lo hizo con la protección y amparo de algunos de los elementos más importantes de las Fuerzas Armadas.

Hay interpretaciones para todos los gustos. Una de ellas es que, al final del sexenio, el cruce de navajas se está traduciendo en un ajuste de cuentas pendientes que tiene, cómo no, el pretexto de no dejar impune el intento de asesinato de dos agentes de la CIA y un marino mexicano, que son quienes de verdad, junto con el Ejército y muchas veces la propia Policía Federal, se han jugado la vida, y hasta la han perdido, en la lucha contra el narcotráfico.

¿Y ahora qué? Pues ahora dejarán todo el terreno minado para quienes llegan. Pero hay un hecho que ya ha pasado y nadie puede negar: se ha logrado una cierta justicia histórica durante el mandato de Calderón en un sentido. Porque, una de dos, o García Luna sabía demasiado o de verdad no se enteró y eso nos lleva a pensar cuántos casos más como el de Tres Marías permanecen ocultos cuando lo que quería el presidente era ser el Eliot Ness y el J. Edgar Hoover, juntos, de la democracia mexicana.

¡Que la paz sea con ustedes!

Antonio Navalón

Opinión

Reporte Indigo

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