El ‘chiripazo’ de la Armada

México, 11 de octubre (Impacto El Diario).- No es que la mula fuese arisca, pero tratándose de cadáveres que desaparecen de las funerarias, lo mejor es preguntar, para no hacer el ridículo.

La muerte del líder “Z” conocido como “El Lazca”, Heriberto Lazcano Lazcano, es, sin duda, el mayor logro del gobierno de Felipe Calderón en materia de guerra contra el crimen organizado, a pesar de que nada tiene que ver con la inteligencia naval ni al usufructo de información de la DEA.

Fue un “chiripazo” afortunado.

Veamos: “El Lazca” se encontraba en el lugar inapropiado en el momento inoportuno, precisamente, donde la Marina intentaba aprehender, en esa hora, a ciertos delincuentes.

La anécdota es increíble. “El Lazca” y compañía presenciaban un partido llanero de beisbol cuando se presentaron los marinos; suponiendo que iban por él, subió a su vehículo y huyó. Los militares lo persiguieron y mataron a uno de sus acompañantes; otro huyó.

Nadie sabía que uno de los muertos era el temido “Lazca”, el ex soldado que ayudó a inventar a la guarda pretoriana de los narcos conocida como “Zetas” y que terminó convertida en un cártel independiente.

No obstante, la autoridad estatal de Coahuila, a la que los marinos entregaron al difunto sin saber de quién se trataba, tomó sus precauciones de rutina: Fotografió el cadáver, en especial el rostro; tomó huellas dactilares y, antes de enviar el cadáver a la funeraria, le fue practicada la necrospia de ley y sus vísceras fueron almacenadas.

Para su fortuna actuaron conforme al librito, porque, unas horas después, el cadáver fue recuperado de la funeraria por un comando armado.

Fue entonces que el almirante Francisco Saynez, a quienes sus muchachos ya habían avergonzado aprehendiendo a un supuesto hijo de “El Chapo”, supuso, con razón, que los marinos habían matado a alguien importante.

Fue suficiente ingresar al banco federal de huellas dactilares para identificarlo: Se trataba de un desertor del Ejército Mexicano llamado Heriberto Lazcano Lazcano.

El problema para el secretario de Marina era que, como supuso, se desataría el “sospechosismo” por la ausencia de cadáver.

Y así fue. La sospecha recurrente fue que, en realidad, se había fraguado una estrategia para garantizar al “Lazca” la posibilidad de vivir en el anonimato el resto de sus días.

Para fortuna del almirante, están las huellas dactilares y las vísceras del cadáver ambulante; de las primeras no hay duda que son las del jefe “Zeta”; las segundas serán comparadas con las de un familiar.

Pero hay algo más: Las fotografías de su rostro.

En manos del gobierno de Calderón está “La Ardilla”, Salvador Alfonso Martínez Escobedo, detenido, un día antes, por la Armada de México en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Bastó mostrarle las fotografías del cadáver para identificar a su viejo amigo y compañero de andanzas. “Es él”, dijo lacónicamente, pero además identificó algunas de las prendas del “Lazca”.

Hoy por hoy, como ayer anunció IMPACTO en exclusiva, no hay razón para dudar de la Armada. “La Ardilla” identificó al “Lazca”.

“Chiripazo”, sí, pero éxito al fin y al cabo.

Juan Bustillos

Solo para iniciados

  1 comment for “El ‘chiripazo’ de la Armada

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *