México, 11 de octubre (Milenio Diario).- No fue muy gloriosa que digamos la muerte de El Lazca. Quiero decir, para el tamaño de personaje que era en el oscuro mundo de las organizaciones criminales, el hombre hubiera debido estar escoltado por decenas de pretorianos o, al menos, habitar una especie de fortaleza donde nuestros valerosos marinos le sorprendieran tomando un baño en una piscina fastuosa, como en las películas de James Bond.
Tampoco asistía el tipo a un juego de la World Series sino a un encuentro de equipos de beisbol perfectamente desconocidos en un pueblo, digamos, polvoriento, dicho esto sin ánimos de ofender a nadie sino como una apreciación meramente climática o geográfica o meteorológica o como ustedes quieran llamarle pero si la menor connotación peyorativa.
No me quedan muy claras las circunstancias del suceso pero lo que sí parece haber ocurrido es que doña divina providencia intervino directamente en los hechos, a falta de trabajos de inteligencia más meticulosos por parte de esas autoridades nuestras empeñadas en dar batalla a asesinos desalmados y terroríficamente sanguinarios sin haber hecho completamente los deberes.
El famoso Cisen, a punto de ser desmantelado por el inefable señor Fox, no parece estar a la altura de la tarea o, en todo caso, las labores de inteligencia del Estado mexicano no fueron las que guiaron a los infantes de la Armada hasta la guarida del tal Lazca sino que, según parece, pasaban simplemente por ahí y ni se enteraron de que ese tipo tan peleón que trato de plantarles cara desde que lo miraron era, ni más ni menos, el segundo criminal más buscado de este país.
Lo que también me pregunto con cierta sorpresa y alguna curiosidad es qué va a pasar con las recompensas prometidas por nuestro supremo gobierno y la DEA del vecino país: ¿serán dadas a los muchachos de la Marina? Yo propondría que así fuera. Digo, liquidar a un canalla de este pelaje merece, por lo menos, una muy buena paga (aparte de esas condecoraciones y medallas que no podrán recibir para guardar el obligado anonimato). Pues eso.
Román Revueltas Retes
Interludio

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